miércoles, 23 de diciembre de 2009

Derrida

Aproximaciones

¿Qué es lo que está “dentro” y qué es lo que está “fuera” de un texto, de ese texto, y dentro y fuera de esos libros de los que no se sabe si están abiertos o cerrados?
No selles, es decir no cierres; pero también no firmes.
Jacques Derrida

Debo comenzar con una precaución. Intentar "un acercamiento" al pensamiento de Jacques Derrida mediante esquemas y categorías deudores de lo que él mismo cuestiona se complica si la pretensión asume la retórica de una "introducción", es decir, la presentación didáctica y resumida de la problemática del autor en los términos de un resumen sistemático. Menciono al comienzo esa posibilidad como modo explícito de conjurarla.
Una introducción que siguiera esos lineamientos supondría desconocer o tergiversar un principio activo en torno del cual se ha ido desplegando el trabajo intelectual de Derrida: deliberar y confrontar críticamente con una constelación de ideas, conceptos y discursos, establecidos por una larga tradición a partir de una rejilla especulativa en la que emerge, una y otra vez, la figura clásica de la oposición antagónica, presupuesto insoslayable para la instauración de una jerarquía violenta que subsume, diluye y funcionaliza la oposición. En torno de ese diseño de contradicciones dicotómicas, la historia del pensamiento ha ido sedimentando, con innumerables variantes y modulaciones, debates funcionales y consecuentes con ese aliniamiento subyacente; por lo tanto, una aproximación al pensamiento de Jacques Derrida para ser solidaria con su gesto desconstructivo debe disponerse a promover una inquisición que se instale más acá y más allá de las generalidades y que apunte a dar cuenta de la diversidad de la problemática planteada tanto en los sentidos como en las operaciones discursivas y retóricas puestas en juego en sus textos.
La obra derridiana expone y tematiza que la configuración de los conceptos no puede ser escindida del tratamiento textual; es por esa razón que los conceptos no aparecen libres ante la mirada crítica que los asedia de las entonaciones propias de la retórica discursiva; es decir, no poseen unidad cerrada ni claridad específica y mucho menos una idealidad distintiva.
Un Derrida legible y compactado en un resumen didáctico, supone no sólo desistir de un desafío, sino, sobre todo, convalidar una asimilación sedante.
Una argumentación lineal que haga homogéneo su discurso, que alise los injertos y cubra las grietas, que explique al Derrida segundo, más literario y político, por el Derrida primero, más filosófico, sólo es posible en una lectura represiva.
Con el objeto de sortear los riesgos de una normalización consoladora y reduccionista, mi exposición se despliega en un doble eje asimétrico, muchas veces en pugna: una cierta fidelidad cronológica, exigida por las redes de solidaridad, genealogía y debate, y una cierta fidelidad temática, exigida por el diseño expositivo de mi escritura.
Estas palabras de aproximación aluden a la rugosidad de esta anunciación, para exhibirse desaforadamente como una imposición interpretativa que no reniega ni finge las dificultades del proyecto: hay un encuadre, pero el marco no existe; el objetivo es asumir la condición de prótesis, tratando de establecer deslizamientos de encuentro entre mi lectura y los textos de Derrida.







Roberto Ferro
rferro@filo.uba.ar

De la literatura y los restos

PRÓLOGO

Noé Jitrik

“Nada literario me (le) es ajeno”, podría decir (y decirse) acerca de un libro como el que viene a continuación. Declaración audaz, pero verdadera: desfilan en esas desbordantes páginas textos, referencias, sobreentendidos, alusiones, reflexiones, el universo de la literatura en fin, una constelación de palabras, que son también conceptos, mediante los cuales Roberto Ferro trama una relación pasional (e intelectual) con la literatura de su tiempo y en la que resuenan ecos de la gran literatura de todos los tiempos.
Se diría (yo diría) que internarse en ese libro es tan apasionante y tan peligroso como internarse en un océano refugiado tímidamente en un indeciso barquichuelo, o sea, metáfora mediante, en nuestra prudencia lectora, recaudo indispensable para salir con bien de una tormentosa travesía. Y lo es, o sea peligroso, porque tras la aparente certeza de lo que se llama “crítica literaria”, o sea determinado desmonte de un texto por unas manos competentes y presuntamente autorizadas, está la turbulencia de un pensamiento insatisfecho, que vuelve sobre sí en un movimiento espiralado, tan incesante como lo exige la imagen rectora de todas sus aproximaciones.
Lo que Ferro intenta capturar, entrando de frente y de costado, de arriba y de abajo, es precisamente la incesancia de los textos que lo motivan y que, como textos, intentan escapar en, precisamente, lo inacabado de lo que son. Y, en la medida en que se trata de textos –novelas en particular, predominantemente, de diferente origen, Conti, Roa Bastos, Tabucchi, Mallea, Somoza, Baccino, Vila-Matas, y otras especies, Cortázar, Walsh, Lemebel, Jitrik, Borges, Dorra, Zambrano Colmenares-, o, mejor dicho, en que se “ocupa” de textos con el inocultable propósito de entrar en ellos y sacarlos de su reposo –siendo que esos textos son todos intranquilos-, se podría reconocer el resultado de su ocupación, como quien ganó una batalla y un territorio, y compartirlo, o sea comprenderlo en lo que ilumina y nos ilumina.
Se podría, antes lo señalé, llamar “crítica” a ese gesto pero (diría), como crítica, no se parece a lo que suele presentarse con ese ropaje. Más bien parece una extroversión, un deseo de comunicar mediante la verbalización de una lectura, actividad que, como se sabe, se ejecuta en la sombra, en la intimidad, lugar en el que opera como un turbulento laboratorio, confluencia de saberes e intuiciones, memoria e ideología y, si no media una voluntad, lo que un texto le pide a una mirada queda ahí, en su hervor o en sus cenizas.
Pero puede la lectura salir de ese encierro y convertirse en discurso, como es el caso de este libro. Y ese discurso, en este libro, se rehúsa a las convenciones y a los reglamentos y aun a los objetivos y, en cambio, asume el aspecto de una continuada conversación. La puedo calificar: es fluida y su acercamiento a los textos es tembloroso, es como si la mano que dirige la escritura se fusionara con la lectura y quisiera no perder nada de lo que aconteció en ese laboratorio; la mano vacila ante lo que los textos tienen de indecible, pero no se arredra ante lo que tienen de ilegible, eso que Ferro mismo llama “el resto”, que sería, en otras palabras, la incandescencia de la escritura.
Y, a la vez, si es lectura deja ver en los resquicios lecturas previas de las que ésta sería la capa superior; lecturas numerosas, una masa que permite que la que apreciamos se establezca. Uno las percibe o adivina su respiración, no es que lea tan sólo un previsible o buscado respaldo a afirmaciones imponentes y que, precisamente, quitan la respiración. Restos, a su turno, de estructuralismo, desconstruccionismo, incluso de encendidas filologías, líneas que se intersectan y se encaminan hacia un destino semiótico, hacia el lugar de la semiosis que confiere identidad a cada texto objeto de la mirada, la lectura y la escritura que le sigue.
Esa conversación renuncia a la argumentación, se recuesta sobre la afectividad y, por consecuencia, no parece querer convencer; más bien parece querer aspirar a un lugar en una conversación probable con un otro que podría compartir la materia en que se basa, esa sutil configuración imaginaria que reproduce, como un símil, la trama de nuestro tiempo.
Por detrás las otras lecturas, un hervor teórico que Ferro asume como haciéndose cargo de una ausencia puesto que, se sabe, la teoría va y viene en estas tierras y en ocasiones su persistencia es sentida como arrogante, como inapropiada para la sencillez que nos sería propia; a veces, por eso, la literatura como práctica la rechaza, otras la cultura la solicita y a veces, en uno u otro caos, una suerte de timidez la recluye y remite sus disposiciones –en el sentido de “lo que se dispone”- a un lugar lejano en el que la teoría no necesita excusarse para ligarse a la literatura y, eventualmente, iluminarla.
Así, en estos cruces, transcurre un libro “que da cuenta”, en otras palabras que muestra aquello que puede hacerse con y en un texto y, al mismo tiempo, la red instrumental que lo permite. Deseable conjunción, no sólo Ferro la propone, en un deber ser intelectual, sino que la ejecuta y produce un libro contundente en el que se adivina igualmente una larga maduración, un tiempo decantado, experiencia y pensamiento juntos, literatura, pues, en el mejor sentido de la palabra.




























Índice


Pasajes liminares
De la escritura y los restos
Escritura y vida en los textos de Julio Cortázar. Un modelo para desarmar
De perlas y cicatrices de Pedro Lemebel. Otra crónica de Indias
Fiesta en noviembre de Eduardo Mallea. Una reflexión sobre la identidad americana
Sudeste de Haroldo Conti. La búsqueda de una utopía perdida
Hijo de Hombre de Augusto Roa Bastos. Una reescritura del texto ausente
El legado de Macedonio
De los restos y la lectura
Un chino perdido en la Biblioteca de Babel
La escritura de Noe Jitrik. La incesancia, la fisura y/o el resplandor en la palabra literaria
En torno a ese entonces en La casa y el caracol (Para una semiótica del cuerpo) de Rául Dorra
Aproximaciones a la obra de Antonio Tabucchi
El mal de Montano de Enrique Vila-Matas. ¿Homenaje a Emilio Renzi?
Una maquinita estrafalaria de lectura
De la lectura y los géneros como restos
La narrativa policial latinoamericana. Una encrucijada de senderos que se bifurcan y se intersectan
La literatura infantil como macrogénero
La caverna de las ideas de José Carlos Somoza. Un lugar no tan claro
Notas al margen de la desconstrucción
La palabra arrinconada. A ras de todo de Eduardo Zambrano Colmenares
Maluco. La novela de los descubridores de Napoleón Baccino. Una invención literaria de la historia



Roberto Ferro
rferro@filo.uba.ar

lunes, 24 de agosto de 2009

Formas híbridas y autoficción en la escritura de Ricardo Piglia.

Presentarán el libro de José Manuel Gonzáles Alvarez, los escritores Ricardo Piglia y Roberto Ferro, en el Centro cultural de españa, Paraná 1159.
El evento es abierto al público, el día Miércoles 26 de agosto a las 19 hs.


Roberto Ferro
rferro@filo.uba.ar

miércoles, 15 de julio de 2009

Impugnación y Rechazo, Facultad de Filosofía y letras

Buenos Aires, 10 de julio de 2009
Universidad de Buenos Aires
Facultad de Filosofía y Letras
Sr. Decano
Dr. Hugo Trinchero

S/D
Ref: Nulidad. Resolución (CD) N° 5010 del 16 de junio de 2009
Rechazo. Ampliación del dictamen expediente N° 846.580/08

De mi consideración:
En mi carácter de aspirante, me dirijo a Ud. en relación con el expediente 819645/05, correspondiente al llamado de un (1) cargo de Profesor Titular con dedicación exclusiva de la materia “Literatura Latinoamericana II” de la carrera de Letras; vengo a pedir la nulidad de la Resolución (CD) N° 5010 del 16 de junio de 2009, que ratifica el contenido de la Resolución (CD) N° 4673 del 21 de abril de 2009, en las que se aprueba el dictamen producido por el jurado que actuó en el concurso llevado a cabo el 28 de agosto de 2008, y su posterior ampliación, desestimando, por lo tanto, mi impugnación a todo lo actuado por ese jurado.
Consecuentemente, también vengo a rechazar la ampliación del dictamen del jurado de acuerdo con el expediente N° 848.946/08 por estar fundamentada en tergiversaciones, subterfugios, omisiones, falacias y distorsiones, que constituyen un verdadero modelo de falsedad ideológica y de arbitrariedad manifiesta.

NULIDAD DE LA RESOLUCION (CD) 5010 DEL 16 DE JUNIO DE 2009
Vengo a solicitar la nulidad de la Resolución (CD) N° 5010 del 16 de junio, que ratifica el contenido de la Resolución (CD) N° 4673 de abril de 2009.
Como consecuencia de mi impugnación del 8 de setiembre de 2008, el Consejo Directivo a través de la Resolución (CD) N° 4054 del 4 de noviembre de 2008 acordó solicitar una ampliación del dictamen al jurado integrado por las Dras. Graciela Cariello, Ana María Zubieta y María de las Mercedes García Saraví. Una vez cumplimentado, la Comisión de Interpretación y Reglamento emitió dos dictámenes: el de mayoría, suscripto por la mayoría de profesores, de graduados y de estudiantes que ratifica la propuesta del jurado, y el de minoría, firmado por la representación de minoría de graduados, que recomienda su anulación, basándose en el informe del veedor Hernán Andrés Biscayart y mi impugnación.
En la sesión del CD del 21 de abril pasado, con la presencia y participación de la doctora Ana María Zubieta, en carácter de consejera directiva (y Vice-decana), se procedió a votar lo aconsejado por la mayoría en la Comisión de Interpretación y Reglamento. Por pedido de la minoría de profesores, la votación tuvo carácter nominal: la doctora Zubieta votó, y con su voto – violatorio del principio administrativo que prevé distintas instancias de control en los concursos públicos – logró que se alcanzaran los 9 votos necesarios para aprobar el dictamen mayoritario. En síntesis: la doctora Zubieta integró el jurado y luego votó como consejera directiva aprobando su propio dictamen.
Esta transgresión aberrante desde el punto de vista jurídico y ético configura una causa de nulidad fundada en una vicio grave de procedimiento, ya que no hay código, reglamento, estatuto, tratado, o compilación normativa, que al momento de contemplar la posibilidad de apelación no reserve a quien se le otorgare ese derecho la posibilidad de un control imparcial de quienes lo hayan juzgado. La garantía de una revisión imparcial, obviamente se incumple y queda por ello irremediablemente afectado el procedimiento cuando una misma persona debe decidir la pertinencia de su propia actuación en otra instancia. Esa situación éticamente incómoda e impropia genera una violencia que lógicamente afecta la capacidad de conocimiento para emitir un voto donde la imparcialidad esté ajena de toda sospecha.
Ante la gravedad de la situación, un grupo de profesores y graduados dieron amplia difusión a un documento que denunciaba el enorme perjuicio institucional que acarreaba la convalidación de ese procedimiento. De inmediato, se solidarizaron un importe número de profesores y graduados, en particular de la carrera de Letras. (Se incluye el documento y el detalle de firmas en el Anexo I).
Como consecuencia de la inmediata repercusión que tuvo la imposición autoritaria que pretendía legalizar la resolución del Consejo Directivo, se pretendió revisar todo lo actuado con el pretexto de que en esa Resolución se había omitido involuntariamente consignar la desestimación de mi impugnación. De tal manera, el expediente volvió a ser tratado en la reunión de CD del 2 de junio, en la que merced a la firmeza de los consejeros de la minoría que exigieron, tal como lo señala el Reglamento, que para volver a tratar el tema la mayoría debía contar con dos tercios, se impidió volver el trámite a fojas cero y eliminar de esa manera la prueba de la nulidad del acto administrativo.
Finalmente, el 16 de junio, y ante la imposibilidad de modificar el procedimiento que nulifica el acto, la mayoría opta por avalar la Resolución (CD) N° 5010 que en su Art. 1° “Ratifica el contenido de la Resolución (CD) N° 4673 de fecha 21 de junio de 2009 […]” Por lo tanto siendo nula la Resolución ratificada, también lo es, necesariamente aquella Resolución que la ratifica.
Debo señalar, asimismo, que no se ha tenido en cuenta el pedido formulado en mi impugnación en el sentido que, llegado el caso, la Dra. Zubieta se inhibiera de decidir sobre la actuación del jurado que integró.

Por todo ello, vengo a pedir la nulidad de la citada Resolución que pretende convalidar con errores y vicios de forma los procedimientos del jurado de un concurso que con falsedades, tergiversaciones, omisiones y deliberada intencionalidad, lo que constituye la cuestión de fondo, elabora un dictamen y luego una ampliación que he impugnado y ahora rechazo. Me refiero a un jurado integrado por al Vice-decana de esta Facultad que comenzó arrogándose las facultades del Consejo Superior para la designación de Profesores y, ante la imposibilidad de llevar a cabo ese atropello institucional, ahora intenta convalidar sus propósitos con una votación viciada de nulidad y que vulnera las más elementales reglas de ética y de derecho.

RECHAZO DE LA AMPLIACION DEL DICTAMEN- EXPEDIENTE N° 848.946/08
A los efectos de fundamentar mi rechazo de la ampliación del dictamen suscripto por el jurado del Concurso de Profesor Titular de Literatura Latinoamericana II, creo necesario hacer una breve relación de los antecedentes que lo precedieron.

De la presentación al concurso y la no impugnación al jurado
Luego de años de idas y vueltas, el Consejo Superior aprobó, a propuesta del Consejo Directivo de la Facultad, un jurado para el concurso de Profesor Titular de Literatura Latinoamericana II, (también lo hizo para el de Asociado, prácticamente en la misma fecha, pero en este caso no hay señales de que haya voluntad de llevarlo a cabo; llevo más de doce años esperando ese concurso y el de Profesor Adjunto). La composición de ese jurado no fue avalada por el Departamento de Letras ya que la Junta Departamental estaba trabajando en ese asunto cuando se aprobó la propuesta directa de la mayoría de profesores en el Consejo Directivo. No impugné su integración para que el concurso se efectivizara de una vez, pero el hecho de que formara parte de él la Vice-decana de la Facultad, Dra. Ana María Zubieta, por añadidura titular de Teoría Literaria y sin antecedentes relevantes en Literatura Latinoamericana, algo indicaba como decisión, más teniendo en cuenta la proximidad política-académica con las ocupaciones de la Dra. Cella. En efecto, la Dra. Cella, sin ser Profesor Titular, es miembro de la Comisión de Doctorado, encargada de una Cátedra Paralela de Literaturas Eslavas, además de miembro del Consejo Editor, funciones todas que en otros tiempos estaban sometidas a exigencias rigurosas. (En los sucesivos dictámenes de este concurso, el jurado señala la intensa dedicación de la Dra. Cella a la Literatura Latinoamericana; entonces, llama la atención y la suspicacia que la señora Vice-decana no haya advertido, correlativamente, la falta de antecedentes dignos que le permita ocupar el cargo de Profesora Asociada en una cátedra dedicada a las Literaturas Eslavas, cuyo objeto de estudio desconoce o en el que, por lo menos, no tiene trabajos relevantes.) Sumado a ello, las otras dos integrantes del jurado no presentaban un CV que avale su condición de jurados de una cátedra de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
Básicamente consideré que, más allá de mis reparos (en su momento trasladé a la Secretaria Académica, María Leonor Elena Acuña, esas inquietudes), el jurado debía manejarse dentro de pautas institucionales que asegurarían una red de contención que impidiera la supuesta, entonces, y manifiesta, hoy, parcialidad del jurado: error, no lo hicieron. Eso no impide, en estricta justicia, una reacción de mi parte. Todas mi acciones están orientadas a lograr que institucionalmente, dentro de la Universidad, haya alguna instancia que revise la actuación del jurado.

Generalidades y encuadre posible
Se impugnó el orden de prelación resuelto por el jurado del concurso por entender que eligió para el primer puesto a quien resultaba no ser la mejor postulante considerando objetivamente los requisitos, antecedentes, publicaciones, planes y demostraciones llevadas a cabo.
En su manifiesta intención de beneficiar a la candidata menos dotada el jurado omitió consignar una notable cantidad de mis antecedentes y publicaciones; falseó y tergiversó mis presentaciones en la entrevista y la clase oral, e intentó saltear disposiciones del Consejo Directivo y del Consejo Superior de la Universidad, designando en forma directa a la candidata en el cargo a ocupar.
Eso motivó la impugnación en la que pido la nulidad de ese dictamen por contradecir en forma flagrante el reglamento de concursos.
Presentada una ampliación del dictamen, el jurado:
reconoce haberse extralimitado y retrocede al punto de exponer y fundamentar (con falsedades, omisiones y tergiversaciones tan graves como las del dictamen anterior) el mismo orden de prelación para ocupar el cargo, pero esta vez sin designar, tardíamente, al postulante.
reconoce la forma irregular de producir su dictamen ocultando con generalidades los puntos que objetivamente beneficiaban al postulante que ocupó el segundo lugar en el orden establecido por el jurado. Este reconocimiento es tácito y se infiere de que en la ampliación se hacen constar los antecedentes y las publicaciones anteriormente omitidas; pero esta vez recurriendo a un modo de trascripción viciado por falsedades e informaciones distorsionadas que me vuelve a perjudicar.
reconoce en forma expresa la superioridad del segundo postulante en algunas áreas pese a lo cual, guiado por otros elementos evaluados en el concurso, se lo relega.

Queda claro que el intento de sanear los vicios del dictamen original no hace más que reconocer la existencia de esos vicios, oportunamente denunciados. Correspondía al Consejo Directivo decidir si el dictamen nulo firmado el día del concurso había sido saneado mediante la ampliación y sirve de antecedente de un acto administrativo a dictarse. Pero el CD optó por convalidar y ratificar todo lo actuado por el jurado.
En relación con el modo en que el jurado vuelca mi entrevista y mi clase remito a la confrontación necesaria con lo vertido por el Señor Veedor, Hernán Andrés Biscayart, por el Dr. Noé Jitrik director del Instituto de Literatura Hispanoamericana (Se adjunta carta pública del Dr. Noé Jitrik en el Anexo II) y por los Profesores de la cátedra de Literatura Latinoamericana II (Se adjunta la carta dirigida al Decano con copia al Departamento de Letras y a la Universidad en el Anexo III). En mi impugnación del 8 de setiembre señalo que me reservo los derechos que me asisten para llamarlos como testigos ante los foros que correspondan para dilucidar las tergiversaciones, omisiones, referencias falsas, atribuciones inexistentes, que el jurado ha suscrito con el objeto de perjudicarme dolosamente.
El carácter oral y público del sistema de concursos tiene su fundamento en evitar la arbitrariedad en la actuación del jurado y facilitar el contralor de los interesados. Es a fin de ejercitar ese control que se han puesto a disposición los testigos presenciales del concurso para comprobar las distintas falacias que se han vertido tanto en el acta del día 28 de agosto de 2009 que han sido acrecentadas en la ampliación del dictamen.
La totalidad de los presentes en el concurso (con excepción de Silvia Maino y de Daniel Freidemberg, cónyuges de los postulantes y por ello objetables como testigos) avalan y respaldan mis impugnaciones y reclamos de manera unánime, es decir no hay quien convalide las afirmaciones del jurado. Para probar la falsedad ideológica en la que ha incurrido el jurado, puedo, además, aportar pruebas materiales que sostengan esos testimonios y mis denuncias. A modo de ejemplo de la materialidad de las pruebas que convalidan los testimonios de los presentes en las entrevistas y clases señalo que cuando el jurado afirma que en algunas de mis publicaciones no hay referencias a la literatura latinoamericana se puede demostrar que las hay; cuando el jurado tergiversa los datos de mis publicaciones, se puede fehacientemente probar su mendacidad con el simple recurso de cotejo de las fuentes; esas y otras pruebas fortalecen mi posición de defensa de mis derechos ante los foros que correspondan.


De los vicios de la ampliación del dictamen
Para cumplimentar la ampliación señala el jurado que deja constancia que en efecto se produjeron errores materiales involuntarios, algunos fueron problemas de autocorrección de la computadora y la indebida formulación final pues el Jurado no designa sino que sólo recomienda.
Sirviéndose de una sintaxis peculiar, el jurado pone de manifiesto que el estilo de redacción del acta original es propio y no producto del azar ni atribuible a la informática, ya que deja pendiente cuáles fueron los otros errores que no fueron involuntarios y, en consecuencia, no los reconoce ni los subsana. Si algunos fueron involuntarios, entonces necesariamente hubo otros que no lo fueron: ¿cuáles? ¿cuántos?
Sea cual fuere la decisión del Consejo Directivo y del Consejo Superior, lo que no puede pasarse por alto es que ese primer dictamen deja al descubierto la parcialidad con la que se desempeñó el jurado. Esa parcialidad que se plasmaba en los vicios que importaban la nulidad de aquél dictamen, ahora empuja al jurado a volver a falsear tanto mis antecedentes curriculares como las constancias de lo acontecido en la entrevista personal y en la clase teórica del día del concurso.
Esa misma parcialidad es la que habían hecho notar:
-el Señor Veedor por el claustro de alumnos en su informe;
-los Señores Profesores miembros de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II que suscribieron oportunamente en una carta al Señor Decano su lógica preocupación al constatar que el resultado de las evaluaciones diferían en todo de lo que ellos habían presenciado en las respectivas clases y entrevistas;
-y en una carta abierta, de amplia circulación, del Dr. Noé Jitrik director del Instituto de Literatura Hispanoamericana y profesor titular de la cátedra concursada hasta 1992, también presente durante el concurso
Los testimonios de los presentes durante la sustanciación del concurso contradicen y desmienten de manera contundente y unánime los dichos del Jurado acerca de lo ocurrido en las entrevistas y las clases públicas. Además de ello, hay otras vías para probar la falsedad ideológica en la que incurre el jurado, detallo sólo algunas (diría que son sólo una muestra significativa) que constan en la ampliación del dictamen, hay muchas más en el acta del concurso, pero la ampliación las ratifica por eso me centro en ellas.
Sobre mis libros, hay citas maliciosas y omisiones que me perjudican. Además de citar parcialmente el título de Escritura y desconstrucción. Lectura (h)errada con Jacques Derrida, se omite mencionar la carta-prólogo de Jacques Derrida a la 2da. Edición. Tampoco se refiere que en mis antecedentes y durante la entrevista dejé constancia de que mi conocimiento de las teorías derridianas me había permitido polemizar con las teorías postcoloniales y los estudios culturales que la agenda universitaria norteamericana pretendía imponer en los estudios literarios latinoamericanos.
En relación con La ficción un caso de sonambulismo teórico, no se mencionan los tres apéndices, abarcan 65 de las 150 páginas de libro. En esos apéndices tomo partido en el debate en torno al concepto de testimonio, que en 1998, fecha de publicación del libro, aparecía como uno de los puntos de mayor interés en los estudios literarios latinoamericanos. Uno de esos apéndices está centrado en el escritor peruano Manuel Scorza.
Asimismo, se objeta a El lector apócrifo por reunir, en forma de libro, artículos ya publicados anteriormente, negándole todo valor a esa publicación; me limito a señalarlo para resaltar la malicia o la molestia académica del jurado, pues reunir artículos que giran en torno al mismo tema es una práctica intelectual corriente, que no se cuestiona ni siquiera en las tesis de doctorado y menos en las publicaciones de autores europeos, citadas como artículos de fe. Malicia que se resalta cuando se compara el modo en que se caracteriza el libro Inmediaciones. Escrituras en América Latina de la Dra. Cella.
Confronto las dos citas, de mi libro dice el Jurado: Es necesario destacar que “El lector apócrifo” es un conjunto de artículos que ya habían sido publicados anteriormente y por lo tanto consignados como tales en sus antecedentes.
Del de la Dra. Cella, en cambio, afirma: Su último libro, “Inmediaciones”; inédito pero con algunos trabajos ya publicados en otros medios, está dedicado a diferentes autores y temas: poetas uruguayas contemporáneas, los poetas de Orígenes, José Martí, el esclavo cubano Francisco Manzano, argentinos como Gelman, Urondo o Girri así como algunos abordajes teóricos de interés sobre lenguajes artísticos, la representación literaria o el artista como crítico.
A Una lectura de La vida breve de Juan Carlos Onetti, se lo pretende invalidar de varias maneras; la primera porque, según se afirma, que luego ( lo) incluye en su tesis de doctorado; un simple cotejo de mis dos libros sobre Onetti demuestra el conjunto de variantes que diferencian los dos abordajes a La vida breve; luego el jurado señala, que continúa la línea crítica abierta por Josefina Ludmer, para lo cual se toma una cita del libro de Josefina Ludmer incluida en el mío, pero cuando se detallan los conceptos fundamentales que utilizo en mi trabajo se incurre en una flagrante contradicción ya que esos no son los mismos conceptos en los que se centra Ludmer en su ensayo; y finalmente, porque según alega el jurado no tiene referencias a la literatura latinoamericana. Obviamente, ese más que un juicio de valor sobre mi libro es una toma de posición marcadamente limitada para caracterizar que tipo de crítica es propia de la literatura latinoamericana. Si esto es así, no se entiende por qué tanto el libro de Ludmer como el mío son incluidos habitualmente en los programas de Literatura Latinoamericana de universidades argentinas y extranjeras. Tampoco se entiende qué idea tiene el jurado acerca cómo no puede haber referencias a la literatura latinoamericana en un libro que expone una lectura crítica de una novela de un escritor uruguayo. Quizás exista una posibilidad: que esa afirmación pretenda imponer la expulsión por decreto de todos aquellos que se aproximan a los textos de acuerdo con determinadas posturas críticas y no con otras, en el mejor de los casos si poseyeran algunas.
La cuestión se agrava cuando el jurado se ocupa de mi libro Onetti/La fundación imaginada; entonces afirma:[…]es un estudio exhaustivo de la obra de Onetti que incluye lo ya aparecido en Hachette con un marcado interés teórico, sin incluirlo en la problemática latinoamericana haciendo centro en los conceptos de saga y parodia del autor y relevando que Onetti anuncia en la escritura de sus primeros cuentos una ruptura con las estrategias de representación realista.
Onetti/La fundación imaginada tiene 422 páginas, el capítulo dedicado a la novela La vida breve 51 páginas. La sola ojeada del índice revela que tiene 11 capítulos, a los que hay que agregar cinco apartados denominados “Onetti en tránsito” y un “Postescriptum”; además de las diferencias entre mi concepción de La vida breve de 1986 y la de 2003, esa mención reitera la voluntad de desvalorización que caracterizan a todos los juicios de este jurado.
Luego, una de mis mayores preocupaciones a la hora de tratar de comprender la confusa sintaxis de la ampliación del dictamen, ha consistido en interpretar adecuadamente las enumeraciones heteróclitas que se diseminan en toda la exposición. Frente a ello, creo que se impone la necesidad de solicitar respetuosamente que quienes estén colocados en la obligación de elaborar un juicio sobre las afirmaciones del jurado revisen mi libro. Esa caótica y maliciosa enumeración me obliga nuevamente a pensar que, más allá de las evidentes limitaciones de la competencia del jurado, sumado a una actitud maliciosa que configura, desde mi perspectiva, falsedad ideológica, hay una evidente excitación nerviosa que lleva a este jurado a poner de manifiesto su voluntad de sostener autoritariamente su decisión al costo de poner en riesgo la calidad institucional de la propia Universidad.
Después el jurado afirma: También encara el problema de la memoria y el pasado, la confesión y la identidad para lo cual las apoyaturas y las referencias teóricas son múltiples, desde Derrida, Freud, Ricouer; Kristeva, Bajtin y otros”
La bibliografía citada y trabajada en el libro abarca desde la página 398 a la página 414, aproximadamente 350 entradas. En esa extensa nómina hay una entrada para Freud, pero hay 4 de Hugo Verani; hay 2 entradas para Ricoeur, pero hay 9 de Ángel Rama; hay 3 entradas de Kristeva, pero hay 6 de Emir Rodríguez Monegal; hay 4 de Bajtin, pero hay 5 de Jaime Concha; hay 11 de Derrida, pero hay 14 de Noé Jitrik.
La única razón de ese recorte malicioso reside, creo, en la necesidad de fundamentar la desvalorización de mi libro sacándolo por decreto de la literatura latinoamericana y desviándolo hacia al área de la teoría literaria a la que alude como si fuera algo repudiable. Además, y acaso lo más grave, el jurado parece argumentar que la literatura latinoamericana tiene una problemática específica para la cual es improcedente la especulación teórica. Resulta delirante (esto no pretende ser un diagnóstico sino una descripción) que un jurado, en el que una de sus componentes tiene como antecedente más importante el ser Profesora de Teoría Literaria, no tenga claro que el conocimiento de ese objeto de estudio no es un desvío malsano sino un punto de anclaje en la perspectiva de construcción de la interpretación crítica.
Dice el jurado: […] el Dr. Ferro releva las lecturas de la obra de Onetti pero no hay un acento puesto en su vinculación con autores latinoamericanos o en la recepción de su obra en América Latina. Es también considerada la relación de Onetti con Martínez Estrada, Mallea, Arlt o Celine.
Esto es ¿mera e ingenua contradicción? ¿una incontrolable excitación nerviosa al momento redactar la ampliación del dictamen? ¿falta de relectura? ¿descuido por inexperiencia?
Nuevamente la mala fe en la tergiversación puede funcionar como prueba material de la falsedad ideológica en la que incurre el jurado.
Hay en mi libro innumerables referencias a la relación entre la obra de Onetti y las revistas Marcha y Sur, como también menciones de las revistas literarias uruguayas Escritura, Asir, Clinamen y Número. En La fundación imaginada refiero que durante décadas la obra de Onetti sólo circulaba en el Río de la Plata de ahí que centro mi interés en la relación que mantiene con escritores de ese ámbito; las menciones a la crítica uruguaya y a la bibliografía sobre Onetti, pero de ninguna manera sólo uruguayas, son abrumadoras. Lo que no significa que no haya numerosas consideraciones, directas o indirectas, a otros aspectos de la literatura latinoamericana.
Sólo un criterio estrecho, de alcance administrativo propio de la educación secundaria, puede considerar seriamente que hay una separación entre la literatura argentina y la latinoamericana para postular que Martínez Estrada, Mallea y Arlt no forman parte de la literatura latinoamericana. Es muy extraña esa manera de ver cuando todo, incluidas las vehementes declaraciones del Consejo Directivo, destacan la unidad latinoamericana, que incluye a nuestro país, bajo el signo de Bolívar, Martí y otros destacados voceros de esta idea más que justa. Pero no hay tal criterio sino una actitud maliciosa en la evaluación; la Dra. Zubieta lo sabe muy bien:
entre el 25 y el 27 de octubre de 2002 en París, se llevó a cabo 8° Colloque international du CRICCAL (Centre de Recherches Interuniversitaire sur les Champs Culturels en Amérique Latine). La Dra. Zubieta, que también asistió, contribuyó con una ponencia titulada “Entre el secreto y el silencio. La literatura y la experiencia de la dictadura militar argentina”, publicada en América N° 30 (pp.221-227). Nadie le objetó que expusiera sobre autores argentinos en una reunión sobre literatura latinoamericana. Recuerdo muy bien ese encuentro porque participé con una ponencia sobre Augusto Roa Bastos aparecida en la misma publicación (pp. 75 -82)
Los esfuerzos por desvalorizar mi libro son muchos, todos muy torpes, sólo he señalado algunos como ejemplo. Uno de los más flagrantes, producto de la estrechez intelectual del jurado, agravada por la malicia dolosa, es pretender señalar lo qué es pertinente investigar en un objeto de estudio. Recuerdo que el jurado de mi tesis de doctorado (el libro recoge esa tesis como también lo puntualiza la ampliación del dictamen), formado por Ricardo Piglia, Lisa Block de Behar y Cristina Iglesia, dice: El jurado quiere destacar que la tesis del Profesor Roberto Ferro contribuye a un conocimiento nuevo de la obra de Onetti y postula un método crítico personal. Considera que este trabajo constituye un punto de referencia importante en el campo actual de los estudios literarios. Empecinándose, sin sospecharlo, por supuesto en contradecir al eminente dictamen del jurado del concurso. Empecinamiento que se profundiza si se verifica que evaluaron esa tesis (es decir; mi libro), tan objetable para el jurado del concurso, con la más alta puntuación y recomendaron a la Universidad su publicación.
También cuando el jurado del concurso reúne mis otras publicaciones en grupos, el objetivo es intentar borrar todo lo que los relacione con la literatura latinoamericana. Dice: Estos son trabajos sobre los siguientes autores y temas: Walsh, Jitrik, Tabucchi, el policial y la parodia.
Entre otros, he coordinado un libro que se llama, casualmente, La parodia en la literatura latinoamericana (así consta en mis antecedentes), en el que, no casualmente, se recopilan trabajos críticos entre los cuales figura uno de la Dra. Susana Cella: “La parodia en poesía Los poemínimos.”
En mis trabajos sobre el policial hay un relevamiento de dos genealogías en las que estudio autores de todo el continente, como además consta en los seminarios dictados en México en la Maestría de Literatura Española y Latinoamericana de la UBA y les consta a los alumnos de la carrera de Letras de esta Facultad.
Las siguientes citas apuntan a señalar el modo malicioso en que la argumentación del jurado pretende desvalorizar mis publicaciones: El Dr. Roberto Ferro es autor de 33 artículos publicados en revistas especializadas, en libros y en actas y están dedicados entre otros autores a: Walsh, Andrés Rivera, Onetti, Piglia, García Márquez, Lezama Lima, César Bruto, Tacucchi, etc.
Mis artículos críticos no están dedicados a autores puesto que se proponen estudiar especulativamente textos y problemas más que “autores”; el concepto de autor está fuertemente cuestionado en mis trabajos, no hace falta haberlos leído simplemente repasando los títulos se advierte esa perspectiva. Por lo tanto, ese modo de referirlos exhibe que hay no una voluntad objetiva, más allá de que el notable desconocimiento del que hace gala el jurado podría ser un atenuante para mi objeción. De todas maneras, esa indeclinable ignorancia siempre está al servicio del desconocimiento de mis méritos lo que en definitiva agrava la posición del jurado más que atenuarla.
Luego dice: El Dr. Roberto Ferro acredita 61 publicaciones que incluyen trabajos de distinta índole: algunos son intervenciones en suplementos o revistas culturales y artículos de diferente extensión en la Revista SyC del Instituto de Literatura Hispanoamericana.
La revista SyC nunca fue una publicación del Instituto de Literatura Hispanoamericana; durante los diez años, 1989-1999, en que apareció recogió trabajos de críticos e investigadores de gran prestigio académico. Cómo interpretar el error de Jurado, ¿es involuntario? ¿se puede atribuir a una travesura del corrector automático de textos? O simplemente es una combinación de ignorancia y voluntad de perjudicarme. Puesto que no se la incluye entre las revistas especializadas y sí en una heteróclita enumeración (insisto, un rasgo distintivo del peculiar estilo de redacción del jurado) entre los suplementos o las revistas culturales, eso significa que no la considera una revista especializada (dado que el confuso modo de argumentación del jurado se suma a la imprecisión para caracterizar las publicaciones, cuando dice especializadas no se sabe bien si se estará refiriendo a revistas académicas o a revistas literarias) Acaso ¿hay una velada intención de desvalorización de mis publicaciones vinculándolas al Instituto de Literatura Hispanoamericana? Digamos, insistiendo, que la combinación entre un saber precarizado y limitado con impulsos, al parecer incontrolables, de afectarme, tienen como resultado estos juicios aberrantes. La revisión de los siete artículos que publiqué en la revista SyC, de la que fui durante diez años miembro del Consejo de Redacción, dato que ignora el jurado, revela otra cosa: la extensión varía entre 15 y 20 páginas, son trabajos centrados en la lectura y los géneros tomado problemas propios de la literatura latinoamericana. En esos artículos trabajo sobre textos de Juan Carlos Onetti, Hugo Achugar, Ángel Rama, Rafael Barnet, Elizabeth Burgos Debray, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Ricardo Piglia (a estos últimos insisto en considerarlos como escritores latinoamericanos a pesar de contradecir el juicio del jurado). La circunstancia de que SyC haya sido incluida en los catálogos de muchas bibliotecas de importantes universidades de América Latina, Estados Unidos y Europa, nuevamente contradice el juicio del jurado. Mi intervención en SyC durante los diez años de su existencia debería haber constado entre mis antecedentes más relevantes. Y además, siento un sincero orgullo por participar de los equipos de investigación, de las discusiones académicas, de los debates y polémicas que forman parte de la rica tradición intelectual del Instituto de Literatura Hispanoamericana que se cuenta entre los más prestigiosos del área de los estudios latinoamericanos. Por razones de decoro ante los lectores de esta impugnación, no considero necesario fundamentar los avales que sostienen mis afirmaciones acerca de ese acreditado Instituto.
Finalmente, resulta llamativo que para caracterizar los dos únicos libros de la Dra. Cella, uno de ellos inédito, se comience el apartado con la fórmula Sobresale la dedicación […] y luego se detallen temas y abordajes de los artículos. También al iniciar el siguiente párrafo se diga Es de destacar su escritura ensayístico-poética, un elemento que aporta valor estético al trabajo crítico.
En relación con esto, no es objetable la modalidad de exposición de los libros de la Dra. Cella; en cambio, resulta, aberrante la diferencia de criterios cuando se la confronta con el que el jurado hace uso al referirse a mis libros: tergiversando los contenidos, confundiendo las referencia de edición, atribuyendo falsamente temas, o introduciendo valoraciones despectivas; todo lo que configura la imposibilidad de aceptar sus conclusiones por la marcada parcialidad con que fueron argumentadas y expuestas.
Las aberraciones sobre la entrevista y la clase, en la entrevista y la clase del concurso, también me permiten recopilar algunas instancias de prueba de las trasgresiones cometidas por el jurado. En la ampliación del dictamen se ratifican, con algunas variaciones, lo aseverado en el acta del concurso; remito, entonces, a mi impugnación para el señalamiento de las tergiversaciones expuestas por el jurado. Al sólo efecto de resaltar uno de los tópicos en los que la flagrante falsedad se pone de manifiesto cito al jurado: No hizo propuestas personales para el desarrollo futuro de la cátedra, sino que señaló únicamente la continuidad en la línea establecida por los titulares anteriores. En esta frase creo que se condensa como una cifra significativa los prejuicios del jurado en torno de las actividades de la cátedra de Literatura Latinoamericana II, y por extensión de las que tienen como centro el Instituto de Literatura Hispanoamericana, puesto que al parecer, según su opinión, la tarea del equipo del que formo parte hace veintitrés años, debe ser revisada. Esto significa que la idea de lo nuevo que, de tanto en tanto, emerge en la confusa exposición de esta ampliación de dictamen se refiere no sólo al campo de los estudios literarios, sino a una postura ideológica no compartida y, al parecer, repudiada por el jurado, en particular por la Dra. Zubieta.
De esa insistencia en lo nuevo es buen ejemplo lo que afirma el Jurado: El Dr. Ferro partió de la noción de “lo nuevo”, concepto teórico que no explicitó y que podría haber referido a las formulaciones, entre otros, de Adorno o Boris Groys. (Sólo al pasar señalo la desprolijidad de la cita ¿por qué se dice Adorno a secas, si luego se menciona con nombre y apellido a Boris Groys?
En relación con esto el jurado incurre en otra falsedad: explicité el concepto de lo nuevo, pero citando a autores latinoamericanos como Carlos Fuentes, Noé Jitrik y Ángel Rama, cuyos trabajos son suficientes para iluminar ese tema. Sorprende, por lo tanto, que un jurado tan atento a mencionar mis apoyos teóricos supuestamente excéntricos en relación con la literatura latinoamericana, sugiera dos autores europeos para caracterizar lo nuevo en esa literatura; además, recomienda dos autores europeos que no han hecho aportes significativos sobre ella. ¿En qué quedamos? ¿Es atrevido de mi parte conjeturar que los impulsos por perjudicarme son tan incontrolables que conducen a quien haya redactado esta ampliación a entrar en contradicciones de tan grueso calibre que colocan su argumentación en el territorio del desvarío?
Otra falsedad: no omití la mención a Onetti, cité su opinión sobre Quiroga durante mi clase: “Quiroga hijo y padre de la selva”
No respondió a los nuevos cultores del cuento. Falso, cité genealogías (puesto que lo nuevo debe ser contextualizado en una .serie y no fijado tan sólo en una actualidad) en esas genealogías nombré a Cortázar, Castillo, Monterroso, Piglia, Bolaño, incluso señalé que Mayra Montero había dado un taller de escritura en Cartagena en 2006, en el que había trabajado sobre Horacio Quiroga.
No se me puede achacar desconocimiento de la obra de Horacio Castellanos Moya, puesto que se ha trabajado sobre él en los programas de la materia; en cambio, sí se me puede achacar con toda justicia falta de capacidad para descifrar el galimatías de la redacción del jurado: No respondió acerca de los nuevos cultores del cuento en América Latina por ejemplo el salvadoreño Horacio Castellanos Moya y la redefinición del género policial.
Hay dos saltos en esa afirmación: la primera es que de alguna manera sería posible relacionar a Castellanos Moya con Quiroga sin que quede claro por qué. Por otra parte, la mención, como si fuera una imperdonable omisión, al policial es totalmente irrelevante: Quiroga escribió sólo un texto policial ("El triple robo de Bellamore"), y extenderse en esta cuestión, y más aún lo es mencionar un dato menor en el contexto de una ampliación de dictamen cuya finalidad es claramente otra. Por lo demás, pensar que la literatura policial contemporánea surge de ahí (aun cuando pueda afirmarse que el texto de Quiroga es el primer cuento policial latinoamericano del siglo) o que los modos de Castellanos Moya con el género (por demás marginales) se relacionan con Quiroga es una afirmación impertinente en el contexto de la clase porque no viene de ninguna parte ni va a ningún lado; y, además, requeriría de una clase completa para explicitar el camino que recorre la obra de Quiroga para llegar, al menos hipotéticamente, a las novelas "policiales" de Castellanos Moya.
Los ejemplos podrían extenderse, pero creo que ya es suficiente para avalar mi impugnación y pedido de nulidad al dictamen del jurado.

Corolario
Por todo lo expuesto considero que los vicios denunciados en mi anterior presentación, donde se pidió la nulidad de lo actuado el día del concurso por parte del jurado eran imposibles de sanear mediante una ampliación.
La ampliación ha intentado fundamentar el orden de prelación sugerido por el jurado y para hacerlo ha recurrido sistemáticamente a la falsedad de datos precisos y comprobables y de hechos sucedidos ante el jurado y sobre los cuales debía decidir.
Si bien alguno de estos planteos ha sido receptado y reconocido expresamente, los agravios no han disminuido sino que se han acumulado otros nuevos. En el afán por favorecer a la otra concursante el jurado ha innovado en la forma de generar vicios que han terminado aprobados de manera tal que repugna las formas –de qué otra forma- por la mayoría del consejo.
Por lo tanto, considero que los argumentos planteados en mi presentación anterior continúan incólumes y que ahora deben agregarse los nuevos que se han denunciado aquí y que me perjudican.
Por ello solicito:
Tenga por presentado en tiempo y forma éste escrito con sus anexos correspondientes.
Haga lugar al pedido de nulidad oportunamente planteado de la Resolución (CD) N° 4673 del 21 de abril y al rechazo de la ampliación del dictamen del Jurado de expediente N° 848.946/08
Tenga presente la impugnación al orden de mérito sugerido por el jurado del concurso que subsidiariamente se interpuso y que no fue rechazada.
Tenga presente para su oportunidad el planteo de nulidad respecto a la sesión que aprobó el dictamen de mayoría de fecha 16 de junio de 2009 en la que votó la Dra. Zubieta.
Será Justicia
Dr. Roberto Ferro
Legajo N° 102193
Plaza 2757 (1430) Capital
E mail: rferro@filo.uba.ar
Tel. : 45440552
Anexo I
Carta Pública de Profesores y Graduados (puesta en circulación a partir del 23 de abril de 2009)
Los concursos docentes han sido una institución universitaria que ha asegurado el acceso a los puestos de profesores universitarios a aquellos docentes que tuvieran mayores títulos y antecedentes. Desde hace algún tiempo, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires atraviesa por una grave crisis institucional, la mayoría a cargo de la gestión no ha vacilado en manipular los concursos con el objeto de favorecer a sus intereses políticos. La atenta lectura del documento adjunto difunde un caso puntual, en el que la impunidad de la actual conducción se pone de manifiesto sin enmascaramiento alguno. Solicitamos a todos la amplia difusión del siguiente documento que denuncia un nuevo atropello institucional.
A la Comunidad de Filosofía y Letras
Los profesores y graduados abajo firmantes denunciamos por este medio un hecho de suma gravedad sucedido en la reunión plenaria del martes 21 de abril del corriente año, durante el tratamiento de un concurso de profesor titular de Literatura Latinoamericana II, cuyo trámite ya ha sido objeto de distintas controversias y planteos públicos en los medios. El jurado integrado por Ana María Zubieta, Graciela Cariello y María de las Mercedes García Saravi, aprobado por la mayoría del CD en su momento pero rechazado por las minorías del Consejo, dio por ganadora a la profesora Cella y propuso su nombramiento como profesora titular al CD; el veedor por el claustro de graduados, Hernán Biscayart, presentó distintas objeciones de fondo a dicho dictamen, que finalmente fue impugnado por el concursante Ferro. Posteriormente, la Comisión de Interpretación y Reglamento del CD emitió dos dictámenes: el de mayoría, suscripto por la mayoría de profesores, de graduados y de estudiantes que ratifica la propuesta del jurado, y el de minoría, firmado por la representación de minoría de graduados, que recomienda su anulación, basándose en el informe del veedor y la impugnación de Ferro.
En la sesión del CD del 21 de abril pasado, con la presencia y participación de la profesora Zubieta, en carácter de consejera directiva (y vicedecana), la mayoría de profesores en la persona de Josefina Nagore, mediante una moción de orden, pretendió pasar directamente a la votación sin dar lugar a la discusión de los dos dictámenes; con las dificultades del caso se pudo fundamentar el dictamen de minoría y se logró que la mayoría permitiera que interviniesen docentes de la cátedra que estaban presentes. Dicho esto, se procedió a la votación, que, por pedido de la minoría de profesores, tuvo carácter nominal: la profesora Zubieta votó, y con su voto – antiético y violatorio del principio administrativo que prevé distintas instancias de control en los concursos públicos – logró que se alcanzaran los 9 votos necesarios para aprobar el dictamen mayoritario. En síntesis: la vicedecana Zubieta votó como jurado y luego votó como consejera directiva su dictamen.

Creemos que este proceder debe ser denunciado y conocido por todos los miembros de la comunidad universitaria, dado que compromete severamente el funcionamiento institucional, viola las normas de los concursos docentes y, para el caso particular, configura una causa de nulidad fundada en una falla grave de procedimiento.

*FIRMAS:
Noé Jitrik DNI 4478117
Gonzalo Aguilar DNI 17106635
Guiomar Ciapuscio DNI 13417673
Elvira Arnoux DNI 5414098
Beatriz Colombi DNI 10702626
Daniel Link DNI 13711546
Mabel Giammatteo DNI 11.554.344
Sylvia Saítta DNI 17465006
Andrea Ostrov DNI 13530305
Julio Schvartzman DNI 4552242
Juan Diego Vila DNI 14886898
Roberto Bein DNI: 6.082.914
Nora Dominguez DNI 10128854
Adriana Rodríguez Pérsico DNI 6718754
Soledad Quereilhac DNI 25.021.076
María del Carmen Porrúa LC1892693
Elsa Noya, 6295115
Estela Klett DNI 13103673
Eduardo Barrio DNI 17660461
Jorge Gelman DNI 12021965
Marcela Castro DNI 14389807
Federico Penelas
Martín Kohan. DNI 18.056.640
Vanesa Pafundo DNI: 24.445.116
Mariana Podetti DNI N° 13.214.652
Gustavo Lespada, DNI 18.745.828
Laura Ferrari
Sandra Gasparini DNI 17958778
Alejandra Pasino 16791907
Gonzalo Blanco DNI 22277231
Verónica Zaccari DNI 22668139
Andrea Andújar, DNI 17.572.898
Silvia Jurovietzky DNI 14902687
Alfredo Fraschini (D.N.I. 4.877.286).
Emiliano Sued, DNI: 23 952 416
Bernardo Ainbinder, DNI 27.183.235
Patricia Piccolini DNI 12.081.125
Mariana di Stefano 14316821
Pablo Ansolabehere DNI 16473466
Daniel Santilli LE 7701034
María Martha Gigena DNI 22656135
Mirta Lobato
Hernán A. Biscayart DNI 17.031.329
Roxana Palacios
Perla Zusman (DNI 16.936.946)
Isabel Quintana 16348562
Valeria Silvina Pita DNI 20.385.322
Celeste Plaza Roig DNI 18.842.453
Ignacio D. Miller DNI 20.619.242
Andrea Cobas Carral DNI 25.433.033
Ezequiel De Rosso. DNI: 23510447
Paula Bertúa, DNI 25177742
Alejandra Laera DNI 17365314
Graciela Batticuore DNI 17998812
Raul Antelo – Profesor Titular, Universidade Federal de Santa Catarina,
Brasil.
Anexo II – Carta pública del Doctor Noé Jitrik, director del Instituto de Literatura Hispanoamericana
A PROPÓSITO DE UN CONCURSO
15 de setiembre de 2008

Puesto que se trataba de un Concurso de Literatura Latinoamericana II, cátedra de la que fui Profesor Titular desde 1987 hasta 1992, y también por ser todavía Director del Instituto de Literatura Hispanoamericana, asistí, el 28 de Agosto de 2008, a las entrevistas y clases dictadas por los aspirantes a Profesor Titular, Doctores Roberto Ferro y Susana Cella ante un Jurado designado oportunamente por el Consejo Directivo de la Facultad y aprobado por el Consejo Superior. Mi interés en observar el desarrollo del concurso estaba, pues, íntima y socialmente justificado.
Su resultado, expuesto en el dictamen, me obliga a hacer algunas precisiones. En primer lugar la dilación en llevar a cabo el concurso: nunca, que yo sepa, ha habido en los últimos años una explicación clara y convincente acerca de las dificultades en realizar determinados concursos. Las consecuencias son visibles: se detiene en ese caso el necesario proceso de renovación de las cátedras, el panorama docente se oscurece y cantidad de lógicas expectativas de ocupar lugares de trabajo adecuados a las cualidades intelectuales y académicas se ven pospuestas de manera injusta. Por no dar más que un ejemplo: ocupan puestos de ayudantes de cátedra y jefes de trabajos prácticos doctores consagrados como tales desde hace años. Por decir lo menos esa insatisfactoria situación oscurece el ambiente, lo llena de suspicacias y la Institución nada hace por disiparlas. No ayuda, a este respecto, la poco justificada tentativa de crear condiciones favorables para abrir las posibilidades de dirigir los Institutos a personas con prescindencia de antecedentes y competencias.
En cuanto a este concurso, luego de años de idas y vueltas, el Consejo Superior aprobó, a propuesta del Consejo Directivo de la Facultad, un Jurado. No se impugnó su integración formalmente estimo que por razones de “cansancio moral”, para que el concurso se efectivizara de una vez, pero el hecho de que formara parte de él la Vice-decana de la Facultad, Dra. Ana María Zubieta, cosa que el CD mismo debería haber vetado, por añadidura titular de Teoría Literaria y sin antecedentes en Literatura Latinoamericana, algo indicaba como decisión, más teniendo en cuenta la proximidad política-académica con la gestión de una de las aspirantes. En efecto, la Dra. Cella, sin ser Profesor Titular, es miembro de la Comisión de Doctorado, encargada de una Cátedra Paralela de Literatura Eslava (muy vinculada, como se percibe, con la Latinoamericana), además de miembro del Consejo Editor, funciones todas que en otros tiempos estaban sometidas a exigencias rigurosas. El caballo del comisario, como decía célebremente Roberto J. Payró.
Tengo algo que decir acerca de los candidatos y, en primer lugar, sobre mi relación con ellos: fui director de las Tesis de doctorado de ambos; a los dos los invité a dirigir un volumen de la Historia crítica de la literatura argentina, a ambos les abrí las puertas de mi casa y del Instituto: hasta cierto momento, los dos trabajaban a la par mientras yo dirigía la Cátedra y el Instituto pero, posteriormente, los respectivos comportamientos fueron muy diferentes. En cierto momento, y hace algunos años, la Doctora Cella dejó de estar presente en la vida del Instituto; sus aportes en ese sentido fueron inexistentes a tal punto que ni siquiera integró equipos de investigación radicados en ese sitio (según tengo sabido instaló su proyecto –de cuyo tema y alcances no tengo conocimiento- en el Instituto de Filología Hispánica) ni compartió tareas en una clara actitud de resistencia al concepto de trabajo en equipo, propio del Instituto, tal como yo mismo lo había articulado y de lo cual múltiples acciones y publicaciones dan cuenta, así como la presencia de integrantes del Instituto en Congresos e invitaciones por parte de Universidades extranjeras. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me enteré de que estaba dictando “Literatura Eslava (¡!) en una cátedra paralela, asombro total pues que yo sepa no posee ninguna lengua de área tan vasta ni nunca, que yo sepa, manifestó interés por la problemática literaria de esa zona del mundo.
Seguramente, los miembros del Jurado no estaban en condiciones de valorar estas circunstancias, pero la Doctora Zubieta sí y si no las estimó relevantes debe haber sido por su escasa curiosidad, siendo Vice-decana de la Facultad, por enterarse de la vida de un Instituto y de sus vicisitudes. ¿Debo explicar las razones de mi sorpresa cuando en la entrevista la doctora Cella se expresó como si ella hubiera dirigido la Cátedra y como si temas y propuestas, tales como “Unidad y diversidad”, hubieran salido de su imaginario académico cuando fueron temas de proyectos de investigación dirigidos por mí o por la doctora Manzoni?
En cuanto al Doctor Ferro, su presencia en ambas instancias fue constante y fructífera: intervino en todas las Jornadas de Investigación, formó parte de proyectos bajo mi dirección y fue y es codirector en otros; su trabajo en la Cátedra fue permanente –de lo cual puede dar cuenta la Doctora Manzoni, titular de la misma-, es miembro del consejo de Redacción de la revista Zama, del ILH y, entretanto, llevó a cabo varios Seminarios de Grado, con gran asistencias estudiantil, y de Posgrado en temas de Literatura Latinoamericana, además de diversas publicaciones en ese ámbito. Ha sido invitado con regularidad por entidades académicas extranjeras, en el ámbito latinoamericanista, y su horizonte intelectual, caracterizado por el rigor y la constancia, es ampliamente reconocido, baste mencionar los juicios que emitió Jacques Derrida acerca de su libro sobre la obra de este autor. A ello se une su trabajo docente en equipo. No tengo dudas acerca de la justicia que implicaría un reconocimiento concreto por parte de la Facultad, remisa –lo constato con dolor- a reconocer en la actualidad valores intelectuales y pronta a pactar con personas de escasa valía académica, más bien proclives a “ocupar” posiciones sea como fuere, con estridente ausencia de valoraciones objetivas desprejuiciadas.
Pero se trata de un concurso y el sentido que tiene es “dar lugar” a quien más vale, no necesariamente a quien ocupa un lugar previamente, que es la vieja ideología de la propiedad de la cátedra: no me guía en estas consideraciones, pues, la conservadora mentalidad de la Universidad del privilegio pero, en el caso, no me cupo ninguna duda acerca de la diferencia de cualidades entre los concursantes, tanto en lo que concierne a su “afectio societatis” (o sea a su relación con el campo del que se trata) como a sus intervenciones concretas en la ocasión.
He asistido, pues, a las entrevistas y a las clases: salí de allí con la convicción de que había una diferencia casi insalvable entre ambas intervenciones: el Doctor Ferro expuso, tanto en la entrevista como en la clase, con un dominio y una maestría que no debía merecer ningún reparo. A su claridad conceptual y a su prestancia filosófica se
unió una innovadora presentación del tema elegido, la obra de Horacio Quiroga, del cual, por otra parte –y sé lo que digo pues he escrito sobre el particular desde hace cerca de cincuenta años- en principio habría poco que añadir: sin embargo, hizo una formulación novedosa, tan inesperada para mí que pude conjeturar que debería serlo también para estudiantes universitarios que, para enterarse de lo ya dicho y escrito hasta la fatiga, no necesitan de un profesor titular. En fin, salí convencido de que la Facultad se honraría con un nuevo profesor de esa calidad.
Tuve la impresión de que la Doctora Cella se había adornado durante la entrevista con galardones que no eran suyos además de superficiales y sardónicas afirmaciones acerca de los estudiantes y sus lecturas: ni respecto de los temas de investigación ni de su protagonismo docente ni de ideas acerca de la enseñanza de la literatura latinoamericana dijo nada novedoso ni meramente interesante y, en cuanto a la clase, sentí –y no debo ser el único pues también estaban presentes otros miembros de la Cátedra y del Instituto- que se había limitado, con vehemencia y atropellado discurso, a resumir un “ya sabido” del tema que había elegido, “Huidobro y la vanguardia”: todo me sonaba conocido, a lugares comunes, nada podía aprender: ¿podrían aprender los estudiantes? ¿Necesitarían los estudiantes a profesores que repitieran lo “ad nauseam” sabido?
Tan inevitable me pareció que debía ser la apreciación del Jurado como sorprendente su dictamen, por no mencionar la pobreza de la sintaxis y la ausencia de criterios de valor propios del nivel universitario. No logro entenderlo pues saltaba a la vista lo que debía ser la decisión y, sin embargo, fue opuesta, desconcertante y, en mi opinión, injusta. Además de que, de paso, e insólitamente, cuando el Dr. Ferro centró su propuesta docente a partir de la experiencia en la Cátedra de Literatura Latinoamericana (de la que también la Dra. Cella había formado parte), el Jurado puso en cuestión su desenvolvimiento (desde 1987 hasta la fecha), como si conociera las deficiencias en que habría incurrido, en cuanto calificó la presentación del Dr. Ferro como carente de “propuestas de cambio”. ¿Qué “cambio” se podría esperar de una experiencia exitosa, estimada por centenares de estudiantes y merecedora del respeto de los docentes de la Facultad? ¿Tendría el Jurado elementos de juicio para esperar un deseable cambio? ¿Y por qué el Jurado no le reclamó algo semejante a la Doctora Cella puesto que tampoco ella mencionó en ningún momento la palabra “cambio” ni criticó el trabajo en el que había participado?
Se qué lo que acabo de formular no es una “impugnación” en el sentido institucional del término pero también me tiene perplejo el hecho de que, aunque sea una mera opinión, no vaya a ser tenida en cuenta. Que en la Universidad eso se admita con naturalidad me parece desolador: sé lo que digo y soy responsable de lo que sostengo que entiendo está avalado por una relación constante y profunda con la Universidad y que no pasa por la avidez de ocupar cargos.
Ojalá me equivoque y voces sensatas y responsables corrijan un estridente desacierto en el juicio y en la decisión de “designar”; no sería la primera vez que un Consejo Directivo corrige un mediocre dictamen; si en otras ocasiones lo hizo para impedir un acceso bien puede hacerlo para rectificar un error.



Noé Jitrik
Director del Instituto de Literatura Hispanoamericana Anexo III- Carta de los Profesores de la cátedra de Literatura Latinoamericana II

Buenos Aires, 17 de septiembre de 2008

Sr. Decano de la
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Buenos Aires
Dr. Hugo Trinchero
S/D

En nuestro carácter de docentes integrantes de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II del Departamento de Letras de esta Facultad, hemos asistido, la mayoría de nosotros, el 28 de agosto pasado, al concurso para el cargo de Profesor Titular de esa cátedra, en el que se postularon dos compañeros, el Dr. Roberto Ferro y la Dra. Susana Cella, con quienes algunos de nosotros hemos compartido más de 20 años de docencia e investigación.

En vistas del sorprendente dictamen emitido por el Jurado de dicho concurso, el día 28/08/08, y en tanto formados especialistas en los temas expuestos, entendemos nuestra responsabilidad de dirigirnos a Usted, y por su intermedio a los miembros del Consejo Directivo de nuestra Facultad, para informarlo de lo siguiente:

I. Entrevistas

1. En relación con la instancia de la Entrevista Personal realizada al Dr. Roberto
Ferro nuestra sorpresa responde a varios factores:

a. En el dictamen del Jurado se afirma que el postulante leyó una síntesis de su currículo, del plan presentado y de su historia académica en la cátedra.

Es evidente para quienes presenciamos la entrevista que el Dr. Ferro no leyó una síntesis curricular ni hizo un relato de su historia académica como miembro de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II, sino que realizó un desarrollo articulado y preciso acerca de algunas de sus actividades académicas particularmente destacables de los últimos años y enfatizó especialmente la importancia de su pertenencia a un equipo de trabajo. En este sentido, el Dr. Ferro destacó su labor como co-director de Proyectos de Investigación UBACyT dedicados a la literatura latinoamericana, en los que ha participado y participa el equipo de la cátedra, destacando asimismo la importancia de valorar y articular los intereses específicos de los docentes investigadores. Dio ejemplos de esta interrelación necesaria para el crecimiento de un trabajo de cátedra y consideró que los Seminarios de Especialización Internos de la cátedra son “el referato más inmediato” del trabajo de los miembros de un equipo docente. Asimismo, subrayó la importancia de ese trabajo para su propia formación y la consolidación de una visión general del campo literario, fundamental para el rol de un Profesor Titular. Enfatizó en este sentido la importancia de la relación entre Proyecto de Investigación, Seminario de Especialización Interno y dictado de la materia. En el marco del desarrollo de sus actividades académicas, el Dr. Ferro señaló asimismo su labor en la formación de recursos humanos (algunos de los cuales son actualmente miembros de la cátedra) destacando la dirección de tesis doctorales, la supervisión de adscriptos y la dirección de becarios como un complemento indispensable de la excelencia de la tarea docente y de investigación.

b. En el dictamen del Jurado se dice que el postulante Señaló la continuidad de un proyecto del cual forma parte, sin proponer ningún cambio sustancial.

En el marco de lo dicho en el punto a., semejante declaración del Jurado se nos presenta, por lo menos, como desatinada. El dictamen presenta la continuidad de un proyecto en marcha, del que el Dr. Ferro fue artífice privilegiado (formando recursos, co-dirigiendo, discutiendo propuestas) como un demérito. Pareciera que para el Jurado el “cambio” de un proyecto docente y de investigación fuera la condición necesaria de un titular, aun al precio de contradecir la propia y fructífera trayectoria de trabajo intelectual. En este sentido, es evidente que tanto el vínculo entre docencia e investigación, como la pluralidad de enfoques y la formación sostenida son valores que se posibilitan y se resguardan como se merecen en la medida en que podemos asegurar su continuidad. No se entiende entonces su desvalorización por parte del Jurado.
Además, el Dr. Ferro expuso a continuación su perspectiva del objeto de estudio, perspectiva que el dictamen del Jurado simplifica y cuya originalidad no destaca. El Dr. Ferro definió la literatura latinoamericana como un “corpus abierto”, que requiere ser pensado más allá de una mera sumatoria de literaturas nacionales. En ese sentido, el Dr. Ferro definió la literatura latinoamericana como una configuración plural en la que, además de los fuertes espacios nacionales, coexisten tres sistemas de temporalidades múltiples (culto, popular e indigenista). La coexistencia no siempre armoniosa y el entramado tanto geográfico como cronológico de los tres sistemas fueron presentados como un modo de abordar la literatura latinoamericana en torno a “problemas” articuladores en lugar de apelar a criterios historicistas o enciclopedistas que resultan casi siempre simplificadores. En este sentido, el Dr. Ferro subrayó la necesidad correlativa de trabajar con “zonas culturales”.
Resulta destacable, además, que a partir de algunas de las tramas conceptuales que podemos encontrar en los proyectos de investigación y en los programas de la cátedra de años anteriores, el Dr. Ferro diseñó una relectura de ese entramado que, nítida y precisa, fue sustancialmente novedosa respecto de la tradición crítica de los estudios latinoamericanos. Lo cual abona lo dicho previamente en relación con la preservación del valor de la continuidad en proyectos académicos.
Además, el Dr. Ferro agregó que esa perspectiva múltiple y dinámica que describía permitiría la inclusión de textos contemporáneos a partir de una reflexión acerca de la construcción del canon. Presentó el trabajo de la academia como central para esta construcción (y ejemplificó con el lugar cardinal que tuvo la cátedra en la difusión y el estudio de la obra del chileno Roberto Bolaño). En el mismo sentido, señaló la necesidad de construir “agendas” propias, en diálogo permanente, pero independientes de otros centros académicos.

c. En el dictamen del Jurado se dice que el postulante Se refirió a los intereses de los integrantes del equipo así como de los alumnos.

Esta escasa mención del Jurado no expresa las reflexiones respecto del equipo de trabajo que realizó el Dr. Ferro y que ya hemos señalado. Tampoco da cuenta de sus propuestas docentes ni de su concepción de la relación entre el objeto de estudio, la actividad docente y los estudiantes. En este sentido, el Dr. Ferro explicitó cuestiones acerca de las problemáticas de la enseñanza de la literatura, definió la lectura como un “placer difícil”, cuya densidad debe ser explorada en el trabajo docente, reflexionó sobre la articulación entre lectura y escritura y la función epistémica de esta última en el contexto de una formación de grado, realizando un desarrollo acorde con una visión global de la problemática propia del cargo para el cual estaba concursando.

d. En el dictamen del Jurado se dice del postulante que A las preguntas realizadas en relación con la formulación de un programa para el dictado de la materia respondió que se elaboraría en torno a problemas sin llegar a concretar una propuesta explícita y tampoco hubo una posición nítida con respecto a las literaturas nacionales.

Quienes asistimos a la entrevista encontramos desconcertante este enunciado. Interrogado por uno de los jurados acerca del modo de formular un programa, el Dr. Ferro expresó que, en la articulación de los programas de la materia, esa elaboración “en torno a problemas” debía pensarse necesariamente en la convergencia entre investigación y docencia, señalando, además, como ejemplo, algunos de los programas abordados por la cátedra en los últimos años.
Otro jurado peguntó acerca del lugar que la literatura brasileña tiene en el desarrollo de la materia. El Dr. Ferro respondió que la literatura brasileña, por cuestiones curriculares, no es parte central de los estudios llevados a cabo por la cátedra, pero que es necesaria su consideración a la hora de desarrollar los programas. Respecto de este punto, nos llama la atención que al tiempo que se desconozca por parte del Jurado la existencia de la Cátedra de Literatura Brasileña y Portuguesa en el Plan de Estudios de la Carrera de Letras, se destaque luego en el dictamen que la Dra. Cella “Manifiesta inquietud en interés por el plan de la carrera y su modificación”.
Ante la pregunta acerca del modo de articular el estudio de literaturas nacionales, el Dr. Ferro respondió que el modo deseable de aproximarse a ellas es pensarlas en sus intercambios tanto con la literatura latinoamericana en general como con lo que presentó como “zonas culturales” (andina, del Río de La Plata, etc.). Algo que, por otra parte, insistía y completaba coherentemente la idea que ya había expuesto acerca de la literatura latinoamericana como coexistencia de una configuración plural en la que además de las literaturas nacionales interactuaban sistemas y zonas específicos. (ver punto a).
Las declaraciones del Dr. Ferro fueron, como puede verse por lo expuesto, específicas y nítidamente formuladas, apelando en su respuesta a bibliografía tanto clásica (Ángel Rama) como contemporánea (los últimos textos de Antonio Cornejo Polar).
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2. En relación con la instancia de la Entrevista Personal realizada a la Dra. Susana Cella queremos señalar lo siguiente:

a. En el dictamen el Jurado afirma que la postulante Problematiza el nombre de la materia y hace alusión a los fenómenos culturales incluidos en dicho nombre. Hace una inteligente referencia a la tensión entre lo subcontinental y lo nacional. Retoma el concepto de especificidad que prefiere al de identidad y da sólidas razones que sustentan su postura. Se refiere a la tensión entre tradición y ruptura, explicitando que no hay tradición homogénea, que es dinámica y plural. Relaciona el concepto de transculturación con la inmigración y con los momentos de confluencia.

Para quienes presenciamos la entrevista de la Dra. Cella parece probable que el sintagma “problematiza el nombre de la materia y hace alusión a los fenómenos culturales incluidos en dicho nombre” se refiera a las líneas que continúan el párrafo, puesto que las referencias al objeto de estudio de la materia se agotaron en las menciones del dictamen. Así, probablemente la “problematización” se refiera a los pares Unidad/diversidad, tradición/ruptura, al concepto de “especificidad” y al de “transculturación”. Efectivamente, la postulante se refirió a todos estos puntos, señalando por ejemplo, que el estudio de la literatura latinoamericana debe atender tanto al desarrollo continental como a las diversidades nacionales. Cuando se refirió al concepto de “especificidad”, la Dra. Cella afirmó que es necesario atender a la especificidad literaria de los fenómenos y su relación con procesos externos a la literatura. Cuando se refirió al concepto de “transculturación” ejemplificó con el caso del boom de la narrativa latinoamericana y con el desarrollo de las vanguardias en el continente. Llamó a estos fenómenos “momentos de confluencia”.
No queda claro, sin embargo, por qué el Jurado, que exige del postulante Ferro “innovaciones substanciales”, afirma que es una “inteligente referencia” la mención a la tensión entre literaturas nacionales y literatura latinoamericana, tensión fundante en el campo de nuestros estudios y en ningún sentido novedosa. Más aún, referirse a esta tensión en los términos en los que lo hizo la postulante podría no ser muestra de inteligencia, sino de aplicación escolar, en la medida en que no exploró ninguno de los dos conceptos. Los mismos reparos pueden realizarse con respecto a sus otras afirmaciones señaladas. El concepto de “especificidad literaria” pertenece al herramental básico de la teoría literaria, y no resulta claro por qué una postura que pertenece a la más consensuada tradición crítica debería destacarse por sus “sólidas razones”. Lo mismo puede afirmarse de la idea de que la tradición es un objeto “dinámico y plural”. En el mismo sentido, los “momentos de confluencia” son lugares visitados toda vez que se presentan fenómenos sincrónicos en la historia de la literatura latinoamericana.
Considerar estas declaraciones como una “problematización” y presentarlas como argumento para dictaminar la idoneidad de la postulante para el cargo de titular de cátedra implica privilegiar la doxa antes que la reflexión crítica sobre los procesos que constituyen nuestro campo de trabajo.
b. En el dictamen el Jurado dice que la postulante destaca cómo se formula un programa y la importancia que reviste la selección de contenidos para los futuros graduados. En la instancia de investigación alude a su propio trabajo, a la tarea de recortar un hábeas [sic] y de interrumpir una continuidad. Toma posición frente a la idea de un canon y rescata la necesidad de dar cumplimiento a la lectura de textos fundamentales. Hace precisiones teóricas de gran relevancia para el desarrollo de la materia, por ejemplo, cortes transversales como el de barroco americano.

Quienes presenciamos la entrevista no encontramos otros señalamientos sobre “cómo se formula un programa” que la “necesidad de dar cumplimiento a la lectura de textos fundamentales”. En este sentido, la Dra. Cella afirmó que la función de la cátedra en el ciclo de grado es dar una visión panorámica de la literatura latinoamericana y que la visión específica de los diferentes fenómenos debe ser materia de seminarios. También afirmó que es necesario realizar recortes en la continuidad del corpus de trabajo (desconocemos el sentido de “hábeas”, pero imaginamos que el dictamen se refiere al “corpus”), y que dichos cortes son una necesidad epistémica.
El dictamen del Jurado evidentemente desconoce la tradición de trabajo de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II, que desde 1987, bajo la titularidad primero del Dr. Jitrik y de la Dra. Manzoni luego, siempre ha ordenado sus programas por problemas, antes que por épocas o autores. Sólo este desconocimiento de los programas de la materia, autoriza la incongruencia de que se le demanden al Dr. Ferro “cambios substanciales” en el proyecto de cátedra y que no se le haga el mismo señalamiento a la Dra. Cella. Por otra parte, la necesidad de “dar cumplimiento a la lectura de textos fundamentales” sugiere que el trabajo con tendencias que todavía no han entrado en el canon de la literatura latinoamericana (es decir, tendencias todavía no sancionadas como “fundamentales”) no debe ser parte de los cursos de grado. Así, “tomar posición frente a la idea de canon” es simplemente plegarse a él, glosar lo que los manuales de literatura aseguran que es la literatura latinoamericana. Así presentada, la labor de una cátedra universitaria es una mera repetición. En efecto, semejante idea de “cómo se formula un programa” elimina las posibilidades de que los estudiantes cuestionen los saberes recibidos y discutan la pertinencia de un canon. La necesidad de que esta discusión se dé en una materia del tronco común de la Carrera de Letras resulta aún más importante que su desarrollo en los seminarios de la especialización justamente porque es allí donde los estudiantes adquieren con mayor intensidad sus herramientas teóricas y críticas. ¿Hace falta agregar que es la capacidad crítica que los alumnos de nuestra Facultad y de nuestra Universidad adquieren en el grado lo que los distingue en otros ámbitos académicos nacionales e internacionales?
Como señala el dictamen del Jurado, la Dra. Cella sólo se refirió a sus investigaciones, sin hacer ninguna referencia a su participación en los proyectos de investigación de la cátedra (en los que participó de 1987 a 2004) o a su inclusión en el equipo de trabajo. Esta ausencia sugiere que para la postulante el trabajo de colaboración en equipo no es relevante para el desarrollo de una investigación ni para la planificación del trabajo de cátedra. Por un lado, esto redunda, en su exposición, en una falta de reconocimiento hacia planteos que son el producto de una elaboración conjunta de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II antes que el resultado de una inteligencia personal que (“Hace precisiones teóricas de gran relevancia para el desarrollo de la materia”), como atestigua el ejemplo citado de la organización del programa por “cortes”). Por otro lado, sugiere que los contenidos de un programa, que deberían ser el producto del intercambio entre las diferentes investigaciones que se llevan a cabo en una cátedra universitaria, brotan o se imponen como decisión unilateral del titular. El hecho de que la Dra. Cella no haya mencionado el trabajo de ninguno de los miembros de la cátedra de la que es parte desde hace más de veinte años y de que haya denominado a nuestro lugar de trabajo “Instituto de Literatura Latinoamericana”, cuando su nombre es “Instituto de Literatura Hispanoamericana”, es prueba de la distancia con que la Dra. Cella considera el trabajo del equipo del que forma parte. Distancia que se ha ido manifestando en su ausencia desde hace años de las Jornadas Anuales de Investigación del Instituto de Literatura Hispanoamericana en el que residen nuestros proyectos, en su acotada presencia en las actividades de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II y, fundamentalmente, en su diversificación de especialización profesional: como lo señala el dictamen del Jurado, la Dra. Cella “hace entrega de actualización de antecedentes los cuales se refieren a su labor docente como profesora asociada interina en Literaturas eslavas”, disciplina, como es evidente, poco afín al campo de la literatura latinoamericana.

c. En el dictamen del Jurado se dice que la postulante Planteó la necesidad de hacer una evaluación y autoevaluación al final de la materia.

Efectivamente, la Dra. Cella señaló la necesidad de llevar a cabo una labor de evaluación tanto por parte de la cátedra como por parte de los estudiantes.
En este sentido, indicó que el bagaje cultural de los alumnos ingresantes es pobre y que debería mejorarse el bajo nivel cultural con el que vienen de la escuela secundaria. Ilustró el punto contando una anécdota sobre un estudiante que, en una exposición sobre la ruptura vanguardista, levantó la mano y preguntó qué era el modernismo hispanoamericano. El relato produjo expresiones de espanto en el Jurado, pero no le permitió analizar que el supuesto relevamiento e interés serio en plantear una evaluación y autoevaluación de cátedra se redujo al comentario de “charlar con los alumnos”, o “saber qué tienen ganas de leer”. Este planteo vago y difuso que la postulante llamó varias veces “trabajo de campo”, y que es señalado en el dictamen, omite que la Cátedra de Literatura Latinoamericana II viene realizando, desde hace muchos años, al comienzo y finalización de las cursadas, una organizada tarea de evaluación, tanto respecto de la formación con la que llegan los alumnos, como de sus consideraciones finales respecto de las instancias de trabajos prácticos y clases teóricas. Cabe señalar también en el planteo de la Dra. Cella la inexistencia de una formulación tanto respecto del rol docente en relación con esos deseos de los estudiantes, como de una concepción global del problema como titular de cátedra. Por otra parte, las reflexiones de la postulante con respecto al nivel académico de los ingresantes no tuvo más sustento que su experiencia personal. En efecto, la Dra. Cella no presentó estadísticas que avalaran una opinión que, por lo demás, parece sólo el producto del sentido común.

d. En el dictamen el Jurado dice que la postulante Respondió ampliamente a las preguntas formuladas, ampliando puntos esbozados con anterioridad. Manifiesta inquietud e interés por el plan de la carrera y su modificación.

A quienes asistimos a la entrevista nos resulta incomprensible el adverbio “ampliamente”. Interrogada por uno de los Jurados acerca de cómo hacer para registrar el interés de los estudiantes, la Dra. Cella respondió que había que preguntarles qué tenían ganas de leer. Ante la pregunta, realizada por otro de los Jurados, sobre cómo subsanar las carencias con las que los estudiantes entran a la Carrera de Letras, la postulante propuso recomendar bibliografía para los principiantes e implementar talleres para los más avanzados.
Ninguna de estas respuestas resultan “amplias” con respecto a lo “antes esbozado”. Antes bien, nos parece, en el primer caso, una afirmación que contiene las mismas dificultades operativas que su propuesta de “charlar con los alumnos”: la Dra. Cella no especifica cómo la cátedra debería procesar lo que los alumnos tienen ganas de leer. En el caso de la segunda respuesta, su enunciado resulta difuso ya que no se señala qué contenidos deberían impartirse en esos cursos.

Por último, queremos dejar constancia de que el Jurado tuvo una actitud distendida, casi amistosa hacia la postulante, completando las frases en las que no encontraba la palabra precisa. Finalmente, el Jurado, lejos de realizar preguntas específicas destinadas a subsanar lo que en el texto referido al Dr. Ferro se señala como carencias (programa, continuidad o innovación con el trabajo realizado, etc.) que, como hemos expuesto, no fue desarrollado por la postulante, sostuvo una especie de charla informal cuyos objetivos resultaron confusos y tampoco dejaron claros los modos innovadores que el Jurado manifiesta haber escuchado.

II. Prueba Oral

1. En relación con la instancia de la Prueba Oral del Dr. Roberto Ferro, el
dictamen del Jurado nos merece las siguientes aclaraciones:

a. Respecto del tema elegido y desarrollado por el Profesor Ferro “Horacio Quiroga: el cuento como eje de un nuevo lenguaje”, en el dictamen se asevera que la exposición “Parte de una noción de ‘lo nuevo’ que no amplía ni explicita demasiado”. Sin embargo, quienes presenciamos la Prueba Oral registramos claramente que el Dr. Ferro desde un primer momento se refirió a un concepto acotado y preciso de lo nuevo en relación con la escritura de Horacio Quiroga, definiéndolo como “aquello que implica una novedad con consistencia suficiente como para establecer una continuidad en la escritura literaria”. Dicha conceptualización fue expresamente retomada desde distintas perspectivas a lo largo de la clase, como, por ejemplo, en la diferenciación de la narrativa quiroguiana respecto del realismo en tanto preeminencia de la situación narrativa sobre la psicología del personaje y también en la vinculación con la irrupción del imaginario que arrastra lo cinematográfico. Todo lo cual vuelve inexacta la apreciación conclusiva del dictamen: “La cuestión de lo nuevo con lo que se partió y a la cual se le dio una gran importancia, no se retoma en ningún momento posterior de la clase”.

b. En el dictamen se dice que el Dr. Ferro “planteó la relación entre vida, literatura y experiencia de los límites, y esto se quedó en su mera formulación”. Sin embargo, no es “mera formulación” que el Dr. Ferro vinculara, como lo hizo explícitamente, la particular experiencia vital de Horacio Quiroga, en el cruce y yuxtaposición de selva y tecnología, con la específica exploración literaria implicada en la confluencia de la novela de la tierra y la técnica y velocidad de las vanguardias. Además, un valioso ejemplo de la argumentación intelectual desplegada en este punto se pudo registrar, condensada y potenciada, en la imagen de la moto en la selva. Es decir, la imagen de Horacio Quiroga atravesando la selva en moto ilustró en qué medida la experiencia de los límites es el centro de la experiencia narrativa quiroguiana y en qué medida pueden resultar insuficientes las categorías de naturalismo y vanguardia para analizarla.


c. En el dictamen del Jurado se concluye el detalle referido a la Prueba Oral del Dr. Ferro con la siguiente evaluación: no respondió a la situación del cuento en la literatura latinoamericana del presente. Tampoco terminó de explicar el concepto de entropía.

En relación con la primera carencia que se marca, además de que no fue formulada como pregunta sino que surgió como comentario a la exposición en curso, el Dr. Ferro cubrió ese horizonte de interrogación desde distintas aproximaciones al tema y dio cuenta de los alcances de la obra de Quiroga, insistiendo en su posterior presencia en la renovación de la literatura de América Latina. También al abrir la posibilidad, explorada luego por otros narradores del área, de pensar el ámbito de la selva como propicio para el cuento gótico latinoamericano. Abundó asimismo en los alcances de la obra de Quiroga en otros escritores reconocidos, por ejemplo en Borges y Onetti, que comparten con Quiroga un distanciamiento de la idea de representación de un color local; también en la mención que como ensayista hace Carlos Fuentes en La nueva novela hispanoamericana, considerando a Quiroga como antecedente ineludible de la renovación narrativa en América Latina. El Dr. Ferro se extendió asimismo en el impacto de su obra al señalar la reivindicación que hacen de él narradores caribeños contemporáneos, como el caso de la escritora cubano-puertorriqueña Mayra Montero.
Respecto ahora de la segunda carencia que se señala al concluir la evaluación de la Prueba Oral, referida al concepto de “entropía”, que según se dice “no se terminó de explicitar”, registramos lo siguiente: por un lado, la definición de entropía expresada por el Dr. Ferro aparece reproducida en el comienzo del mismo dictamen: “Planteó el concepto de ´entropía` como propio de la escritura de Quiroga, un dinamizador que sigue actuando hasta el presente”. Por otro lado, el concepto nodal de entropía, explicado también por el Dr. Ferro como acción residual de intersección de una energía aparentemente dispersa y fuera de sistema, fue retomado en varias oportunidades y claramente integrado e ilustrado en su exposición en relación con el concepto de “lo nuevo”, con la “relación entre vida, literatura y experiencia de los límites” y con la “situación del cuento en la literatura latinoamericana del presente”. Los señalamientos que ya hemos hecho en el dictamen del Jurado, de omisión de reconocimiento de la elaboración intelectual en cada uno de esos puntos, se confirman también en la omisión del valor del concepto de entropía que los atravesó.

d. En relación con lo expuesto es necesario agregar que la clase del Dr. Ferro constituyó un abordaje elaborado, de alto nivel intelectual y original respecto del tema propuesto. Ejemplificó los conceptos vertidos en relación con varios cuentos de Quiroga, de los cuales leyó los fragmentos pertinentes. Desde el punto de vista didáctico, fue claro, dinámico, ordenado, aprovechó el recurso del pizarrón y habló de pie, desplazándose por el ámbito del aula, en un claro gesto de construir su comunicación tanto con los miembros del Jurado como con el público presente.

II. 2. En relación con la instancia de la Prueba Oral de la Dra. Susana Cella, el
dictamen del Jurado nos merece las siguientes objeciones:

a. Se dice que el tema elegido por la Dra. Cella fue Nueva sensibilidad: un mapa de los ´ísmos´. El ultraísmo y la experiencia rioplatense. El creacionismo de Vicente Huidobro. La imagen creacionista y el acto creador.
Luego se dice también en el dictamen que Una primera parte de la clase está destinada a cuestiones generales, tales como la vanguardia, modernidad y nueva sensibilidad, y continúa con aspectos más específicos como el concepto de asimilación y antropofagia. Pasa luego al desarrollo del mapa de los `ismos´. Se refiere a los manifiestos, a la idea de lo nuevo que no es nuevo pero está presente en la vanguardia, no como oposición a lo antiguo sino a lo viejo. Recorre entonces los avatares de lo nuevo. Llega así a Huidobro, después el desarrollo racional de su clase que siguió una línea muy clara hasta llegar a esta instancia. Establece diálogos, cruces, tensiones y confluencias entre los poetas del Ultraismo y del Creacionismo. Responde con precisión y amplitud las preguntas formuladas, resultando particularmente inteligente el concepto de traslado pensado desde lo físico a lo poético (la metáfora como traslado). La clase resultó excelente pues dio cuenta con creces del amplio tema escogido.

Para quienes asistimos a la exposición de la Dra. Cella, el dictamen del Jurado respecto de esa instancia resulta ya no motivo de sorpresa sino de profunda preocupación. En principio, tenemos que señalar que no se dice en el dictamen que el supuesto “desarrollo del mapa de los ´ismos`” consistió en un simple mapeo, es decir, en la mención de cuatro ismos (Estridentismo, Contemporáneos, Diepalismo, Poesía Negrista), en algunos casos sin aludir siquiera a sus figuras más representativas y sin entrar en sus consideraciones más específicas, ni en la variedad y complejidad de los ismos latinoamericanos, con excepción del Ultraísmo y el Creacionismo en los que la postulante se detuvo un poco más. El Jurado tampoco hizo observaciones ni pidió ampliación o mayor precisión en varias oportunidades que merecían un detenimiento, por ejemplo, cuando la Dra. Cella definió lo nuevo “no como oposición a lo antiguo sino a lo viejo”, una definición cuya claridad y operatividad resulta, como mínimo, incierta. Por el contrario, señala esto casi como hallazgo. Tampoco pidió ampliación o mayor precisión conceptual cuando la Dra. Cella definió la poesía vanguardista como “presentiva” y no “representativa” o cuando expreso que el arte de la vanguardia es el arte contra lo sublime, sin aclarar qué categoría de lo sublime estaba utilizando, o cómo se fundamentaba la relación que marcaba entre la imagen surrealista y la imagen expresionista.

b. Por otra parte, y en relación con el tema elegido por la Dra. Cella y su exposición, resultan incomprensibles las consideraciones altamente valorativas del Jurado (respuestas precisas y amplias, conceptos inteligentes, clase excelente) como si no hubiese reparado en que la postulante omitió referirse a la mitad del tema elegido, esto es a “El creacionismo de Vicente Huidobro. La imagen creacionista y el acto creador”. Si bien, en el muy panorámico mapeo sobre la vanguardia latinoamericana que le llevó la mayor parte de la clase, la Dra. Cella habló de Huidobro, de algunas de sus concepciones estéticas y de sus relaciones con otros intelectuales como Borges o Reverdy, en ningún momento definió en qué consistía la “imagen creacionista” , concepto clave en la poética de Vicente Huidobro, ni tampoco se explayó sobre el tema o lo problematizó.
Esta grave omisión no fue señalada por el Jurado ni durante la clase ni en el dictamen y a nuestro entender es grave no sólo en cuanto a su falta de discernimiento de prioridades de contenido en la transmisión de conocimientos de la materia, sino que, desde el punto de vista del nivel académico de un postulante a la titularidad de una cátedra de Literatura Latinoamericana II en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, esa era la zona previsible en la que se podía esperar una propuesta intelectualmente significativa y renovadora y no una mera e insuficiente repetición de lo consabido respecto del tema.
c. Ante las valoraciones del dictamen del Jurado que designan la exposición de la Dra. Cella como “racional” y “excelente” los que asistimos a ella presenciamos una verborrágica acumulación de información muy general sobre las vanguardias, no siempre fácil de seguir, dado que reiteradamente sus frases se interrumpían por la mitad sin ser retomadas luego. En el dictamen, el Jurado omitió marcar estos anacolutos que, en su diversificación y fuga discursiva, provocaban falta de cohesión y coherencia del hilo argumentativo en su vertiginosa exposición

d. Durante su Prueba Oral, la Dra. Susana Cella permaneció sentada, no hizo uso del pizarrón y en su exposición se dirigió exclusivamente al Jurado que, a diferencia de la distancia observada respecto de la clase del Dr. Ferro, tuvo, llamativamente, una participación activa, ya que en varias oportunidades alguno de sus miembros ayudó a la postulante a encontrar la palabra precisa que se esforzaba en buscar. Tampoco señaló el Jurado las confusiones de nombres propios en que la Dra. Cella incurrió durante su clase (por ejemplo, nombró un par de veces a Malraux en lugar de Breton, confusión señalada y subsanada por una intervención del Dr. Noé Jitrik, presente entre el público; se refirió en más de una oportunidad a Casinos Assens en lugar de Cansinos Assens y Juan José Tablada en lugar de José Juan).

Cabe decir ahora que, para los miembros de la cátedra allí presentes, esta exposición de la Dra. Cella , a diferencia de la del Dr. Ferro, no representó un abordaje original sobre el tema, ni un esfuerzo por proponer una mirada diferente sobre el mismo.

Señor Decano, en tanto titular de la Facultad en que se ha llevado a cabo este concurso, nuestra doble condición de docentes e investigadores de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II y de miembros de la comunidad académica de la Universidad de Buenos Aires nos mueve a hacerle llegar estas observaciones y también a hacerlas públicas.

Nos preocupa el futuro de la materia, en la medida en que el Jurado se ha pronunciado por el candidato evidentemente menos idóneo para el cargo. Nos preocupa, a la vista de la instancias de las Entrevistas Personales y de las Pruebas Orales, la imprecisión de los conceptos críticos y la falta de reflexión sobre la historia de los estudios en literatura latinoamericana. Nos preocupa que el dictamen sugiera que alcanza con repetir lo conocido, que se sugiera que la investigación es sólo accesoria con respecto al dictado de la clase. Que se sugiera, en fin, que a los alumnos sólo debe enseñárseles lo que pueden leer en cualquier libro.

Nos preocupa la patente ausencia de proyecto para la cátedra en la exposición de la Dra. Cella, porque de alguna manera sugiere también que las opiniones personales de un titular son el modo en que una cátedra debe encarar el dictado de una materia y una investigación. Nos preocupa que la primacía en el Orden de Mérito de la Dra. Cella afirme que el lugar de un titular de cátedra sea imponer su visión de la literatura sobre la del equipo docente, ahogando el disenso y la creatividad intelectual.

En un ámbito más general, en tanto que miembros de la comunidad académica, sentimos que algo constitutivo de nuestra labor ha sido vulnerado al dar el Jurado a la Dra. Cella el primer lugar en el Orden de Mérito. En efecto, la evidente injusticia del dictamen nos desconcierta porque siempre pensamos que los concursos docentes eran un lugar privilegiado en el que nuestras investigaciones, nuestras clases, nuestros estudios, eran evaluados. El dictamen del Concurso de Profesor Titular de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II afirma que nos equivocamos. Que es irrelevante la preparación intelectual, la reflexión sobre el trabajo de la cátedra o la trayectoria. Que en el momento en que la Facultad de Filosofía y Letras debe evaluar a sus docentes, la arbitrariedad y los motivos inescrutables, el escamoteo y el subjetivema reemplazan a la exposición razonada y la evaluación ecuánime.

Nos mueve a escribir esta carta la desazón que nos provoca el hecho de que, con este dictamen, la casa de estudios que nos formó, y a la que dedicamos diez, veinte, treinta años de trabajo, nos esté diciendo ahora que tal vez todo eso haya sido en vano.
Saludamos a Usted atentamente

Guillermo Blanck (DNI: 14.951.003)
Ezequiel De Rosso (DNI: 23510447)
María Martta Gigena (DNI: 22.656.135)
Gustavo Lespada (DNI: 18.745.828)
Elsa Noya (DNI: 6.295.115)
Andrea Ostrov (DNI: 13.530.305)
Elena Pérez de Medina (DNI: 4705.926)
Marina Von der Pahlen (DNI: 22.350.780)




c.c.: Departamento de Letras (FFyL-UBA)
Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires

Roberto Ferro
rferro@filo.uba.ar

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