domingo, 14 de diciembre de 2008

Heterónimos, apócrifos y centones

En los muchos años que he transitado por los confusos callejones de la escenografía literaria fui amasando la convicción de que la cercanía entre la crítica y el género policial era algo más que una elegante figura comparativa; la idea de aproximar, especulativamente, la búsqueda de sentido en los textos con el relato de la investigación de un crimen, me parece una operación productiva en algunos aspectos, pero conlleva el riesgo de convertirse en una máscara que más que revelar simetrías y correspondencias desvía la atención de acontecimientos, acciones y valores propios del quehacer literario cotidiano.
En la literatura ha habido, hay y habrá muertes, defraudaciones, robos, secuestros, violaciones, y otra amplia gama de tipificaciones compiladas en el Código Penal, que a pesar de un cierto componente metafórico, no son temáticos, es decir, no tienen lugar en los textos, se sitúan más allá, tienen la consistencia de una especificidad diferente, que nada tiene que ver con la "ilusión referencial" de los críticos y los teóricos.
Se me ha ocurrido reunir algunas historias que fui acopiando durante mis inquisiciones de oscuro profesor de provincias, que llamativamente, no han sido recogidas en las prestigiosas Historias de la Literatura Argentina, que circulan en la actualidad.
No me propongo la denuncia, que es un género discursivo demasiado arrogante, ni la búsqueda de la verdad, en mi caso por una imposibilidad cognoscitiva, simplemente busco alentar la proliferación de esas versiones para que se multipliquen y diseminen. Finalmente, quizá como descargo, debo decir que me está vedado el arte del escándalo, no por una cuestión ética sino más bien estética, las vidrieras de las principales cadenas de librerías superan ampliamente mi imaginación, no creo poder igualar algunos de sus anuncios, prefiero entonces asumir cierta postura recoleta y austera.
Me he impuesto un límite: la garantía de que la circulación de esas historias esté avalada por múltiples voces, que las hayan ido modelando con el correr de los años, para evitar las tergiversaciones, odios, insidias, chismes, que revelan sólo una impronta de maledicencia personal tan frecuente en el mundillo literario.
Las historias que iré publicando en Metaliteratura (*) exhiben ciertas marcas propias de la elaboración colectiva, de ahí que las he llamado Heterónimos, apócrifos y centones, fiel a ese título las he firmado con mi nombre, no tanto como gesto de apropiación sino por un ominoso deseo de remate artístico.


(*) en el sitio: http://www.metaliteratura.com.ar, en el menú estrellas, las opciones: literatura/leyendas/heteronimos

jueves, 11 de diciembre de 2008

Un retiro

Los argumentos razonables formaban una abigarrada masa, se atropellaban y empujaban para asumir el privilegio de que yo pudiera justificar ante mí la necesidad imperiosa del retiro, ese gesto inminente y fatal de apartarme y abandonar así el tedio de la agitación cotidiana. Íntimamente me cautivaba la idea de desplazarme hacia alguna forma de placer utópico; me sumergía en tentativas de búsqueda de regodeos exentos de teatralidad, salvo los producidos por el destello seductor de la fantasía de la isla solitaria o el refugio inhallable del ermitaño. Quería irme sin tener que llevar conmigo las innumerables imprecaciones de lo que debía hacer, irme sin un final grandioso y rubricado por una afirmación excesiva, irme para mí. Y me fui, a pesar de todo me fui, mejor dicho me sigo yendo así nomás en presente continuo, y lo mejor de todo es que no me retiré a un lejano refugio desolado y luminoso, sino que me dejé llevar por la deriva del deseo y leo, desde hace unos días leo, sin haberme ido, los Seminarios que Roland Barthes dictó en el College de France entre 1977 y 1980. Un sitio de placer y de goce, una escena solitaria, una maqueta en la que me he exiliado a salvo de las demandas ajenas. Releo al pasar No somos más que una sucesión de estados discontinuos con respecto al código de los signos cotidianos, sobre la cual la fijeza del lenguaje nos engaña: mientras dependemos de ese código concebimos nuestra continuidad, aunque no vivamos sino discontinuamente; pero esos estados discontinuos sólo afectan nuestra manera de usar o no la fijeza del lenguaje: ser consciente es usarla. Pero ¿de qué manera podemos hacerlo para saber lo que somos apenas nos callamos?
No es una isla solitaria, ni un rincón apartado y recoleto, tampoco un espacio sin murallas; apenas es una quieta movilidad, una isla portátil, una escena de apartamiento sin el allá lejos, un ir y venir atrapando tenues fulgores de un fantasma juguetón. A veces, llega José Luis Valls y sin interrumpir evoca la resonancia de su palabra en el curso de los seminarios barthesianos, se va como vino sin interrumpir; otras el que está conmigo en Noé Jitrik, uno de los grandes traedores de Barthes a este lejano puerto de América de Sur; alguna vez Roberto Gárriz nos alcanza el último número de Odradek, que divirtió al tal Roland más de lo que hubiera esperado.
En los pliegues de la palabra barthesiana, una y otra vez se asoma, la resonancia de una intuición ominosa, una especie de parpadeo compulsivo provocado por la posibilidad de que la literatura esté aboliéndose a sí misma y, entonces, en un rapto que no reniega de su impronta romántica, la abraza se aferra a ella como si fuera el cuerpo de alguien amado en el momento de partir. De todos modos, como mi retiro es un aquí sin allá, estoy al amparo de cualquier sentimiento trágico, sobre mi mesa están, en cierto desorden es verdad, lo últimos números de Ñ y de ADN, me reconforta la idea que con tales heraldos, la literatura no agoniza.

Buenos Aires, 11 de diciembre de 2008.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Algunas notas ( a manera de confesión)

Acerca de mi experiencia en el Seminario: Teoría y crítica del cuento fantástico en la obra de Julio Cortázar, dictado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en el segundo cuatrimestre de 2008.
A los alumnos del seminario

I.

Pensé este seminario centrando mi atención en los alumnos, creo conocer íntimamente sus intereses, la variedad de opciones que plantean para armar sus carreras, sus demandas, las formas habituales en las que se formulan de sus proyectos.
Esta problemática siempre la he articulado con mi experiencia en relación con la formación y las exigencias actuales para configurar una carrera académica. Uno de los presupuestos que ha guiado y fundamenta mi tarea de profesor universitario ha sido platearme, insistentemente, qué es una buena enseñanza; creo que, en el sentido epistemológico, una buena enseñanza consiste en preguntarse si lo que uno enseña es racionalmente justificable y, en última instancia, digno de que el estudiante, lo crea, lo entienda, y además, sea productivo para el desarrollo de su formaciónEnseñar literatura implica abrir el objeto de estudio a la pluralidad, la movilidad y la flexibilidad del conocimiento, recurriendo a la transdiciplinariedad como vector experimental y creativo de reconfiguración de nuevos instrumentos teóricos para el análisis crítico de la cultura.
Pensé este seminario desde una concepción acerca de lo deseable y lo posible. Para mí, enseñar literatura es fundamentalmente trasmitir un entusiasmo.
Esto supone descolocar una falsa disyunción que opone placer a conocimiento, lo puntualizo, por que me parece importante y decisivo no menoscabar la emoción para preguntarse, entonces, por lo que actúa en ella para producirla. De allí que la propuesta del seminario debía considerar el placer de internarse en los textos para indagar sus condiciones de funcionamiento. La actitud crítica antianalítica, finalmente, oculta el proceso de producción constructiva de los textos.
Mi propuesta apuntaba a enseñar el asombro, pero correlativamente también a mostrar el objeto que puede provocarlo.Entusiasmo y asombro provocados por la reflexión teórica son los parámetros de un placer difícil: instalando la lectura como centro de atención y de ese modo oponer a la literatura pensada como objeto de consumo, a su integración a la cultura de la mercancía.Considero que en el estudio de la literatura es imposible establecer una distinción quirúrgica entre lectura y escritura; concebir la lectura como un placer difícil exige llevar a pensar a los alumnos en la importancia de la función epistémica de la escritura, es decir una instancia para descubrir lo que es posible decir acerca de los textos y desarrollar su conocimiento.Esto se opone de manera absoluta a la idea de que existe un texto original que no necesita se descubierto o trabajado, sino simplemente comunicado.
Me propuse, entonces, que el seminario era una escena propicia para hacer una enconada defensa de la densidad del texto literario, frente a cualquier intento de disolución de la especificidad estético-literaria en torno del cual se desarrollan los estudios literarios.La enseñanza de la literatura, como yo la concibo, está íntimamente ligada a la lectura como placer difícil y a la escritura como dimensión epistémico insoslayable. Este es un punto clave en la formación de los alumnos de la carrera de letras.Pensar y escribir, hacer que, por medio del pensamiento y la escritura, llegue algo que hasta ahora se ha anunciado quizás, pero aun no se ha mostrado como tal.

II.

Estos presupuestos implicaban que para llevarlos a cabo la elección del objeto de estudio era decisiva. Estaba convencido de que la obra de Julio Cortázar nos iba a permitir un tipo de experiencia diferente; en general, los alumnos tienen un tipo de relación con los textos que van a trabajar en los cursos universitarios en la que prevalece la experiencia de un primer abordaje o un conocimiento previo muy elemental antes que un saber crítico más acabado. La obra de Julio Cortázar me entregaba una posibilidad diferente, estaba convencido que la mayoría de los alumnos inscriptos conocía intensamente una parte sustancial de la misma. Por lo tanto, se abría la posibilidad de otro tipo de reflexión, a lo que se sumaba, que esos lectores tenían un fuerte compromiso con los textos del programa.Mi primera sorpresa fue el número de inscriptos, durante el curso del seminario participaron regularmente un promedio de noventa asistentes, lo que para un seminario de grado es excepcional. Sumado a ello, cursaron el seminario alumnos de universidades de EEUU, Alemania, Brasil, México, Uruguay, Polonia, y Suiza. No tengo dudas que esa convocatoria está íntimamente vinculada con el interés que despierta la obra de Julio Cortázar.En los primeros encuentros se puso de manifiesto, algo así como los usos de Cortázar (menciono aquí los que fueron relevantes en nuestro trabajo), es frecuente que algunos figuras mediáticas que participan asiduamente de las columnas de la prensa cultural como Gonzalo Garcés o Daniel Guebel, manifiesten a menudo un marcado desprecio por la obra de Cortázar, expresiones de ninguneo que, dado el eximio manejo que tienen del efecto escandaloso de sus afirmaciones, parecen tener como objetivo llamar la atención sobre sí mismos, a despecho de que revelen un conocimiento precario y una ignorancia manifiesta de lo que critican con tanto encono. Por otro lado, sigue habiendo un gran producción de ensayos sobre las múltiples cuestiones que plantea la escritura cortazariana , que hace casi imposible estar al día con el universo de publicaciones que siguen apareciendo. También están los lectores que mantienen una relación apasionada con Julio Cortázar, y que se proponen, como es el caso de los participantes del seminario, profundizar sobre esas emociones centrando sus búsquedas en el rastreo de las marcas literarias que en los textos les producen ese exceso significativo que los conmueve.
III

Las primeras clases estuvieron a mi cargo para hacer explícita la propuesta y exponer los lineamientos del trabajo. El proyecto se centraba en la lectura crítica de los cuentos de Cortázar desde la biblioteca que cada uno aportaba al momento de comenzar el seminario.A medida que avanzaron los encuentros se fueron sucediendo las exposiciones de los alumnos.
Desde mi perspectiva, el proyecto fue un acontecimiento excepcional, las intervenciones fueron sorprendentes, variadas, inteligentes, con un nivel de excelencia notable por parte de los expositores y con un grado de atención y participación que no decayó en ningún momento en el conjunto de los asistentes.
Las ideas que expuse más arriba sobre las que se fundé este proyecto de seminario, se fueron enriqueciendo, algunos de los trabajos presentados en el seminario ya están publicados en http://www.metaliteratura.com.ar/ , a los que se irán sumando los que vayan enviando en las próximas semanas. Todo trabajo de investigación que no es publicado es como si no existiera, de ahí que esa difusión tiene por objetivo exhibir el nivel de especulación que tanto nos atrajo durante estos meses.
En el último encuentro del seminario, el lunes 10 de noviembre, estará destinado a una revisión de cuestiones teóricas sobre el género fantástico sobre el conocimiento de un corpus que ha recibido durante los encuentros una profunda inquisición crítica.
Finalmente, y sin retórica, les he escrito estas líneas como una confesión dirigida a los participantes del seminario, a los que quiero agradecerles sinceramente la experiencia intelectual y afectiva que me han hecho compartir.

Dejo abierto este espacio para que sigamos dialogando sobre el seminario.







martes, 23 de septiembre de 2008

Nota publicada en Perfil, por Daniel Link

El siguiente texto se publicó en el diario Perfil, puede encontrarse en: http://www.perfil.com/contenidos/2008/09/20/noticia_0002.html

Es nuestro país, el reclamo de “calidad institucional” aparece en todos los registros, con una carga metafísica la mayoría de las veces incomprensible, sobre todo porque se enarbolan (se gritan) los qualia precisamente allí donde más despreocupación parece haber en relación con ellos. Se presupone una corrupción generalizada del sistema democrático. ¿Será realmente así, o habría que ponerse a deplorar la estupidez y la ignorancia? ¿No seremos las víctimas sacrificiales de un proceso de cosificación o animalización sin precedentes en la historia? Hace unos días, el Dr. Noé Jitrik publicó una carta abierta en relación con un concurso para la provisión de uno de los más altos cargos docentes en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, procedimiento administrativo que ha despertado la curiosidad y la alarma de la comunidad académica (ese mundillo de doctos doctores). A diferencia del Dr. Jitrik (cuya carta puede leerse en Internet bajo la marca “concurso-catedra-de-literatura-latinoamericana-ii”), no estoy en condiciones de evaluar a los participantes (ni sus antecedentes ni su desempeño) de esta comedia de enredos que culminó con la emisión (en este caso habría que llamar emesis: expulsión violenta y espasmódica del contenido del estómago a través de la boca) de un dictamen insostenible. El jurado, entre quienes estaba la segunda autoridad administrativa de la Facultad de Filosofía y Letras, resolvió, por unanimidad, designar a un aspirante y no a otro, en abierta violación del aparato jurídico, que reserva la efectiva “designación” del candidato (recomendado por el Jurado) al Consejo Superior de la Universidad. El caso es un ejemplo de la inextricable maraña de corrupción, estupidez e ignorancia que tanto nos preocupa: personas que gobiernan sin tener idea de los mecanismos de gobierno, personas que confunden gobierno con ejercicio arbitrario del poder, personas que confunden el ejercicio del poder público con la obtención de un beneficio particular o un rédito político. La emesis, el vómito, como síntoma.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Carta de los docentes de la cátedra de Literatura Latinoamericana II

Carta de los docentes de la cátedra de Literatura Latinoamericana II dirigida al Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en referencia al concurso de profesor titular de esa materia, llevado a cabo el 28/8/08.
Buenos Aires, 17 de septiembre de 2008

Sr. Decano de la
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Buenos Aires
Dr. Hugo Trinchero
S/D

En nuestro carácter de docentes integrantes de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II del Departamento de Letras de esta Facultad, hemos asistido, la mayoría de nosotros, el 28 de agosto pasado, al concurso para el cargo de Profesor Titular de esa cátedra, en el que se postularon dos compañeros, el Dr. Roberto Ferro y la Dra. Susana Cella, con quienes algunos de nosotros hemos compartido más de 20 años de docencia e investigación.

En vistas del sorprendente dictamen emitido por el Jurado de dicho concurso, el día 28/08/08, y en tanto formados especialistas en los temas expuestos, entendemos nuestra responsabilidad de dirigirnos a Usted, y por su intermedio a los miembros del Consejo Directivo de nuestra Facultad, para informarlo de lo siguiente:

I. Entrevistas

1. En relación con la instancia de la Entrevista Personal realizada al Dr. Roberto Ferro nuestra sorpresa responde a varios factores:

a. En el dictamen del Jurado se afirma que el postulante leyó una síntesis de su currículo, del plan presentado y de su historia académica en la cátedra.

Es evidente para quienes presenciamos la entrevista que el Dr. Ferro no leyó una síntesis curricular ni hizo un relato de su historia académica como miembro de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II, sino que realizó un desarrollo articulado y preciso acerca de algunas de sus actividades académicas particularmente destacables de los últimos años y enfatizó especialmente la importancia de su pertenencia a un equipo de trabajo. En este sentido, el Dr. Ferro destacó su labor como co-director de Proyectos de Investigación UBACyT dedicados a la literatura latinoamericana, en los que ha participado y participa el equipo de la cátedra, destacando asimismo la importancia de valorar y articular los intereses específicos de los docentes investigadores. Dio ejemplos de esta interrelación necesaria para el crecimiento de un trabajo de cátedra y consideró que los Seminarios de Especialización Internos de la cátedra son “el referato más inmediato” del trabajo de los miembros de un equipo docente. Asimismo, subrayó la importancia de ese trabajo para su propia formación y la consolidación de una visión general del campo literario, fundamental para el rol de un Profesor Titular. Enfatizó en este sentido la importancia de la relación entre Proyecto de Investigación, Seminario de Especialización Interno y dictado de la materia. En el marco del desarrollo de sus actividades académicas, el Dr. Ferro señaló asimismo su labor en la formación de recursos humanos (algunos de los cuales son actualmente miembros de la cátedra) destacando la dirección de tesis doctorales, la supervisión de adscriptos y la dirección de becarios como un complemento indispensable de la excelencia de la tarea docente y de investigación.

b. En el dictamen del Jurado se dice que el postulante Señaló la continuidad de un proyecto del cual forma parte, sin proponer ningún cambio sustancial.

En el marco de lo dicho en el punto a., semejante declaración del Jurado se nos presenta, por lo menos, como desatinada. El dictamen presenta la continuidad de un proyecto en marcha, del que el Dr. Ferro fue artífice privilegiado (formando recursos, co-dirigiendo, discutiendo propuestas) como un demérito. Pareciera que para el Jurado el “cambio” de un proyecto docente y de investigación fuera la condición necesaria de un titular, aun al precio de contradecir la propia y fructífera trayectoria de trabajo intelectual. En este sentido, es evidente que tanto el vínculo entre docencia e investigación, como la pluralidad de enfoques y la formación sostenida son valores que se posibilitan y se resguardan como se merecen en la medida en que podemos asegurar su continuidad. No se entiende entonces su desvalorización por parte del Jurado.
Además, el Dr. Ferro expuso a continuación su perspectiva del objeto de estudio, perspectiva que el dictamen del Jurado simplifica y cuya originalidad no destaca. El Dr. Ferro definió la literatura latinoamericana como un “corpus abierto”, que requiere ser pensado más allá de una mera sumatoria de literaturas nacionales. En ese sentido, el Dr. Ferro definió la literatura latinoamericana como una configuración plural en la que, además de los fuertes espacios nacionales, coexisten tres sistemas de temporalidades múltiples (culto, popular e indigenista). La coexistencia no siempre armoniosa y el entramado tanto geográfico como cronológico de los tres sistemas fueron presentados como un modo de abordar la literatura latinoamericana en torno a “problemas” articuladores en lugar de apelar a criterios historicistas o enciclopedistas que resultan casi siempre simplificadores. En este sentido, el Dr. Ferro subrayó la necesidad correlativa de trabajar con “zonas culturales”.
Resulta destacable, además, que a partir de algunas de las tramas conceptuales que podemos encontrar en los proyectos de investigación y en los programas de la cátedra de años anteriores, el Dr. Ferro diseñó una relectura de ese entramado que, nítida y precisa, fue sustancialmente novedosa respecto de la tradición crítica de los estudios latinoamericanos. Lo cual abona lo dicho previamente en relación con la preservación del valor de la continuidad en proyectos académicos.
Además, el Dr. Ferro agregó que esa perspectiva múltiple y dinámica que describía permitiría la inclusión de textos contemporáneos a partir de una reflexión acerca de la construcción del canon. Presentó el trabajo de la academia como central para esta construcción (y ejemplificó con el lugar cardinal que tuvo la cátedra en la difusión y el estudio de la obra del chileno Roberto Bolaño). En el mismo sentido, señaló la necesidad de construir “agendas” propias, en diálogo permanente, pero independientes de otros centros académicos.

c. En el dictamen del Jurado se dice que el postulante Se refirió a los intereses de los integrantes del equipo así como de los alumnos.

Esta escasa mención del Jurado no expresa las reflexiones respecto del equipo de trabajo que realizó el Dr. Ferro y que ya hemos señalado. Tampoco da cuenta de sus propuestas docentes ni de su concepción de la relación entre el objeto de estudio, la actividad docente y los estudiantes. En este sentido, el Dr. Ferro explicitó cuestiones acerca de las problemáticas de la enseñanza de la literatura, definió la lectura como un “placer difícil”, cuya densidad debe ser explorada en el trabajo docente, reflexionó sobre la articulación entre lectura y escritura y la función epistémica de esta última en el contexto de una formación de grado, realizando un desarrollo acorde con una visión global de la problemática propia del cargo para el cual estaba concursando.

d. En el dictamen del Jurado se dice del postulante que A las preguntas realizadas en relación con la formulación de un programa para el dictado de la materia respondió que se elaboraría en torno a problemas sin llegar a concretar una propuesta explícita y tampoco hubo una posición nítida con respecto a las literaturas nacionales.

Quienes asistimos a la entrevista encontramos desconcertante este enunciado. Interrogado por uno de los jurados acerca del modo de formular un programa, el Dr. Ferro expresó que, en la articulación de los programas de la materia, esa elaboración “en torno a problemas” debía pensarse necesariamente en la convergencia entre investigación y docencia, señalando, además, como ejemplo, algunos de los programas abordados por la cátedra en los últimos años.
Otro jurado peguntó acerca del lugar que la literatura brasileña tiene en el desarrollo de la materia. El Dr. Ferro respondió que la literatura brasileña, por cuestiones curriculares, no es parte central de los estudios llevados a cabo por la cátedra, pero que es necesaria su consideración a la hora de desarrollar los programas. Respecto de este punto, nos llama la atención que al tiempo que se desconozca por parte del Jurado la existencia de la Cátedra de Literatura Brasileña y Portuguesa en el Plan de Estudios de la Carrera de Letras, se destaque luego en el dictamen que la Dra. Cella “Manifiesta inquietud en interés por el plan de la carrera y su modificación”.
Ante la pregunta acerca del modo de articular el estudio de literaturas nacionales, el Dr. Ferro respondió que el modo deseable de aproximarse a ellas es pensarlas en sus intercambios tanto con la literatura latinoamericana en general como con lo que presentó como “zonas culturales” (andina, del Río de La Plata, etc.). Algo que, por otra parte, insistía y completaba coherentemente la idea que ya había expuesto acerca de la literatura latinoamericana como coexistencia de una configuración plural en la que además de las literaturas nacionales interactuaban sistemas y zonas específicos. (ver punto a).
Las declaraciones del Dr. Ferro fueron, como puede verse por lo expuesto, específicas y nítidamente formuladas, apelando en su respuesta a bibliografía tanto clásica (Ángel Rama) como contemporánea (los últimos textos de Antonio Cornejo Polar).

2. En relación con la instancia de la Entrevista Personal realizada a la Dra. Susana Cella queremos señalar lo siguiente:

a. En el dictamen el Jurado afirma que la postulante Problematiza el nombre de la materia y hace alusión a los fenómenos culturales incluidos en dicho nombre. Hace una inteligente referencia a la tensión entre lo subcontinental y lo nacional. Retoma el concepto de especificidad que prefiere al de identidad y da sólidas razones que sustentan su postura. Se refiere a la tensión entre tradición y ruptura, explicitando que no hay tradición homogénea, que es dinámica y plural. Relaciona el concepto de transculturación con la inmigración y con los momentos de confluencia.

Para quienes presenciamos la entrevista de la Dra. Cella parece probable que el sintagma “problematiza el nombre de la materia y hace alusión a los fenómenos culturales incluidos en dicho nombre” se refiera a las líneas que continúan el párrafo, puesto que las referencias al objeto de estudio de la materia se agotaron en las menciones del dictamen. Así, probablemente la “problematización” se refiera a los pares Unidad/diversidad, tradición/ruptura, al concepto de “especificidad” y al de “transculturación”. Efectivamente, la postulante se refirió a todos estos puntos, señalando por ejemplo, que el estudio de la literatura latinoamericana debe atender tanto al desarrollo continental como a las diversidades nacionales. Cuando se refirió al concepto de “especificidad”, la Dra. Cella afirmó que es necesario atender a la especificidad literaria de los fenómenos y su relación con procesos externos a la literatura. Cuando se refirió al concepto de “transculturación” ejemplificó con el caso del boom de la narrativa latinoamericana y con el desarrollo de las vanguardias en el continente. Llamó a estos fenómenos “momentos de confluencia”.
No queda claro, sin embargo, por qué el Jurado, que exige del postulante Ferro “innovaciones substanciales”, afirma que es una “inteligente referencia” la mención a la tensión entre literaturas nacionales y literatura latinoamericana, tensión fundante en el campo de nuestros estudios y en ningún sentido novedosa. Más aún, referirse a esta tensión en los términos en los que lo hizo la postulante podría no ser muestra de inteligencia, sino de aplicación escolar, en la medida en que no exploró ninguno de los dos conceptos. Los mismos reparos pueden realizarse con respecto a sus otras afirmaciones señaladas. El concepto de “especificidad literaria” pertenece al herramental básico de la teoría literaria, y no resulta claro por qué una postura que pertenece a la más consensuada tradición crítica debería destacarse por sus “sólidas razones”. Lo mismo puede afirmarse de la idea de que la tradición es un objeto “dinámico y plural”. En el mismo sentido, los “momentos de confluencia” son lugares visitados toda vez que se presentan fenómenos sincrónicos en la historia de la literatura latinoamericana.
Considerar estas declaraciones como una “problematización” y presentarlas como argumento para dictaminar la idoneidad de la postulante para el cargo de titular de cátedra implica privilegiar la doxa antes que la reflexión crítica sobre los procesos que constituyen nuestro campo de trabajo.

b. En el dictamen el Jurado dice que la postulante destaca cómo se formula un programa y la importancia que reviste la selección de contenidos para los futuros graduados. En la instancia de investigación alude a su propio trabajo, a la tarea de recortar un hábeas [sic] y de interrumpir una continuidad. Toma posición frente a la idea de un canon y rescata la necesidad de dar cumplimiento a la lectura de textos fundamentales. Hace precisiones teóricas de gran relevancia para el desarrollo de la materia, por ejemplo, cortes transversales como el de barroco americano.

Quienes presenciamos la entrevista no encontramos otros señalamientos sobre “cómo se formula un programa” que la “necesidad de dar cumplimiento a la lectura de textos fundamentales”. En este sentido, la Dra. Cella afirmó que la función de la cátedra en el ciclo de grado es dar una visión panorámica de la literatura latinoamericana y que la visión específica de los diferentes fenómenos debe ser materia de seminarios. También afirmó que es necesario realizar recortes en la continuidad del corpus de trabajo (desconocemos el sentido de “hábeas”, pero imaginamos que el dictamen se refiere al “corpus”), y que dichos cortes son una necesidad epistémica.
El dictamen del Jurado evidentemente desconoce la tradición de trabajo de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II, que desde 1987, bajo la titularidad primero del Dr. Jitrik y de la Dra. Manzoni luego, siempre ha ordenado sus programas por problemas, antes que por épocas o autores. Sólo este desconocimiento de los programas de la materia, autoriza la incongruencia de que se le demanden al Dr. Ferro “cambios substanciales” en el proyecto de cátedra y que no se le haga el mismo señalamiento a la Dra. Cella. Por otra parte, la necesidad de “dar cumplimiento a la lectura de textos fundamentales” sugiere que el trabajo con tendencias que todavía no han entrado en el canon de la literatura latinoamericana (es decir, tendencias todavía no sancionadas como “fundamentales”) no debe ser parte de los cursos de grado. Así, “tomar posición frente a la idea de canon” es simplemente plegarse a él, glosar lo que los manuales de literatura aseguran que es la literatura latinoamericana. Así presentada, la labor de una cátedra universitaria es una mera repetición. En efecto, semejante idea de “cómo se formula un programa” elimina las posibilidades de que los estudiantes cuestionen los saberes recibidos y discutan la pertinencia de un canon. La necesidad de que esta discusión se dé en una materia del tronco común de la Carrera de Letras resulta aún más importante que su desarrollo en los seminarios de la especialización justamente porque es allí donde los estudiantes adquieren con mayor intensidad sus herramientas teóricas y críticas. ¿Hace falta agregar que es la capacidad crítica que los alumnos de nuestra Facultad y de nuestra Universidad adquieren en el grado lo que los distingue en otros ámbitos académicos nacionales e internacionales?
Como señala el dictamen del Jurado, la Dra. Cella sólo se refirió a sus investigaciones, sin hacer ninguna referencia a su participación en los proyectos de investigación de la cátedra (en los que participó de 1987 a 2004) o a su inclusión en el equipo de trabajo. Esta ausencia sugiere que para la postulante el trabajo de colaboración en equipo no es relevante para el desarrollo de una investigación ni para la planificación del trabajo de cátedra. Por un lado, esto redunda, en su exposición, en una falta de reconocimiento hacia planteos que son el producto de una elaboración conjunta de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II antes que el resultado de una inteligencia personal que (“Hace precisiones teóricas de gran relevancia para el desarrollo de la materia”), como atestigua el ejemplo citado de la organización del programa por “cortes”). Por otro lado, sugiere que los contenidos de un programa, que deberían ser el producto del intercambio entre las diferentes investigaciones que se llevan a cabo en una cátedra universitaria, brotan o se imponen como decisión unilateral del titular. El hecho de que la Dra. Cella no haya mencionado el trabajo de ninguno de los miembros de la cátedra de la que es parte desde hace más de veinte años y de que haya denominado a nuestro lugar de trabajo “Instituto de Literatura Latinoamericana”, cuando su nombre es “Instituto de Literatura Hispanoamericana”, es prueba de la distancia con que la Dra. Cella considera el trabajo del equipo del que forma parte. Distancia que se ha ido manifestando en su ausencia desde hace años de las Jornadas Anuales de Investigación del Instituto de Literatura Hispanoamericana en el que residen nuestros proyectos, en su acotada presencia en las actividades de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II y, fundamentalmente, en su diversificación de especialización profesional: como lo señala el dictamen del Jurado, la Dra. Cella “hace entrega de actualización de antecedentes los cuales se refieren a su labor docente como profesora asociada interina en Literaturas eslavas”, disciplina, como es evidente, poco afín al campo de la literatura latinoamericana.

c. En el dictamen del Jurado se dice que la postulante Planteó la necesidad de hacer una evaluación y autoevaluación al final de la materia.

Efectivamente, la Dra. Cella señaló la necesidad de llevar a cabo una labor de evaluación tanto por parte de la cátedra como por parte de los estudiantes.
En este sentido, indicó que el bagaje cultural de los alumnos ingresantes es pobre y que debería mejorarse el bajo nivel cultural con el que vienen de la escuela secundaria. Ilustró el punto contando una anécdota sobre un estudiante que, en una exposición sobre la ruptura vanguardista, levantó la mano y preguntó qué era el modernismo hispanoamericano. El relato produjo expresiones de espanto en el Jurado, pero no le permitió analizar que el supuesto relevamiento e interés serio en plantear una evaluación y autoevaluación de cátedra se redujo al comentario de “charlar con los alumnos”, o “saber qué tienen ganas de leer”. Este planteo vago y difuso que la postulante llamó varias veces “trabajo de campo”, y que es señalado en el dictamen, omite que la Cátedra de Literatura Latinoamericana II viene realizando, desde hace muchos años, al comienzo y finalización de las cursadas, una organizada tarea de evaluación, tanto respecto de la formación con la que llegan los alumnos, como de sus consideraciones finales respecto de las instancias de trabajos prácticos y clases teóricas. Cabe señalar también en el planteo de la Dra. Cella la inexistencia de una formulación tanto respecto del rol docente en relación con esos deseos de los estudiantes, como de una concepción global del problema como titular de cátedra. Por otra parte, las reflexiones de la postulante con respecto al nivel académico de los ingresantes no tuvo más sustento que su experiencia personal. En efecto, la Dra. Cella no presentó estadísticas que avalaran una opinión que, por lo demás, parece sólo el producto del sentido común.

d. En el dictamen el Jurado dice que la postulante Respondió ampliamente a las preguntas formuladas, ampliando puntos esbozados con anterioridad. Manifiesta inquietud e interés por el plan de la carrera y su modificación.

A quienes asistimos a la entrevista nos resulta incomprensible el adverbio “ampliamente”. Interrogada por uno de los Jurados acerca de cómo hacer para registrar el interés de los estudiantes, la Dra. Cella respondió que había que preguntarles qué tenían ganas de leer. Ante la pregunta, realizada por otro de los Jurados, sobre cómo subsanar las carencias con las que los estudiantes entran a la Carrera de Letras, la postulante propuso recomendar bibliografía para los principiantes e implementar talleres para los más avanzados.
Ninguna de estas respuestas resultan “amplias” con respecto a lo “antes esbozado”. Antes bien, nos parece, en el primer caso, una afirmación que contiene las mismas dificultades operativas que su propuesta de “charlar con los alumnos”: la Dra. Cella no especifica cómo la cátedra debería procesar lo que los alumnos tienen ganas de leer. En el caso de la segunda respuesta, su enunciado resulta difuso ya que no se señala qué contenidos deberían impartirse en esos cursos.

Por último, queremos dejar constancia de que el Jurado tuvo una actitud distendida, casi amistosa hacia la postulante, completando las frases en las que no encontraba la palabra precisa. Finalmente, el Jurado, lejos de realizar preguntas específicas destinadas a subsanar lo que en el texto referido al Dr. Ferro se señala como carencias (programa, continuidad o innovación con el trabajo realizado, etc.) que, como hemos expuesto, no fue desarrollado por la postulante, sostuvo una especie de charla informal cuyos objetivos resultaron confusos y tampoco dejaron claros los modos innovadores que el Jurado manifiesta haber escuchado.

II. Prueba Oral

1. En relación con la instancia de la Prueba Oral del Dr. Roberto Ferro, el
dictamen del Jurado nos merece las siguientes aclaraciones:

a. Respecto del tema elegido y desarrollado por el Profesor Ferro “Horacio Quiroga: el cuento como eje de un nuevo lenguaje”, en el dictamen se asevera que la exposición “Parte de una noción de ‘lo nuevo’ que no amplía ni explicita demasiado”. Sin embargo, quienes presenciamos la Prueba Oral registramos claramente que el Dr. Ferro desde un primer momento se refirió a un concepto acotado y preciso de lo nuevo en relación con la escritura de Horacio Quiroga, definiéndolo como “aquello que implica una novedad con consistencia suficiente como para establecer una continuidad en la escritura literaria”. Dicha conceptualización fue expresamente retomada desde distintas perspectivas a lo largo de la clase, como, por ejemplo, en la diferenciación de la narrativa quiroguiana respecto del realismo en tanto preeminencia de la situación narrativa sobre la psicología del personaje y también en la vinculación con la irrupción del imaginario que arrastra lo cinematográfico. Todo lo cual vuelve inexacta la apreciación conclusiva del dictamen: “La cuestión de lo nuevo con lo que se partió y a la cual se le dio una gran importancia, no se retoma en ningún momento posterior de la clase”.

b. En el dictamen se dice que el Dr. Ferro “planteó la relación entre vida, literatura y experiencia de los límites, y esto se quedó en su mera formulación”. Sin embargo, no es “mera formulación” que el Dr. Ferro vinculara, como lo hizo explícitamente, la particular experiencia vital de Horacio Quiroga, en el cruce y yuxtaposición de selva y tecnología, con la específica exploración literaria implicada en la confluencia de la novela de la tierra y la técnica y velocidad de las vanguardias. Además, un valioso ejemplo de la argumentación intelectual desplegada en este punto se pudo registrar, condensada y potenciada, en la imagen de la moto en la selva. Es decir, la imagen de Horacio Quiroga atravesando la selva en moto ilustró en qué medida la experiencia de los límites es el centro de la experiencia narrativa quiroguiana y en qué medida pueden resultar insuficientes las categorías de naturalismo y vanguardia para analizarla.


c. En el dictamen del Jurado se concluye el detalle referido a la Prueba Oral del Dr. Ferro con la siguiente evaluación: no respondió a la situación del cuento en la literatura latinoamericana del presente. Tampoco terminó de explicar el concepto de entropía.

En relación con la primera carencia que se marca, además de que no fue formulada como pregunta sino que surgió como comentario a la exposición en curso, el Dr. Ferro cubrió ese horizonte de interrogación desde distintas aproximaciones al tema y dio cuenta de los alcances de la obra de Quiroga, insistiendo en su posterior presencia en la renovación de la literatura de América Latina. También al abrir la posibilidad, explorada luego por otros narradores del área, de pensar el ámbito de la selva como propicio para el cuento gótico latinoamericano. Abundó asimismo en los alcances de la obra de Quiroga en otros escritores reconocidos, por ejemplo en Borges y Onetti, que comparten con Quiroga un distanciamiento de la idea de representación de un color local; también en la mención que como ensayista hace Carlos Fuentes en La nueva novela hispanoamericana, considerando a Quiroga como antecedente ineludible de la renovación narrativa en América Latina. El Dr. Ferro se extendió asimismo en el impacto de su obra al señalar la reivindicación que hacen de él narradores caribeños contemporáneos, como el caso de la escritora cubano-puertorriqueña Mayra Montero.
Respecto ahora de la segunda carencia que se señala al concluir la evaluación de la Prueba Oral, referida al concepto de “entropía”, que según se dice “no se terminó de explicitar”, registramos lo siguiente: por un lado, la definición de entropía expresada por el Dr. Ferro aparece reproducida en el comienzo del mismo dictamen: “Planteó el concepto de ´entropía` como propio de la escritura de Quiroga, un dinamizador que sigue actuando hasta el presente”. Por otro lado, el concepto nodal de entropía, explicado también por el Dr. Ferro como acción residual de intersección de una energía aparentemente dispersa y fuera de sistema, fue retomado en varias oportunidades y claramente integrado e ilustrado en su exposición en relación con el concepto de “lo nuevo”, con la “relación entre vida, literatura y experiencia de los límites” y con la “situación del cuento en la literatura latinoamericana del presente”. Los señalamientos que ya hemos hecho en el dictamen del Jurado, de omisión de reconocimiento de la elaboración intelectual en cada uno de esos puntos, se confirman también en la omisión del valor del concepto de entropía que los atravesó.

d. En relación con lo expuesto es necesario agregar que la clase del Dr. Ferro constituyó un abordaje elaborado, de alto nivel intelectual y original respecto del tema propuesto. Ejemplificó los conceptos vertidos en relación con varios cuentos de Quiroga, de los cuales leyó los fragmentos pertinentes. Desde el punto de vista didáctico, fue claro, dinámico, ordenado, aprovechó el recurso del pizarrón y habló de pie, desplazándose por el ámbito del aula, en un claro gesto de construir su comunicación tanto con los miembros del Jurado como con el público presente.

II. 2. En relación con la instancia de la Prueba Oral de la Dra. Susana Cella, el
dictamen del Jurado nos merece las siguientes objeciones:

a. Se dice que el tema elegido por la Dra. Cella fue Nueva sensibilidad: un mapa de los ´ísmos´. El ultraísmo y la experiencia rioplatense. El creacionismo de Vicente Huidobro. La imagen creacionista y el acto creador.
Luego se dice también en el dictamen que Una primera parte de la clase está destinada a cuestiones generales, tales como la vanguardia, modernidad y nueva sensibilidad, y continúa con aspectos más específicos como el concepto de asimilación y antropofagia. Pasa luego al desarrollo del mapa de los `ismos´. Se refiere a los manifiestos, a la idea de lo nuevo que no es nuevo pero está presente en la vanguardia, no como oposición a lo antiguo sino a lo viejo. Recorre entonces los avatares de lo nuevo. Llega así a Huidobro, después el desarrollo racional de su clase que siguió una línea muy clara hasta llegar a esta instancia. Establece diálogos, cruces, tensiones y confluencias entre los poetas del Ultraismo y del Creacionismo. Responde con precisión y amplitud las preguntas formuladas, resultando particularmente inteligente el concepto de traslado pensado desde lo físico a lo poético (la metáfora como traslado). La clase resultó excelente pues dio cuenta con creces del amplio tema escogido.

Para quienes asistimos a la exposición de la Dra. Cella, el dictamen del Jurado respecto de esa instancia resulta ya no motivo de sorpresa sino de profunda preocupación. En principio, tenemos que señalar que no se dice en el dictamen que el supuesto “desarrollo del mapa de los ´ismos`” consistió en un simple mapeo, es decir, en la mención de cuatro ismos (Estridentismo, Contemporáneos, Diepalismo, Poesía Negrista), en algunos casos sin aludir siquiera a sus figuras más representativas y sin entrar en sus consideraciones más específicas, ni en la variedad y complejidad de los ismos latinoamericanos, con excepción del Ultraísmo y el Creacionismo en los que la postulante se detuvo un poco más. El Jurado tampoco hizo observaciones ni pidió ampliación o mayor precisión en varias oportunidades que merecían un detenimiento, por ejemplo, cuando la Dra. Cella definió lo nuevo “no como oposición a lo antiguo sino a lo viejo”, una definición cuya claridad y operatividad resulta, como mínimo, incierta. Por el contrario, señala esto casi como hallazgo. Tampoco pidió ampliación o mayor precisión conceptual cuando la Dra. Cella definió la poesía vanguardista como “presentiva” y no “representativa” o cuando expreso que el arte de la vanguardia es el arte contra lo sublime, sin aclarar qué categoría de lo sublime estaba utilizando, o cómo se fundamentaba la relación que marcaba entre la imagen surrealista y la imagen expresionista.

b. Por otra parte, y en relación con el tema elegido por la Dra. Cella y su exposición, resultan incomprensibles las consideraciones altamente valorativas del Jurado (respuestas precisas y amplias, conceptos inteligentes, clase excelente) como si no hubiese reparado en que la postulante omitió referirse a la mitad del tema elegido, esto es a “El creacionismo de Vicente Huidobro. La imagen creacionista y el acto creador”. Si bien, en el muy panorámico mapeo sobre la vanguardia latinoamericana que le llevó la mayor parte de la clase, la Dra. Cella habló de Huidobro, de algunas de sus concepciones estéticas y de sus relaciones con otros intelectuales como Borges o Reverdy, en ningún momento definió en qué consistía la “imagen creacionista” , concepto clave en la poética de Vicente Huidobro, ni tampoco se explayó sobre el tema o lo problematizó.
Esta grave omisión no fue señalada por el Jurado ni durante la clase ni en el dictamen y a nuestro entender es grave no sólo en cuanto a su falta de discernimiento de prioridades de contenido en la transmisión de conocimientos de la materia, sino que, desde el punto de vista del nivel académico de un postulante a la titularidad de una cátedra de Literatura Latinoamericana II en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, esa era la zona previsible en la que se podía esperar una propuesta intelectualmente significativa y renovadora y no una mera e insuficiente repetición de lo consabido respecto del tema.

c. Ante las valoraciones del dictamen del Jurado que designan la exposición de la Dra. Cella como “racional” y “excelente” los que asistimos a ella presenciamos una verborrágica acumulación de información muy general sobre las vanguardias, no siempre fácil de seguir, dado que reiteradamente sus frases se interrumpían por la mitad sin ser retomadas luego. En el dictamen, el Jurado omitió marcar estos anacolutos que, en su diversificación y fuga discursiva, provocaban falta de cohesión y coherencia del hilo argumentativo en su vertiginosa exposición

d. Durante su Prueba Oral, la Dra. Susana Cella permaneció sentada, no hizo uso del pizarrón y en su exposición se dirigió exclusivamente al Jurado que, a diferencia de la distancia observada respecto de la clase del Dr. Ferro, tuvo, llamativamente, una participación activa, ya que en varias oportunidades alguno de sus miembros ayudó a la postulante a encontrar la palabra precisa que se esforzaba en buscar. Tampoco señaló el Jurado las confusiones de nombres propios en que la Dra. Cella incurrió durante su clase (por ejemplo, nombró un par de veces a Malraux en lugar de Breton, confusión señalada y subsanada por una intervención del Dr. Noé Jitrik, presente entre el público; se refirió en más de una oportunidad a Casinos Assens en lugar de Cansinos Assens y Juan José Tablada en lugar de José Juan).

Cabe decir ahora que, para los miembros de la cátedra allí presentes, esta exposición de la Dra. Cella , a diferencia de la del Dr. Ferro, no representó un abordaje original sobre el tema, ni un esfuerzo por proponer una mirada diferente sobre el mismo.

Señor Decano, en tanto titular de la Facultad en que se ha llevado a cabo este concurso, nuestra doble condición de docentes e investigadores de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II y de miembros de la comunidad académica de la Universidad de Buenos Aires nos mueve a hacerle llegar estas observaciones y también a hacerlas públicas.

Nos preocupa el futuro de la materia, en la medida en que el Jurado se ha pronunciado por el candidato evidentemente menos idóneo para el cargo. Nos preocupa, a la vista de la instancias de las Entrevistas Personales y de las Pruebas Orales, la imprecisión de los conceptos críticos y la falta de reflexión sobre la historia de los estudios en literatura latinoamericana. Nos preocupa que el dictamen sugiera que alcanza con repetir lo conocido, que se sugiera que la investigación es sólo accesoria con respecto al dictado de la clase. Que se sugiera, en fin, que a los alumnos sólo debe enseñárseles lo que pueden leer en cualquier libro.

Nos preocupa la patente ausencia de proyecto para la cátedra en la exposición de la Dra. Cella, porque de alguna manera sugiere también que las opiniones personales de un titular son el modo en que una cátedra debe encarar el dictado de una materia y una investigación. Nos preocupa que la primacía en el Orden de Mérito de la Dra. Cella afirme que el lugar de un titular de cátedra sea imponer su visión de la literatura sobre la del equipo docente, ahogando el disenso y la creatividad intelectual.

En un ámbito más general, en tanto que miembros de la comunidad académica, sentimos que algo constitutivo de nuestra labor ha sido vulnerado al dar el Jurado a la Dra. Cella el primer lugar en el Orden de Mérito. En efecto, la evidente injusticia del dictamen nos desconcierta porque siempre pensamos que los concursos docentes eran un lugar privilegiado en el que nuestras investigaciones, nuestras clases, nuestros estudios, eran evaluados. El dictamen del Concurso de Profesor Titular de la Cátedra de Literatura Latinoamericana II afirma que nos equivocamos. Que es irrelevante la preparación intelectual, la reflexión sobre el trabajo de la cátedra o la trayectoria. Que en el momento en que la Facultad de Filosofía y Letras debe evaluar a sus docentes, la arbitrariedad y los motivos inescrutables, el escamoteo y el subjetivema reemplazan a la exposición razonada y la evaluación ecuánime.

Nos mueve a escribir esta carta la desazón que nos provoca el hecho de que, con este dictamen, la casa de estudios que nos formó, y a la que dedicamos diez, veinte, treinta años de trabajo, nos esté diciendo ahora que tal vez todo eso haya sido en vano.
Saludamos a Usted atentamente

Guillermo Blanck (DNI: 14.951.003)
Ezequiel De Rosso (DNI: 23510447)
María Martta Gigena (DNI: 22.656.135)
Gustavo Lespada (DNI: 18.745.828)
Elsa Noya (DNI: 6.295.115)
Andrea Ostrov (DNI: 13.530.305)
Elena Pérez de Medina (DNI: 4705.926)
Marina Von der Pahlen (DNI: 22.350.780)




c.c.: Departamento de Letras (FFyL-UBA)
Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires


domingo, 14 de septiembre de 2008

A propósito de la Impugnación del Concurso Literatura Latinoamericana II presentada por el Dr. Roberto Ferro.

Sí, todos los que asistimos a la Facultad de Filosofía y Letras conocemos los procesos kafkianos en carne propia; sea uno alumno o profesor, siempre estamos sometidos a ciertos “extrañamientos”.
Por una cuestión de ética académica Tzvetan Todorov nunca va a reconocer que cuando escribió “Introducción a la literatura fantástica” allá por los años ´70 se inspiró en nuestra facultad, especialmente cuando dice que “la exageración conduce a lo sobrenatural”.
Sí, debe ser así, la “exageración” para menoscabar la trayectoria de escritor, intelectual y docente del Dr. Roberto Ferro, sólo puede entenderse a partir de algún fantasma maléfico que ha sobrevolado la facultad el 28 de agosto de 2008 cuando se llevaron a cabo las entrevistas y clases –según dictamen- para la titularidad de Literatura Latinoamericana II.
Los que hemos tenido el privilegio de tener al Dr. Roberto Ferro como profesor conocemos no solo “su claridad conceptual y su prestancia filosófica” (como señala el Dr. Noé Jitrik), sino que además sabemos que es uno de los únicos profesores de la facultad que insta al alumnado a escribir y publicar, y además –insisto- es uno de los pocos docentes que siempre está dispuesto a leer y corregir cualquier trabajo académico, monografía, informe o intento de escritura de un alumno, y esto no es poca cosa.
Sí, Roberto Ferro es una “rara avis”, puede llegar a relacionar un texto de Onetti, Walsh, Bolaños, Derrida y/o Cortázar, etc., con la lingüística, la filosofía, la teoría literaria, la literatura de los últimos cincuenta años en Latinoamérica, incluyendo el cine, la pintura y otras manifestaciones culturales.
Es una “rara avis”, quizás por esto el jurado no pudo en el dictamen más que manifestar palabras tales como “numerosos” trabajos y realizados en “diversas instituciones”. Es llamativo que aquellos que nos dedicamos a trabajar con el lenguaje, seamos tan pobres a la hora definir lo contundente.
Sí, tener una trayectoria como la de Roberto Ferro en la Literatura Latinoamericana es una “exageración” pero no sobrenatural, ni pertenece a la literatura fantástica.
En tal caso, la única perplejidad es lo grotesco de la decisión del jurado.
Estas son unas líneas laudatorias, y porqué no ante tanta injusticia.

jueves, 11 de septiembre de 2008

A PROPÓSITO DE UN CONCURSO

15 de setiembre de 2008

Puesto que se trataba de un Concurso de Literatura Latinoamericana II, cátedra de la que fui Profesor Titular desde 1987 hasta 1992, y también por ser todavía Director del Instituto de Literatura Hispanoamericana, asistí, el 28 de Agosto de 2008, a las entrevistas y clases dictadas por los aspirantes a Profesor Titular, Doctores Roberto Ferro y Susana Cella ante un Jurado designado oportunamente por el Consejo Directivo de la Facultad y aprobado por el Consejo Superior. Mi interés en observar el desarrollo del concurso estaba, pues, íntima y socialmente justificado.
Su resultado, expuesto en el dictamen, me obliga a hacer algunas precisiones. En primer lugar la dilación en llevar a cabo el concurso: nunca, que yo sepa, ha habido en los últimos años una explicación clara y convincente acerca de las dificultades en realizar determinados concursos. Las consecuencias son visibles: se detiene en ese caso el necesario proceso de renovación de las cátedras, el panorama docente se oscurece y cantidad de lógicas expectativas de ocupar lugares de trabajo adecuados a las cualidades intelectuales y académicas se ven pospuestas de manera injusta. Por no dar más que un ejemplo: ocupan puestos de ayudantes de cátedra y jefes de trabajos prácticos doctores consagrados como tales desde hace años. Por decir lo menos esa insatisfactoria situación oscurece el ambiente, lo llena de suspicacias y la Institución nada hace por disiparlas. No ayuda, a este respecto, la poco justificada tentativa de crear condiciones favorables para abrir las posibilidades de dirigir los Institutos a personas con prescindencia de antecedentes y competencias.
En cuanto a este concurso, luego de años de idas y vueltas, el Consejo Superior aprobó, a propuesta del Consejo Directivo de la Facultad, un Jurado. No se impugnó su integración formalmente estimo que por razones de “cansancio moral”, para que el concurso se efectivizara de una vez, pero el hecho de que formara parte de él la Vice-decana de la Facultad, Dra. Ana María Zubieta, cosa que el CD mismo debería haber vetado, por añadidura titular de Teoría Literaria y sin antecedentes en Literatura Latinoamericana, algo indicaba como decisión, más teniendo en cuenta la proximidad política-académica con la gestión de una de las aspirantes. En efecto, la Dra. Cella, sin ser Profesor Titular, es miembro de la Comisión de Doctorado, encargada de una Cátedra Paralela de Literatura Eslava (muy vinculada, como se percibe, con la Latinoamericana), además de miembro del Consejo Editor, funciones todas que en otros tiempos estaban sometidas a exigencias rigurosas. El caballo del comisario, como decía célebremente Roberto J. Payró.
Tengo algo que decir acerca de los candidatos y, en primer lugar, sobre mi relación con ellos: fui director de las Tesis de doctorado de ambos; a los dos los invité a dirigir un volumen de la Historia crítica de la literatura argentina, a ambos les abrí las puertas de mi casa y del Instituto: hasta cierto momento, los dos trabajaban a la par mientras yo dirigía la Cátedra y el Instituto pero, posteriormente, los respectivos comportamientos fueron muy diferentes. En cierto momento, y hace algunos años, la Doctora Cella dejó de estar presente en la vida del Instituto; sus aportes en ese sentido fueron inexistentes a tal punto que ni siquiera integró equipos de investigación radicados en ese sitio (según tengo sabido instaló su proyecto –de cuyo tema y alcances no tengo conocimiento- en el Instituto de Filología Hispánica) ni compartió tareas en una clara actitud de resistencia al concepto de trabajo en equipo, propio del Instituto, tal como yo mismo lo había articulado y de lo cual múltiples acciones y publicaciones dan cuenta, así como la presencia de integrantes del Instituto en Congresos e invitaciones por parte de Universidades extranjeras. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me enteré de que estaba dictando “Literatura Eslava (¡!) en una cátedra paralela, asombro total pues que yo sepa no posee ninguna lengua de área tan vasta ni nunca, que yo sepa, manifestó interés por la problemática literaria de esa zona del mundo.
Seguramente, los miembros del Jurado no estaban en condiciones de valorar estas circunstancias, pero la Doctora Zubieta sí y si no las estimó relevantes debe haber sido por su escasa curiosidad, siendo Vice-decana de la Facultad, por enterarse de la vida de un Instituto y de sus vicisitudes. ¿Debo explicar las razones de mi sorpresa cuando en la entrevista la doctora Cella se expresó como si ella hubiera dirigido la Cátedra y como si temas y propuestas, tales como “Unidad y diversidad”, hubieran salido de su imaginario académico cuando fueron temas de proyectos de investigación dirigidos por mí o por la doctora Manzoni?
En cuanto al Doctor Ferro, su presencia en ambas instancias fue constante y fructífera: intervino en todas las Jornadas de Investigación, formó parte de proyectos bajo mi dirección y fue y es codirector en otros; su trabajo en la Cátedra fue permanente –de lo cual puede dar cuenta la Doctora Manzoni, titular de la misma-, es miembro del consejo de Redacción de la revista Zama, del ILH y, entretanto, llevó a cabo varios Seminarios de Grado, con gran asistencias estudiantil, y de Posgrado en temas de Literatura Latinoamericana, además de diversas publicaciones en ese ámbito. Ha sido invitado con regularidad por entidades académicas extranjeras, en el ámbito latinoamericanista, y su horizonte intelectual, caracterizado por el rigor y la constancia, es ampliamente reconocido, baste mencionar los juicios que emitió Jacques Derrida acerca de su libro sobre la obra de este autor. A ello se une su trabajo docente en equipo. No tengo dudas acerca de la justicia que implicaría un reconocimiento concreto por parte de la Facultad, remisa –lo constato con dolor- a reconocer en la actualidad valores intelectuales y pronta a pactar con personas de escasa valía académica, más bien proclives a “ocupar” posiciones sea como fuere, con estridente ausencia de valoraciones objetivas desprejuiciadas.
Pero se trata de un concurso y el sentido que tiene es “dar lugar” a quien más vale, no necesariamente a quien ocupa un lugar previamente, que es la vieja ideología de la propiedad de la cátedra: no me guía en estas consideraciones, pues, la conservadora mentalidad de la Universidad del privilegio pero, en el caso, no me cupo ninguna duda acerca de la diferencia de cualidades entre los concursantes, tanto en lo que concierne a su “afectio societatis” (o sea a su relación con el campo del que se trata) como a sus intervenciones concretas en la ocasión.
He asistido, pues, a las entrevistas y a las clases: salí de allí con la convicción de que había una diferencia casi insalvable entre ambas intervenciones: el Doctor Ferro expuso, tanto en la entrevista como en la clase, con un dominio y una maestría que no debía merecer ningún reparo. A su claridad conceptual y a su prestancia filosófica se
unió una innovadora presentación del tema elegido, la obra de Horacio Quiroga, del cual, por otra parte –y sé lo que digo pues he escrito sobre el particular desde hace cerca de cincuenta años- en principio habría poco que añadir: sin embargo, hizo una formulación novedosa, tan inesperada para mí que pude conjeturar que debería serlo también para estudiantes universitarios que, para enterarse de lo ya dicho y escrito hasta la fatiga, no necesitan de un profesor titular. En fin, salí convencido de que la Facultad se honraría con un nuevo profesor de esa calidad.
Tuve la impresión de que la Doctora Cella se había adornado durante la entrevista con galardones que no eran suyos además de superficiales y sardónicas afirmaciones acerca de los estudiantes y sus lecturas: ni respecto de los temas de investigación ni de su protagonismo docente ni de ideas acerca de la enseñanza de la literatura latinoamericana dijo nada novedoso ni meramente interesante y, en cuanto a la clase, sentí –y no debo ser el único pues también estaban presentes otros miembros de la Cátedra y del Instituto- que se había limitado, con vehemencia y atropellado discurso, a resumir un “ya sabido” del tema que había elegido, “Huidobro y la vanguardia”: todo me sonaba conocido, a lugares comunes, nada podía aprender: ¿podrían aprender los estudiantes? ¿Necesitarían los estudiantes a profesores que repitieran lo “ad nauseam” sabido?
Tan inevitable me pareció que debía ser la apreciación del Jurado como sorprendente su dictamen, por no mencionar la pobreza de la sintaxis y la ausencia de criterios de valor propios del nivel universitario. No logro entenderlo pues saltaba a la vista lo que debía ser la decisión y, sin embargo, fue opuesta, desconcertante y, en mi opinión, injusta. Además de que, de paso, e insólitamente, cuando el Dr. Ferro centró su propuesta docente a partir de la experiencia en la Cátedra de Literatura Latinoamericana (de la que también la Dra. Cella había formado parte), el Jurado puso en cuestión su desenvolvimiento (desde 1987 hasta la fecha), como si conociera las deficiencias en que habría incurrido, en cuanto calificó la presentación del Dr. Ferro como carente de “propuestas de cambio”. ¿Qué “cambio” se podría esperar de una experiencia exitosa, estimada por centenares de estudiantes y merecedora del respeto de los docentes de la Facultad? ¿Tendría el Jurado elementos de juicio para esperar un deseable cambio? ¿Y por qué el Jurado no le reclamó algo semejante a la Doctora Cella puesto que tampoco ella mencionó en ningún momento la palabra “cambio” ni criticó el trabajo en el que había participado?
Se qué lo que acabo de formular no es una “impugnación” en el sentido institucional del término pero también me tiene perplejo el hecho de que, aunque sea una mera opinión, no vaya a ser tenida en cuenta. Que en la Universidad eso se admita con naturalidad me parece desolador: sé lo que digo y soy responsable de lo que sostengo que entiendo está avalado por una relación constante y profunda con la Universidad y que no pasa por la avidez de ocupar cargos.
Ojalá me equivoque y voces sensatas y responsables corrijan un estridente desacierto en el juicio y en la decisión de “designar”; no sería la primera vez que un Consejo Directivo corrige un mediocre dictamen; si en otras ocasiones lo hizo para impedir un acceso bien puede hacerlo para rectificar un error.



Noé Jitrik
Director del Instituto de Literatura Hispanoamericana

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Nulidad. Impugnación Concurso de “Literatura Latinoamericana II”


Buenos Aires, 8 setiembre de 2008

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Filosofía y Letras
Sr. Decano
Dr. Héctor Hugo Trinchero

S/D

Ref: Nulidad. Impugnación Concurso de “Literatura Latinoamericana II”, expediente 819645/05.

De mi consideración:

En mi carácter de aspirante, me dirijo a Ud. en relación con el expediente 819645/05, correspondiente al llamado de un (1) cargo de Profesor Regular Titular con dedicación exclusiva de la materia “Literatura Latinoamericana II” de la Carrera de Letras, cuyas entrevistas y pruebas de oposición tuvieron lugar el día veintiocho de agosto del corriente año. Al cabo de las mismas, el dictamen del jurado integrado por las doctoras Graciela Cariello, Ana María Zubieta y María de las Mercedes García Saravi determinó por unanimidad el siguiente orden de méritos:
1) Susana Beatriz Cella
2) Roberto Augusto Ferro
y resolvió por unanimidad, designar a Susana Beatriz Cella para el cargo objeto del concurso.
Atento a esa determinación vengo a pedir la nulidad de lo actuado por el jurado conforme lo exige el art. 14 de la Ley 19.549 de Procedimiento Administrativo. Asimismo, y para el caso de que esa nulidad no fuera declarada, en carácter subsidiario vengo también a impugnar, en función de lo dispuesto en el art. 39 del Reglamento para la Provisión de Cargos de Profesores Titulares, Regulares, Asociados y Adjuntos (resolución C.S. Nº 1922/03).
I. NULIDAD:
Que vengo a solicitar que se declare nulo lo actuado por el jurado el día veintiocho de agosto del corriente año por haberse conducido en violación al art. 37 inciso c) y art. 43 del Reglamento para la Provisión de Cargos de Profesores Titulares, Regulares, Asociados y Adjuntos (resolución C.S. Nº 1922/03).
Violación del art. 37 inc. C) puntos 1 y 2.
Sin perjuicio de otras irregularidades cometidas y que serán reseñadas más adelante, el jurado ha incumplido el deber fijado en el art. 37 inc. c) punto 1. de contener “el detalle y la evaluación de antecedentes y títulos, publicaciones, trabajos científicos y académicos”.
Del análisis del acta final del jurado y la comparación con la documentación presentada surge:

DE LOS ANTECEDENTES

Existe un error en relación con mi cargo de adjunto interino: se omiten los títulos de los seminarios de grado y de posgrado dictados, los cuales, según consta en mis antecedentes, demuestran fehacientemente que se corresponden con el objeto de estudio de la materia del concurso; éste es claramente un vicio de procedimiento porque deja de lado un antecedente relevante, lo cual redunda en un agravio al ocultar un importante elemento de valoración.
Dice el acta: Se ha procedido a examinar cuidadosamente, de conformidad con lo determinado por el Artículo 34 del Reglamento aprobado por Resolución (CS) n° 1922/03, los antecedentes y las aptitudes de los aspirantes Roberto Augusto Ferro y Susana Beatriz Cella. El cuidado con que el jurado dice haber llevado a cabo el examen no se compadece por lo que acabo de señalar, con esa aseveración.
En relación con mis antecedentes, el acta dice: Ha dictado numerosos cursos y seminarios en diversas instituciones. La especificación de “numerosos” es ambigua y oscura, el jurado no explícita qué parámetro considera viable para considerar una cantidad como numerosa y luego, al reunirlos todos bajo el mismo rubro “en diversas instituciones”, los aplana para abajo, ya que, a los efectos de la evaluación en un concurso de Profesor Titular de Literatura Latinoamericana II, no tiene el mismo valor un curso en el Centro Cultural San Martín que un seminario de maestría en la Universidad Autónoma de México (UNAM), ni un seminario dictado en el MALBA, que otros dictados en universidades de Venezuela, Francia e Italia.
El acta dice: Ha participado como expositor en gran cantidad de Congresos y Jornadas de carácter nacional e internacional. La misma objeción: ¿qué significa “gran cantidad”?; pero, además, al parecer el jurado considera que es irrelevante señalar y valorar que en los congresos realizados en Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, Brasil, Venezuela, México, Francia e Italia, así como los que se llevaron a cabo en nuestro país, he participado con ponencias sobre diversos momentos, problemas y autores de la literatura latinoamericana, objeto de estudio de la materia del concurso.
El acta dice: Acredita formación de recursos humanos, no obstante, nuevamente omite que tal actividad abarca varios niveles, tales como adscripciones, tesis de maestría, de doctorado y aun la tutoría, en la universidad de Florianópolis (Brasil) de un posdoctorando.
De las publicaciones
El acta dice: Es autor de libros sobre Onetti, la deconstrucción, la ficción y la lectura.
Esta enumeración coloca en un mismo plano mi libro Una lectura de La vida breve de Juan Carlos Onetti, de 76 páginas, que la editorial Hachette publicó en 1986, con mi Onetti/La fundación imaginada – La parodia del autor en la saga de Santa María, de 424 páginas, que Alción Editora publicó en 2003. De igual modo, en el caso de la segunda edición de mi Escritura y desconstrucción, lectura (h)errada con Jacques Derrida, que tiene una carta prólogo de Jacques Derrida, la omisión es más grave ya que en la entrevista personal establecí claramente, por una parte, que ése es el primer libro escrito sobre tema en Latinoamérica y, por otra, que era relevante para el objeto de nuestra materia dado que las denominadas teorías poscoloniales en boga, tienen una relación íntima con el pensamiento de Derrida, circunstancia que me ha permitido discutir en un plano conceptual con esas posturas notoriamente vinculadas a agendas propias de las universidades norteamericanas. Asimismo omite El lector apócrifo, Ediciones De la Flor, 1998, que reúne 14 trabajos críticos sobre literatura latinoamericana, en un volumen de 304 páginas y La ficción un caso de sonambulismo teórico, Editorial Biblos, 1998, que centra su atención sobre cuestiones teóricas propias de la novela histórica latinoamericana y con un “Apéndice” dedicado al testimonio, asunto que en ese momento estaba en el centro del debate que planteaban los teóricos de los llamados estudios culturales. Como se advierte, el jurado ignoró una obra continuada y reconocida, íntimamente relacionada con el ámbito propio de la cátedra en concurso.
El acta dice: Es compilador de numerosas ediciones, donde realiza notas y/o prólogos. La reiteración del mismo criterio, que desvaloriza mis antecedentes personales al diluirlos en una rápida generalización, me obliga a ser yo también reiterativo: cabe preguntar ante todo ¿qué entiende el jurado por “numerosas”? y, luego, advertir que el término “compilador” me es aplicado por el jurado, puesto que no consta en ninguna de las publicaciones que incluyo en mis antecedentes. En este particular y a modo de ejemplo, señalo que entre las publicaciones omitidas está La parodia en la Literatura Latinoamericana, edición del Instituto de Literatura Hispanoamericana, Facultad de Filosofía y Letras, U.B.A, de abril de 1993, de 178 páginas, un volumen en el que reuní diez trabajos críticos sobre la parodia en la literatura latinoamericana. Consecuente con este omisivo y diluyente criterio a mi respecto, tampoco el jurado ha considerado pertinente nombrar Línea de Flotación, una antología que preparé sobre la obra crítica de Noé Jitrik, publicada por la editorial El otro – el mismo, en Caracas, 2002, con pp. 398.
El acta dice: Acredita numerosos capítulos en libros, colaboraciones en diferentes medios, publicaciones de materiales didácticos, etc. Sostengo que no es lo mismo un artículo publicado en un libro editado en México, Francia, Venezuela o Uruguay, además de los que aparecieron en nuestro país, que una nota de divulgación en la revista Topía o en el diario Página 12, o un apunte que reproduce una clase, para no hacer hincapié en lo que se puede incluir o no en la abreviatura “etc.” Sostengo que el jurado al no establecer diferencia de valor en la enumeración de mis publicaciones, e incumplir por lo tanto con una de sus tareas específicas, me produce un grave perjuicio.
El acta dice: Ha publicado gran cantidad de artículos en revistas de la especialidad. Dejo constancia de la reiteración del procedimiento de omitir maliciosamente mis antecedentes reduciéndolos a un enunciado abarcador y difuso.
El acta dice: Ha dictado numerosas conferencias y participado en mesas redondas, entrevistas y presentaciones de libros. Sostengo que no es lo mismo una conferencia dictada en Università degli Studi di Napoli Federico II, o en Paris 8, Université, Vincennes, o en Université de la Sorbonne Nouvelle-Paris III, o en la Universidad de Florianópolis que la presentación de un libro en una librería de esta o de otras ciudades del país o en una biblioteca barrial; el procedimiento de achatamiento de mis antecedentes se repite a lo largo de todo el dictamen, como si la sumatoria de negaciones o reticencias constituyera finalmente un factor de convicción.
DE los antecedentes de investigación
El acta dice: Ha sido miembro de diferentes proyectos de investigación UBACYT, y codirector de uno. De acuerdo con lo que consta en el expediente del concurso desde 1991 hasta 2002 he sido miembro de cinco proyectos de investigación UBACYT, y desde 2003 a la fecha, codirector de dos proyectos. Todos ellos centrados en temas propios de la literatura latinoamericana y todos con sede en el Instituto de Literatura Hispanoamericana, en todos los casos los informes han recibido altas evaluaciones. Mi categorización de investigador es III.
Insisto en destacar que el vicio de procedimiento al considerar mis antecedentes, tal como lo he puesto en evidencia, tiene objetivamente como finalidad perjudicar mi posición.
Debo señalar al respecto que no se especifica, notable ausencia, que los proyectos que presenta como directora la doctora Cella no están centrados en literatura latinoamericana ni radicados en el Instituto de Literatura Hispanoamericana. Esa benevolente omisión hace, a mi entender, una diferencia importante, desde luego que en mi perjuicio.
Las omisiones revisten el carácter de vicio grave, pues el detalle y la evaluación de antecedentes y títulos, publicaciones y trabajos científicos, además de la entrevista y la prueba de oposición, están en la esencia del acto para el que ha sido convocado el jurado. Sin esa evaluación, que debe ser realizada indispensablemente en función del cargo para el que se está concursando, pues menospreciarlos le quitaría todo sentido al sistema para el que la institución del concurso está prevista, la determinación final resulta vacía y deficiente, es esencialmente nula puesto que su fundamento proviene exclusivamente de una estimación de momento o de, lo que es más grave aún, de una decisión previa.
El Reglamento otorga tanta importancia a los antecedentes, títulos, publicaciones y trabajos porque son el único dato objetivo que permite relacionar al postulante con el cargo al que aspira. Su omisión o su subestimación dejan al concursante en un estado de indefensión porque no existe instancia durante la actuación del jurado para subsanar lo que éste ha desconsiderado.
Dicha falencia me provoca un perjuicio innegable, toda vez que de haber actuado conforme al reglamento, detallando y evaluando debidamente mis antecedentes y títulos, publicaciones y trabajos científicos y académicos, en relación con cargo para el que se concursaba, otro hubiera sido el resultado en el orden de méritos.
Violación del art. 43
En el acto cuestionado, el jurado ha determinado el orden de mérito que me perjudica y luego, ha resuelto por unanimidad designar (el subrayado me pertenece) a Susana Cella en el cargo de Profesor Regular Titular con dedicación exclusiva de “LITERATURA LATINOAMERICANA II” del Departamento de Letras en un insólito avance de las facultades asignadas al Consejo Superior en el art. 43 del Reglamento.
Conforme surge de dicho reglamento, en el capítulo V “De la Designación de Profesores”, es el Consejo Superior quien se reserva la facultad de designar. Esa rotunda ignorancia del reglamento, de la que dimana una notoria violación, nulifica la tarea del jurado, torna el acto irremisiblemente nulo por haber sido dictado por quien era desde el punto de vista de las funciones que ejerce, es manifiestamente incapaz de producirlo. El artículo 14 inciso b) de la ley 19.549 impone la nulidad para los actos administrativos emitidos “mediando incompetencia en razón de la materia, del territorio, del tiempo o del grado”. El jurado designó un profesor titular sin encontrar ninguna barrera normativa que lo contenga. Produjo, en suma, un acto administrativo nulo, de nulidad absoluta e insanable.
En este caso resulta patente que la designación encubre un entusiasmo que lleva al jurado a producir una disposición de facto que repugna por lo menos al Reglamento Docente, al Estatuto Universitario y a la Ley de Procedimiento Administrativo y a la Constitución Nacional que consagra la igualdad de los ciudadanos ante la ley.
Si bien la declaración de nulidad debería ser un remedio excepcional no es posible vislumbrar otra solución ya que cualquier accionar posterior del Consejo Directivo o del Consejo Superior basado en la determinación cuestionada del jurado acarreará otra nulidad por defecto del acto en el que se basó.
La mera impugnación del acto, que se interpone en subsidio al pedido de nulidad, no alcanza a dar cuenta de la gravedad y el tamaño de los vicios cometidos por el jurado, tanto en la omisión del cumplimiento de los puntos 1 y 2 del inciso c) del art. 37 como en el ataque al Consejo Directivo mediante la violación al art. 43. Si bien ambas irregularidades podrían ser consideradas prueba de la actuación arbitraria del jurado en mi perjuicio, lo cierto es que la magnitud de la inobservancia reglamentaria es imposible de ser subsanada sino mediante la declaración de la nulidad que se solicita.
En derecho la “ultra petita” es un vicio procesal que acarrea la nulidad de las decisiones que conceden más de los que se pide. La nulidad conlleva el apartamiento del juzgador, a quien se lo considera parcial por haber exagerado sus concesiones hacia la parte favorecida.
El perjuicio que me ha ocasionado el desempeño del jurado resulta evidente toda vez que, la designación efectuada mediando incompetencia, en claro desafío al Consejo Superior, clausura la posibilidad del Consejo Directivo de cuestionar la actividad del jurado alterando el orden de méritos e impide al propio Consejo Superior ejercer sus funciones, privándome nuevamente de la posibilidad que me asiste de ver resuelto el concurso a mi favor.
Curiosamente, el jurado ha viciado su accionar por defecto y por exceso a la vez. Lo poco que ha hecho lo ha hecho mal. Fue mezquino para cumplir sus obligaciones del art. 37 y copioso (mediante el uso de facultades ajenas) en la designación. Y de una forma imposible de tolerar, toda vez que ha actuado en contra de la norma, causando perjuicio a quien estaba siendo evaluado y en la otra punta a la autoridad a la que debía reportar, arrogándose facultades que no posee, alzándose ante la autoridad del Consejo Directivo y del Consejo Superior de la Universidad.
La declaración de nulidad implicaría la convocatoria a un nuevo jurado del que deberán quedar exentos, como es lógico, quienes han participado en el acto que se examina y que con su dañoso accionar han gestado los actos cuya nulidad se acusa.

II. IMPUGNACION EN SUBSIDIO:

Para el improbable caso que el Consejo Directivo entendiera que el trámite de designación en curso es factible de ser continuado sin declarar la nulidad que se solicitó en el punto anterior, vengo a plantear la impugnación al orden de mérito conforme el art. 39 del Reglamento en función de los vicios de forma, de procedimiento y arbitrariedades que se han cometido y plasmado parcialmente en el acta final que da cuenta de la actuación del jurado el día veintiocho de agosto del corriente año. Me dispongo a detallar errores de forma y vicios de procedimiento en esa actuación de tal calibre que, entiendo, habilitan mi pedido de impugnación y fundamentan mi reclamo ante la presencia de arbitrariedad maliciosa y parcialidad manifiesta por parte del jurado. Por lo tanto, impugno el orden de mérito suscrito por el jurado en el acta del veintiocho de agosto del corriente.
Errores de forma
La confección de un documento público, o sea el orden de méritos que vengo a impugnar, consta en un documento público que debe adecuar su exposición al uso correcto de la lengua para evitar ambigüedades que puedan provocar una confusión que llegue incluso a invalidar el acto que suscribe. Si eso es una exigencia prioritaria en cualquier documento público, en el caso de referencia, en el que está en juego un cargo de Profesor Titular de la carrera de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, los errores de forma que detallo más abajo tienen una mayor relevancia y pueden ser comprendidos en su cabal dimensión si se los relaciona con los vicios de procedimiento que esas anomalías contribuyen a acentuar.
En el dictamen hay errores ortográficos y de coordinación sintáctica: al referirse a mi entrevista personal, dice el acta: Declara que se haya en prensa la edición... dejando de lado el verbo declarar, de alcance más jurídico que universitario, no el más adecuado para caracterizar los dichos de un entrevistado en un concurso, correspondería decir: “Declara que se halla en prensa…” El deslizamiento del verbo hallar al verbo haber no es trivial, alguna confusión indica respecto de la relación entre habla y escritura.
En la síntesis de mi prueba oral, dice el acta: La cuestión de lo nuevo con lo que se partió […] cuando debería decir: “La cuestión de lo nuevo de la que se partió […]” Otro deslizamiento semántico: de partir, como salir, a partir como parcelar, dividir, romper. En plena Facultad de Filosofía y Letras.
Se hace uso de términos imprecisos: también en relación a mi exposición oral, dice el acta: Parte de una noción de lo “nuevo” que no amplía ni explicita demasiado. ¿Qué es “demasiado”? Para el Diccionario de la Real Academia equivale a “exceso”, “a lo mucho”. ¿Es malo entonces para el jurado que yo no me haya excedido? ¿Quiere entonces decir el jurado que he sido económico y preciso pero intenta decir lo contrario? En todo caso, no queda claro si la evaluación es favorable o negativa.
Del Plan de Labor Docente de la doctora Cella, dice el acta: Propone seminarios para alumnos avanzados y talleres para iniciantes.
En primer lugar, el enunciado presenta la dificultad de establecer cuándo se considera que un alumno es avanzado, ya que no se explicita, por ejemplo, si es por la cantidad de materias aprobadas o por el promedio de sus calificaciones; luego, resulta imprecisa la diferencia con “iniciantes”. Además, si se entiende la expresión “iniciante” como el participio activo del verbo iniciar, su significado sería capacidad de realizar esa acción, y, por lo tanto, los iniciantes serían quienes están en condiciones de iniciar a otros, tal vez otros alumnos de nivel superior u otros que no fueran alumnos de la Facultad o, sobre todo, los maestros, cuya función es, precisamente, iniciar. De todos modos, esta imprecisión es también indicativa, al menos en el uso de la lengua.
Dice el acta, en relación con el Plan de Labor Docente presentado por la doctora Cella que […] propone un enfoque comparatista pensado dentro de esta literatura, de relaciones entre lenguas y las relaciones interamericanas. Si la primera parte del enunciado, más allá de que la expresión “dentro de esta literatura” aparece cuando menos objetable en su formulación, el sintagma con el que finaliza: “relaciones interamericanas” no queda claro, ya pueden ser relaciones entre las diversas regiones del continente americano: norte, centro y sur, además esas relaciones a su vez pueden ser literarias, culturales, diplomáticas, políticas, históricas, antropológicas o de cualquier orden.
Dice el acta en el apartado correspondiente a la entrevista personal de la doctora Cella: En la instancia de investigación alude a su propio trabajo, a la tarea de recortar un hábeas y de interrumpir una continuidad. El concepto de “hábeas” aparece usualmente ya sea en la expresión “hábeas corpus” o “hábeas data”; ambas son propias del discurso jurídico. No hay antecedentes, a mi entender, del uso del término “hábeas” entre los conceptos habituales de la crítica y la teoría literaria; este párrafo no sólo es oscuro, es francamente ininteligible. Y en cuanto a la “interrupción de una continuidad” cualquier lector del dictamen se detendría, a su turno, lleno de perplejidad: ¿a qué se refiere?
Hay errores en la caracterización del objeto del concurso: el acta se abre, sorprendentemente, aludiendo a LITERATURA LATINOAMERICANA, materia que no existe en esta Facultad. El concurso es para llenar un cargo de Literatura Latinoamericana II, explícita y claramente especificado.
También hay errores en la identificación de los postulantes: en el comienzo del acta se dice que los aspirantes son Roberto Augusto Ferro y Susana Beatriz Cella, y en el orden de méritos, en cambio, se los llama Susana Cella y Roberto Ferro; ¿serán las mismas personas?
Asimismo se registran errores en la atribución de funciones, en relación con Roberto Augusto Ferro se dice que […] es adjunto interino […] cuando de acuerdo a los antecedentes presentados debe decir: Adjunto interino para el dictado de Seminarios de grado y posgrado, que, como se desprende de los títulos de los mismos, pertenecen al área de estudios de literatura latinoamericana. Se me atribuye el haber sido profesor asociado y titular del Seminario “Análisis y crítica” de la Facultad de Humanidades de la UNR, cuando según consta en los antecedentes sólo he sido profesor titular.
De la doctora Susana Beatriz Cella se dice en el acta que es Adjunta interina de literaturas eslavas y luego en la entrevista que es profesora asociada interina en Literaturas eslavas. Como se puede advertir, el adjetivo “eslavas” remite a otra zona disciplinaria, algo alejada de la latinoamericana.
Vicios de procedimiento
El jurado ha volcado en el acta del concurso una síntesis de mis antecedentes, de la entrevista y de la prueba oral en la que las graves omisiones y tergiversaciones han dado como resultado el orden de mérito que vengo a impugnar por la presente.
Sin perjuicio de las omisiones respecto a los antecedentes, títulos, publicaciones y trabajos que enumeré en el punto donde se solicitaba la nulidad y que doy por reproducidos aquí en honor a la brevedad, he de destacar también aquellos referidos a:

LA ENTREVISTA PERSONAL

El Reglamento para la Provisión de Cargos de Profesores Titulares, Asociados y Adjuntos (Res. C.S. N° 1922/03) establece que las entrevistas personales y las pruebas orales de los postulantes son públicas. Dada esa circunstancia, y teniendo en cuenta omisiones y tergiversaciones maliciosas con las que el jurado ha expuesto mis antecedentes y mi actuación, dejo constancia que hago reserva del derecho de convocar para que den testimonio de mis aseveraciones a los siguientes asistentes a las actuaciones del concurso, en las instancias administrativas o judiciales en las que se dirima mi impugnación: doctor Noé Jitrik, director del Instituto de Literatura Hispanoamericana, doctora Celina Manzoni profesora titular de la cátedra de Literatura Latinoamericana II, profesores Elsa Noya, María Martha Gigena, Andrea Ostrov, Ezequiel De Rosso, Elena Pérez de Medina y Gillermo Blanck, todos miembros de la cátedra de Literatura Latinoamericana II, profesora Vanesa Pafundo, Silvana Regina López, que actualmente cursa la carrera de Letras, y doctor Roberto Gárriz abogado y jurisconsulto. Así como también requiero que se cotejen mis aseveraciones con las que expone Hernán Andrés Biscayart, veedor del concurso por el claustro de Graduados, en su informe de las actuaciones del jurado.
Dice el acta: En la entrevista el postulante hace entrega de actualización de antecedentes los cuales se refieren a la dirección del volumen Macedonio de la Historia Crítica de la literatura Argentina. La actualización que presenté y que debería constar en el expediente del concurso, consta de 16 apartados y 50 entradas que reflejan mi actividad desde la fecha del llamado hasta la fecha de sustanciación. Este también es un dato objetivo que pone de manifiesto la arbitrariedad con la que se condujo el jurado al confeccionar el dictamen.
El acta dice: En la entrevista el postulante leyó una síntesis de su currículo, del plan presentado y de su historia académica en la cátedra. Señaló la continuidad de un proyecto del cual forma parte, sin proponer ningún cambio sustancial Ante todo, no leí, sino que al principio de mi exposición hice mención a una libreta con apuntes, que iba a consultar de tanto en tanto para no perder la ilación de mis planteos. Lo que sí hice fue poner énfasis en que consideraba importante para mis antecedentes integrar un equipo de investigadores y docentes que desde 1987 había contribuido a la formación de los alumnos de esta Facultad en una de las cátedras con mayor consenso entre los estudiantes y que había contribuido con notables aportes a los estudios de literatura latinoamericana.
La segunda parte de la cita pone de manifiesto un prejuicio aberrante por parte del jurado: ¿Qué cambios están en la mente de los jurados? ¿Cómo se puede hablar de cambios sin decir cuáles deberían ser cuando la responsabilidad del jurado es examinar antecedentes y propuestas concretas? Y, en consecuencia, ¿ a partir de qué criterios pretende imponer la exigencia de promover cambios a un postulante que está afirmando la importancia de un trabajo en equipo que ha alcanzado logros sustanciales en la docencia y en la investigación? Al asentarlo en el acta como lo hace, aparece como una nota negativa de mi exposición, cuando es uno de los elementos más notables que pueden exhibir mis antecedentes: la capacidad de integrar equipos que se han ido perfeccionando a lo largo de los años.
Dice el acta: Destacó la unidad y diversidad de la Literatura Latinoamericana, la coexistencia de tres sistemas (culto, popular e indigenista). De acuerdo con la cita, al parecer, lo que hice fue sólo exponer consignas. Cada una de los dos aspectos, que en el dictamen se exponen en una síntesis tan maliciosa, que los hace casi incomprensibles, fue motivo no sólo de enunciación lisa y llana sino de fundamentación. El problema de la unidad y la diversidad en la literatura latinoamericana debo decir que fue objeto de investigación de tres proyectos UBACYT: "El proceso literario en la perspectiva de la integración cultural latinoamericana". (Subsidio FI 038), "Unidad y diversidad de la literatura latinoamericana". (FI 071),"El proceso de autonomización de la literatura hispanoamericana". (TF73) en los que participé junto con los integrantes de la cátedra y que fueron dirigidos por el doctor Noé Jitrik y la doctora Celina Manzoni, desde 1991 hasta el año 2000. Por lo tanto, esa aproximación a la literatura latinoamericana, asumida por la doctora Cella, bajo ningún aspecto puede aparecer como una propuesta original, ya que es un campo que ha sido estudiado por numerosas líneas críticas dedicadas a los estudios literarios latinoamericanos; lo que sí se puede, como yo lo hice en la entrevista, es afirmar que en ese campo yo acredito experiencia y publicaciones; lo que avala el lugar en el que me sitúo para cumplir con la tarea de Profesor Titular.
Señalé, asimismo, que el diseño de un estado de la cuestión de los estudios literarios latinoamericanos permite especificar que aquello que reconocemos como el objeto de estudio de la materia constituye un conjunto formado por tres sistemas literarios diferentes. Se trata de una configuración plural por cuanto la componen en un mismo período ritmos temporales distintos, diferentes modos de registro y diversidad de áreas regionales. Me refiero a un sistema culto, en español, portugués u otra lengua metropolitana, en todos los casos con los rasgos propios de la expresión americana; un sistema popular marcado por el uso coloquial de la lengua y la circulación distintiva de la producción y, finalmente, de un sistema literario en lengua nativa según la región. En los proyectos UBACYT, en mis publicaciones, en mis participaciones en congresos he acreditado amplia experiencia en trabajos sobre escritores, géneros y discursos que participan de los tres sistemas. Eso dije en respuesta a una pregunta del jurado.
Dice el acta: Se refirió a los intereses de los integrantes del equipo así como de los alumnos. Mi exposición, tal como lo señalé explícitamente en mi entrevista, iba a abordar tres aspectos: el objeto de la materia, los docentes y los alumnos. Mi exposición duró alrededor de 25 minutos y las preguntas del jurado un tiempo similar. Si bien el dictamen no debe necesariamente ser una versión detallada de los tópicos tratados, las operaciones de síntesis del jurado, tal como aparecen en el acta, son aberrantes, reducen las dos terceras partes de mi planteo a un solo enunciado que no da ni remotamente cuenta de mi intervención.
En cuanto a mi exposición acerca de la relación con los docentes de la cátedra afirmé conocer íntimamente los intereses de cada uno de mis colegas de cátedra dentro del campo específico de la materia, lo que es un dato fundamental en la instancia de coordinar tareas, puesto que no hay especialistas que manejen el saber sobre nuestro campo en un sentido totalizador, sino, antes, bien se puede tener una postura precisa y detallada de cuales son las cuestiones más relevantes del objeto de estudio, lo cual no supone un conocimiento como el que pueden acreditar especialistas de cada área. Considero esa precisión no sólo sujeta a realidad sino también fundamental para llevar a cabo una tarea positiva como Profesor Titular de la materia.
En relación con los alumnos dije que mi experiencia de 21 años dictando tanto la materia como seminarios me permitía un conocimiento acabado de la variedad de opciones que platean para diseñar sus carreras, sus demandas, las formas habituales en que formulan sus pedidos, todo ello me permite tener una competencia para proyectar los objetivos y tareas más adecuadas para su formación. También señalé que mis prácticos y seminarios estaban entre los más solicitados por los alumnos y como dato mencioné que el seminario de grado que estoy dictando en este segundo cuatrimestre, los lunes de 9 a 13, tiene 170 inscriptos, y dejé constancia del modo en que los estudiantes valoran mi propuesta.
Dice el acta: A las preguntas realizadas en relación con la formulación de un programa para el dictado de la materia respondió que se elaborará en torno a problemas sin llegar a concretar una propuesta explícita y tampoco una posición nítida acerca de las literaturas nacionales. En relación con la primera parte de la cita señalo que ante la pregunta sobre el programa respondí que iba a seguir el lineamiento actual de la cátedra centrado en problemas; asimismo, señale las características de los mismos y di ejemplos; fundamenté, igualmente, la viabilidad de este criterio que se apoya en experiencias y metodologías largamente probadas, toda vez que el viejo enciclopedismo didáctico ha mostrado sus deficiencias y aún sus imposibilidades. En cuanto a la segunda parte del enunciado la mención a literaturas nacionales remite a antiguas maneras de encarar la siempre irresuelta cuestión de la unidad cultural latinoamericana. Precisamente, la idea de “problemas” asume y enhebra las literaturas nacionales, permite vincular textos y experiencias y reconocer travesías. Que este jurado no lo advierta no me descalifica: tengo la certeza de que la mía es una propuesta que supera el limitado alcance del juicio que estoy comentando.

PLAN DE LABOR DOCENTE

Dice el acta: Lo presentado como Plan de Labor docente no cumple con los requisitos mínimos: no formula objetivos, contenidos, evaluación ni bibliografía. Sólo se limita a consideraciones teóricas que fundamentarían su labor docente. El artículo 34 del Reglamento para la Provisión de Cargos de Profesores Titulares, Asociados y Adjuntos señala que en la entrevista personal con cada aspirante los miembros del jurado deberán tener en cuenta, entre otros puntos, “la manera en que se ha desarrollado, desarrolla y eventualmente desarrollará la enseñanza”. Entre los requerimientos no se advierte la obligación de los postulantes de presentar un programa de dictado de la materia; por lo tanto, este es otro vicio de procedimiento que vuelca en el acta como negativo el no cumplimiento de algo que el reglamento que rige el concurso no exige. Por otra parte, debo comentar que el Plan de Labor Docente que consta entre mis antecedentes en la presentación al concurso tiene cinco páginas a espacio simple y consta de 2775 palabras, abarcando un conjunto de tópicos y cuestiones que no se compadecen con el juicio desvalorizante del jurado.

LA PRUEBA ORAL

Dice el acta: Parte de una noción de lo nuevo que no amplía ni explicita demasiado.
Al planificar el tema que elegí para responder a la exigencia del concurso me propuse que la exposición debía tanto responder a los términos de su enunciado como funcionar a la manera de un desencadenante para una reflexión de otro orden, promoviendo el conocimiento adecuado de acuerdo con el nivel y las expectativas de los alumnos de la carrera de Letras.
Desde el inicio de mi clase hice frecuentes consideraciones sobre lo nuevo; así, señalé que el concepto de entropía tanto en el sentido de la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema como en el de la medida del desorden de un sistema, permitía aludir a lo nuevo en Quiroga como un resto que continuaba operando y que a partir de ese rasgo se podía caracterizar una especificidad distintiva. Para apoyar esa aseveración hice un recorrido sobre los diversos modos en que lo nuevo en Quiroga volvía a ser valorado en la literatura latinoamericana. Comencé con la mención a tres críticos literarios: Angel Rama, Emir Rodríguez Monegal y Noé Jitrik -figuras destacadas y reconocidas, actores fundamentales del movimiento de profunda renovación de los estudios literarios latinoamericanos durante los años 50 y 60- que en sus trabajos sobre Quiroga valoraban la vigencia de su obra. Luego, aludí al ensayo de Carlos Fuentes La nueva novela hispanoamericana de 1969, a los artículos y declaraciones en entrevistas de Juan Carlos Onetti, Abelardo Castillo, Ricardo Piglia y Augusto Monterroso, todos ellos notables cuentistas, que apreciaban los aportes de Quiroga; concluí ese recorrido citando a la escritora cubano-puertorriqueña Mayra Montero y los vínculos entre su novela Tu, la oscuridad, publicada en 1995, con la escritura de Quiroga. Finalmente, aludí a que el cruce entre modernidad y naturaleza en la obra de Quiroga era un exceso significativo y utilicé la figura de la motocicleta en la selva para ilustrar mi idea. En ese punto expuse que el concepto de “zonas de contacto” de Mary Louise Pratt, y el concepto de hibridación de Néstor García Canclini, que han recibido gran atención en los estudios latinoamericanos actuales, permiten pensar muchos temas y asuntos que plantea la obra de Quiroga.
Con esto quiero refutar la evaluación del jurado, puesto que hice un recorrido en el que fui puntuando una serie de instancias en las que se exhibe cómo la escritura de Quiroga conservaba un resto, una entropía, que ha seguido produciendo sentido y provocando lecturas críticas muy productivas.
Dice el acta: Quiroga, antes que Bioy, para el Dr. Ferro, investiga lo fantástico. Uno de los fundamentos de mi impugnación al dictamen se centra en la relación que hay entre errores de forma y vicios de procedimiento. Esta cita es una exhibición desaforada de la arbitrariedad maliciosa con que se exponen mis afirmaciones. En ese tramo de la clase establecí una relación entre el lenguaje cinematográfico (y no entre “lo cinematográfico” a secas) como manifestación innovadora y el modo en que la escritura de Quiroga trama relaciones con sus procedimientos constructivos. En ese punto aludí a Irène Bessière que en Le récit fantastique plantea de qué manera la transformación diacrónica de lo fantástico está relacionada con la evolución del progreso científico y tecnológico y con la comprobación de que el hombre percibe y refleja el mundo según una conciencia mediatizada por la cultura. Ese punto también me sirvió para exponer otra variante de lo nuevo en la obra de Quiroga.
Dice el acta: Asimismo, planteó la relación entre vida, literatura y experiencia de los límites, y esto se quedó en su mera formulación. Mi clase duró 55 minutos, la cuestión que señala el jurado no es pertinente ya que ese tópico lo traje a colación como complemento a mi exposición: el hecho de haber afirmado que la vida y la obra de Quiroga pueden ser pensadas a partir de la experiencia de los límites, no supone que haya sido una “mera formulación” sino una nota que ampliaba el tema de referencia.
Dice el acta: La cuestión de lo nuevo con lo (sic) que se partió y a la cual se le dio una gran importancia, no se retoma en ningún momento posterior de la clase. Esto no se compadece con mi exposición, es simplemente una afirmación falaz, que tiene como objetivo desvirtuar los méritos de mi prueba oral, puesto que en ningún momento dejé de establecer relaciones ni de evocar este concepto en sus formas posibles.
Dice el acta: Las respuestas a las preguntas formuladas fueron correctas, aunque no respondió a la situación del cuento en la Literatura Latinoamericana del presente. Tampoco terminó de explicitar el concepto de entropía. Más allá de la contradicción entre “respuestas correctas” y “no respondió”, sostengo que “la situación del cuento en la Literatura Latinoamericana” no era el eje de mi tema de exposición, fui yo el que refirió la importancia de Quiroga para el cuento contemporáneo latinoamericano, mencionando a los autores que antes señalé; por otra parte, dar cuenta de esa exigencia del jurado en términos aceptables, la que, además, nunca fue formulada como pregunta, hubiera demandado una exposición que excede los límites de tiempo impuestos para la prueba oral. En relación con la mención que se ha hecho en el acta del concepto de “entropía”, no me queda más que decir que es otro vicio de procedimiento porque falsea maliciosamente el curso de mi clase, cuestión que se agrava por el lugar destacado que se le otorga como cierre de esa parte del dictamen.
En relación con las aseveraciones hacia la doctora Susana Cella el jurado dice que es Profesora y Doctora por la UBA, lo que es parcialmente falso ya que su título de grado fue emitido por la Universidad de Morón.
Tampoco destaca que el cargo de profesora en Literaturas eslavas no otorga mérito en un concurso de Profesor Titular de Literatura Latinoamericana II.
Además el modo en que se exponen mis antecedentes y los de la doctora Cella, la benefician al hacer difusas las diferencias que favorecen mis méritos. En particular, por no hacer la más mínima mención de que mi actividad, a diferencia de la suya, está centrada exclusivamente en el objeto de estudio de la materia que concursamos.
En la valoración que hace el jurado es notorio el empleo de fórmulas retóricas diferenciadas que benefician a la doctora. Cella. En particular por el uso profuso de adverbios y adjetivos que tienden a adelantar la decisión tomada. Por ejemplo dice el acta: […] después del desarrollo muy racional de su clase […] (el subrayado es mío) cita que demuestra que la voluntad de beneficiar a la doctora Cella es a veces tan desembozada que se traduce en frases inconsistentes. Incluso en su esfuerzo por resaltar los méritos de la doctora Cella en la entrevista personal el jurado formula apreciaciones aberrantes: Relaciona el concepto de transculturación con la inmigración y con los momentos de confluencia. Se pone en relación un concepto teórico, por una parte, con uno de los rasgos distintivos de la movilidad de poblaciones (particularmente desde fines del siglo XIX), y por otra, con una afirmación tan vaga que se torna incomprensible. Dice el acta: En la instancia de investigación alude a su propio trabajo, a la tarea de recortar un hábeas y de interrumpir una continuidad. Sea cual fuere el significado del término “hábeas”, la frase resulta incomprensible.
También resulta llamativo que una postulante a un cargo de Profesor Titular de una cátedra a la que ha pertenecido durante 21 años, que ha integrado equipos de investigación con los profesores y los miembros de esa cátedra, participado en seminarios internos, en el dictado de programas y en jornadas de investigación, no haya dicho una sola palabra, al menos eso surge del dictamen, acerca de la transferencia de saberes que pudo haber recibido en esos espacios académicos. Resulta incomprensible que esto no haya sido motivo de alguna reflexión durante la entrevista o la clase. Leyendo el dictamen parece que la doctora Cella se ha formado a sí misma sin tener contacto alguno con los profesores con los que compartió tanto tiempo de trabajo.
Todo lo expuesto demuestra la falta de imparcialidad del jurado que ha incurrido en vicios de forma, de procedimiento y en arbitrariedad manifiesta, causándome un perjuicio evidente y obligándome a impugnar su dictamen conforme lo normado en el artículo 39 del reglamento.
Por otra parte solicito se ordenen los trámites que correspondan a los efectos de disponer el apartamiento de la doctora Ana María Zubieta de todas las acciones administrativas o de cualquier otra índole relacionadas tanto con el planteo de nulidad como con la impugnación, dada la incompatibilidad entre su cargo actual de vice-decana y su condición de jurado del concurso en controversia.
Solicito también, se tenga presente al momento de considerar este planteo el dictamen del veedor por el Claustro de Graduados Hernán Andrés Biscayart, quien asistió a las entrevistas y a las clases abiertas del veintiocho de agosto y detectó graves irregularidades que consignó en su informe, al que remito y doy por reproducido en homenaje a la brevedad.

III COLORARIO

Por todo lo dicho, Sr. Decano, vengo a plantear la nulidad de lo actuado por el jurado el día veintiocho de agosto de 2008 solicitando, una vez declarada, se convoque a un nuevo concurso y que en el jurado se excluya a los intervinientes en aquella fecha.
En forma subsidiaria vengo a impugnar el orden de mérito del concurso de referencia.
Dejo ofrecidos los testigos presenciales de las entrevistas y clases abiertas.
Asimismo me reservo los derechos de apelar a las instancias administrativas y judiciales que correspondan para salvar los agravios y perjuicios proferidos a los que se me somete en el dictamen.
Solicito al momento de considerar y resolver este recurso se aparte a la doctora Ana María Zubieta.
Sin otro particular, lo saludo atentamente.

Dr. Roberto Ferro
Legajo N° 102193
Plaza 2757 (1430) Capital
Email: rferro@filo.uba.ar
Tel.:45440552

Artículos

Heterónimos, por Roberto Ferro, revista Metaliteratura

Seminario 2008, Julio Cortázar