Entre otros muchos interesantes escritores aparecerá en Septiembre una de las actividades más interesantes sobre literatura. La cantidad de escritores invitados es abrumadora.
Roberto Ferro participará de una actividad.
La direccion para consultar: http://www.filba.org.ar/invitados/Ferro-roberto.html
Larga vida a Onetti
Roberto Ferro, Carlos Gamerro y Carlos Liscano
Modera: Martín Kohan
Jueves 2 I 17:30 hs I Eterna Cadencia
Honduras 5582, Palermo.
Roberto Ferro rferro@filo.uba.ar
viernes, 20 de agosto de 2010
domingo, 27 de junio de 2010
sábado, 3 de abril de 2010
LEER A CORTAZAR. AHORA EN EL MALBA
Leer a Cortázar. Ahora en el MALBA
En los últimos años de la primavera alfonsinista dicté cursos y seminarios de literatura latinoamericana en el Centro Cultural San Martín. En ese período aun quedaban destellos de un inquieto entusiasmo por el retorno de la democracia. La inscripción a las actividades programadas era libre y gratuita, lo que generaba un desafío para los expositores por las variaciones de todo tipo que atravesaban a los participantes. Durante dos años, entre abril y diciembre de 1987 y 1988, mi propuesta estuvo centrada en la narrativa de Julio Cortázar, el primero dedicado a sus cuentos, el siguiente a sus novelas.
Si la intervención activa era el rasgo distintivo de los concurrentes, durante los seminarios sobre Cortázar se redobló esa apuesta, lectores de diferentes edades y con muy diversa formación exponían sus lecturas con una pasión que otorgaba a sus interpretaciones una modulación de intensidad inigualable.
Esa fue una experiencia que marcó de manera indeleble mi trabajo como profesor en los años siguientes. Mis clases en universidades argentinas y del extranjero, las actividades en diferentes instituciones culturales, los diálogos tan insistentes como dispersos con lectores en cualquier circunstancia o espacio, fueron formando en mí la convicción de que aquellos que se sentían atraídos por los textos cortazarianos hasta hacerlos sus preferidos diferían de los demás grupos similares.
Una y otra vez, me propuse escribir extensamente sobre la obra de Julio Cortazar. Los libros sobre Onetti , Derrida, Walsh, Macedonio o Tabucchi, que me ocuparon los años siguientes, podrían servir de coartada para explicar la continua postergación que sometía a esa proyecto; a pesar de que hay algo de verdad en eso, creo que los sucesivos diferimientos están íntimamente vinculados con un intento de comprensión, que aun creo insuficiente, en torno de la relación entre la escritura cortazariana y sus lectores apasionados.
Los análisis que algunos críticos han desarrollado sobre ese asunto me resultan decepcionantes; Beatriz Sarlo, por ejemplo, suele atribuir a los lectores de Cortázar un estado de perpetua adolescencia; de todos modos, sus afirmaciones se reducen a dos parámetros, por una parte, sólo se refiere a un fragmento muy reducido de su obra y, por la otra, sus argumentos se acercan más bien a una confesión autobiográfica que, en definitiva, sólo se limita a exponer cambios de gusto personales, antes que una reflexión fundada en alguna investigación consistente. En otros casos, el nombre de Cortázar es lo suficientemente atractivo como para que lectores críticos como Gonzalo Garcés lo usen con afanes autorreferenciales, para estigmatizarlo con afirmaciones tan rimbombantes como vacías de sentido, que por ende, descalifican a los lectores cortazarianos; mientras escribo dudo si la calificación de lector crítico que le atribuyo es un eufemismo o una hipérbole, digo porque acaso el paradigma intelectual de Garcés esté más próximo a Jacobo Winograd que a Roland Barthes o a David Viñas, y tengo dudas acerca de que su área de conocimiento sea el campo literario, pero me voy a permitir ese deslizamiento urgente.
En 2008, enfrentaba una situación extraña, al menos para mí, distintas editoriales me anunciaron casi simultáneamente, que programaban para los próximos meses la publicación de varios de mis libros. Debo confesar, que aún perdura mi extrañeza frente a esa situación; ante la cual, me he refugiado en la idea de estoy frente a uno de los tantos avatares de los vínculos bizarros entre los ensayistas de crítica literaria y los editores, más que a un designio personal. Ya sin excusas, tendría que volver al proyecto de un gran libro sobre Cortázar; con ese propósito programé un seminario de grado para dictar en la carrera de letras bajo el título de “Teoría y crítica del cuento fantástico en la obra de Julio Cortázar”. Hubo record de inscriptos más de 150, de los cuales unos 30 eran alumnos extranjeros que cursaban por programas de intercambio; para ese entusiasmo no había otra razón más que el contenido del seminario, la obra de Cortázar seguía convocando más que cualquier otro de los temas que había dictado en los años anteriores. Entonces, una vez más, mi objeto de deseo quedaba interferido por esa duda metódica acerca de la relación entre los lectores y Cortázar, ahora agravada, esos lectores eran alumnos universitarios, sus intervenciones exhibían un marcado rigor teórico y una notable madurez crítica, pero también en su abrumadora mayoría tenían un lazo afectivo que marcaba a fuego sus lecturas críticas. En Metaliteratura, se han publicado algunas de las monografías del seminario, que testimonian por sí mismas mi afirmación acerca de la entidad de esos trabajos.
Mientras iban apareciendo mis libros, primero Derrida. El largo trazo del último adiós, luego De la literatura y los restos, ambos a finales del 2009, y finalmente, Fusilados al amanecer. Walsh y el crimen de Suarez, a principios de este año, fui diseñando un itinerario posible que me permitiera reflexionar acerca de los modos de lectura de la obra de Cortázar que producen el particular efecto de ser notablemente resistentes y renovados, más allá del paso de los años; muchos de los lectores del seminario de la Facultad no habían nacido en 1984, el año de la muerte del escritor, por lo tanto, estaban alejados de todas las circunstancias que colocaron al escritor en el centro del canon de la literatura latinoamericana a mediados de la década del 60. En qué consiste esa fascinación, ese interés, que hace a los cortazarianos viajar de un texto a otro, que los lleva a conservar las ediciones plagadas de notas, a atesorar primeras ediciones, a insistir en regresar a los mismos cuentos y novelas una y otra vez.
Entonces, justamente entonces, Carla Scarlatti, responsable de la programación de los cursos de literatura en el MALBA, me convoca para participar en la programación de este año. No tuve dudas, le envíe un proyecto: Julio Cortázar. Todos los cuentos el cuento. La inscripción quedó colmada apenas se comenzó hacer la difusión. El curso que está por terminar el próximo viernes 8 de abril, será repetido desde fines de este mes, fueron más los inscriptos que quedaron fuera del cupo, que los que pudieron realizar el curso.
Nuevamente la experiencia de trabajar con los textos de Cortázar me imponía una exigencia de otro tipo. La clase de apertura en el MALBA tuvo ese inestable misterio del primer encuentro: miradas inquietas, gente que llega tarde y se acomoda como puede ante la mirada de reproche de los que ya habían empezado a meterse en el tema; salvo uno que otro, todos eran desconocidos entre sí. La cuestión a resolver para mí radicaba en cómo empezar, cómo convocar la atención de un público tan heterogéneo. Los alumnos universitarios entregan dos seguridades, ante todo cierta coincidencia en el proceso de su formación da uniformidad a su competencia y, por otra, cierta comunidad de objetivos. Como siempre ocurre con este tipo de cursos, el público del MALBA en su diversidad, exige mucho más de quien va a coordinar el trabajo.
Mi idea, apoyada en la experiencia, era presentarme como un lector versado que se sitúa frente a los textos con el objetivo de llevar a cabo una apertura hacia el interior, es decir hacia la comprensión de la construcción textual, de sus sentidos posibles y de sus múltiples apuestas, para lo cual me iba presentar como portador de un saber acreditado que me permitía sintetizar en unas pocas líneas una cartografía adecuada. Para llevar a cabo esa tarea, como un guía iniciado debía conocer acabadamente los terrenos a transitar para prevenir posibles extravíos, insinuar los pasajes más adecuados y, finalmente, advertir sobre los atajos que facilitaran a los inminentes lectores un recorrido apropiado, sin sacrificar, sino antes bien alentar el deseo de goce y de asombro.
En cambio esta vez, asediado tanto por miradas tan cómplices como inquisitivas, preferí dejarme llevar por el movimiento que fueron suscitando en mí las sucesivas lecturas de los cuentos de Cortázar con que se iniciaba el curso. Más que un guía práctico, me situé en el lugar de aquel que elije compartir experiencias y pensamientos, sin imponerlos como sugerencias o instrucciones anticipadas de uso. Ante todo, busqué exponer mi experiencia de lector como aquel que ha sido trasformado por el camino emprendido. Que la lectura hubiera sido para mí una experiencia en el sentido de camino recorrido pretendía exponer nítidamente que privilegiaba ante todo la idea de búsqueda más que cualquier forma de respuesta cerrada. Indagación de la escritura leída, en primer lugar, puesto que esa escritura nunca aparece como un presente por anticipado y sin embargo nos llama desde un más allá de su materialidad significante.
El resultado fue magnífico. Ese grupo, que con cautela no exenta de tensa atención, a medida que trascurría ese primer encuentro fue soltando las amarras y las intervenciones se hicieron más frecuentes, se reveló de modo magnífico a medida que pasaban las clases: en los días siguientes a cada clase mi e mail comenzó a ser visitado cada vez con mayor asiduidad, me llegaba con inquietudes, preguntas, dudas, deseos de continuar, confesiones, textos escritos, señales de ayuda, y básicamente agradecimientos.
Leer Cortázar. Ahora en el MALBA, ha renovado mis preocupaciones acerca de los modos de leer su escritura, el curso que estoy terminando más que despejar dudas me ha impuesto en la exigencia de una búsqueda que supere los condicionamientos de los lugares comunes con que la crítica cree tanto haber canonizado como ajustado cuentas con la obra de Julio Cortázar.
Buenos Aires, Coghlan, 3 de abril de 2010
Roberto Ferro
rferro@filo.uba.ar
En los últimos años de la primavera alfonsinista dicté cursos y seminarios de literatura latinoamericana en el Centro Cultural San Martín. En ese período aun quedaban destellos de un inquieto entusiasmo por el retorno de la democracia. La inscripción a las actividades programadas era libre y gratuita, lo que generaba un desafío para los expositores por las variaciones de todo tipo que atravesaban a los participantes. Durante dos años, entre abril y diciembre de 1987 y 1988, mi propuesta estuvo centrada en la narrativa de Julio Cortázar, el primero dedicado a sus cuentos, el siguiente a sus novelas.
Si la intervención activa era el rasgo distintivo de los concurrentes, durante los seminarios sobre Cortázar se redobló esa apuesta, lectores de diferentes edades y con muy diversa formación exponían sus lecturas con una pasión que otorgaba a sus interpretaciones una modulación de intensidad inigualable.
Esa fue una experiencia que marcó de manera indeleble mi trabajo como profesor en los años siguientes. Mis clases en universidades argentinas y del extranjero, las actividades en diferentes instituciones culturales, los diálogos tan insistentes como dispersos con lectores en cualquier circunstancia o espacio, fueron formando en mí la convicción de que aquellos que se sentían atraídos por los textos cortazarianos hasta hacerlos sus preferidos diferían de los demás grupos similares.
Una y otra vez, me propuse escribir extensamente sobre la obra de Julio Cortazar. Los libros sobre Onetti , Derrida, Walsh, Macedonio o Tabucchi, que me ocuparon los años siguientes, podrían servir de coartada para explicar la continua postergación que sometía a esa proyecto; a pesar de que hay algo de verdad en eso, creo que los sucesivos diferimientos están íntimamente vinculados con un intento de comprensión, que aun creo insuficiente, en torno de la relación entre la escritura cortazariana y sus lectores apasionados.
Los análisis que algunos críticos han desarrollado sobre ese asunto me resultan decepcionantes; Beatriz Sarlo, por ejemplo, suele atribuir a los lectores de Cortázar un estado de perpetua adolescencia; de todos modos, sus afirmaciones se reducen a dos parámetros, por una parte, sólo se refiere a un fragmento muy reducido de su obra y, por la otra, sus argumentos se acercan más bien a una confesión autobiográfica que, en definitiva, sólo se limita a exponer cambios de gusto personales, antes que una reflexión fundada en alguna investigación consistente. En otros casos, el nombre de Cortázar es lo suficientemente atractivo como para que lectores críticos como Gonzalo Garcés lo usen con afanes autorreferenciales, para estigmatizarlo con afirmaciones tan rimbombantes como vacías de sentido, que por ende, descalifican a los lectores cortazarianos; mientras escribo dudo si la calificación de lector crítico que le atribuyo es un eufemismo o una hipérbole, digo porque acaso el paradigma intelectual de Garcés esté más próximo a Jacobo Winograd que a Roland Barthes o a David Viñas, y tengo dudas acerca de que su área de conocimiento sea el campo literario, pero me voy a permitir ese deslizamiento urgente.
En 2008, enfrentaba una situación extraña, al menos para mí, distintas editoriales me anunciaron casi simultáneamente, que programaban para los próximos meses la publicación de varios de mis libros. Debo confesar, que aún perdura mi extrañeza frente a esa situación; ante la cual, me he refugiado en la idea de estoy frente a uno de los tantos avatares de los vínculos bizarros entre los ensayistas de crítica literaria y los editores, más que a un designio personal. Ya sin excusas, tendría que volver al proyecto de un gran libro sobre Cortázar; con ese propósito programé un seminario de grado para dictar en la carrera de letras bajo el título de “Teoría y crítica del cuento fantástico en la obra de Julio Cortázar”. Hubo record de inscriptos más de 150, de los cuales unos 30 eran alumnos extranjeros que cursaban por programas de intercambio; para ese entusiasmo no había otra razón más que el contenido del seminario, la obra de Cortázar seguía convocando más que cualquier otro de los temas que había dictado en los años anteriores. Entonces, una vez más, mi objeto de deseo quedaba interferido por esa duda metódica acerca de la relación entre los lectores y Cortázar, ahora agravada, esos lectores eran alumnos universitarios, sus intervenciones exhibían un marcado rigor teórico y una notable madurez crítica, pero también en su abrumadora mayoría tenían un lazo afectivo que marcaba a fuego sus lecturas críticas. En Metaliteratura, se han publicado algunas de las monografías del seminario, que testimonian por sí mismas mi afirmación acerca de la entidad de esos trabajos.
Mientras iban apareciendo mis libros, primero Derrida. El largo trazo del último adiós, luego De la literatura y los restos, ambos a finales del 2009, y finalmente, Fusilados al amanecer. Walsh y el crimen de Suarez, a principios de este año, fui diseñando un itinerario posible que me permitiera reflexionar acerca de los modos de lectura de la obra de Cortázar que producen el particular efecto de ser notablemente resistentes y renovados, más allá del paso de los años; muchos de los lectores del seminario de la Facultad no habían nacido en 1984, el año de la muerte del escritor, por lo tanto, estaban alejados de todas las circunstancias que colocaron al escritor en el centro del canon de la literatura latinoamericana a mediados de la década del 60. En qué consiste esa fascinación, ese interés, que hace a los cortazarianos viajar de un texto a otro, que los lleva a conservar las ediciones plagadas de notas, a atesorar primeras ediciones, a insistir en regresar a los mismos cuentos y novelas una y otra vez.
Entonces, justamente entonces, Carla Scarlatti, responsable de la programación de los cursos de literatura en el MALBA, me convoca para participar en la programación de este año. No tuve dudas, le envíe un proyecto: Julio Cortázar. Todos los cuentos el cuento. La inscripción quedó colmada apenas se comenzó hacer la difusión. El curso que está por terminar el próximo viernes 8 de abril, será repetido desde fines de este mes, fueron más los inscriptos que quedaron fuera del cupo, que los que pudieron realizar el curso.
Nuevamente la experiencia de trabajar con los textos de Cortázar me imponía una exigencia de otro tipo. La clase de apertura en el MALBA tuvo ese inestable misterio del primer encuentro: miradas inquietas, gente que llega tarde y se acomoda como puede ante la mirada de reproche de los que ya habían empezado a meterse en el tema; salvo uno que otro, todos eran desconocidos entre sí. La cuestión a resolver para mí radicaba en cómo empezar, cómo convocar la atención de un público tan heterogéneo. Los alumnos universitarios entregan dos seguridades, ante todo cierta coincidencia en el proceso de su formación da uniformidad a su competencia y, por otra, cierta comunidad de objetivos. Como siempre ocurre con este tipo de cursos, el público del MALBA en su diversidad, exige mucho más de quien va a coordinar el trabajo.
Mi idea, apoyada en la experiencia, era presentarme como un lector versado que se sitúa frente a los textos con el objetivo de llevar a cabo una apertura hacia el interior, es decir hacia la comprensión de la construcción textual, de sus sentidos posibles y de sus múltiples apuestas, para lo cual me iba presentar como portador de un saber acreditado que me permitía sintetizar en unas pocas líneas una cartografía adecuada. Para llevar a cabo esa tarea, como un guía iniciado debía conocer acabadamente los terrenos a transitar para prevenir posibles extravíos, insinuar los pasajes más adecuados y, finalmente, advertir sobre los atajos que facilitaran a los inminentes lectores un recorrido apropiado, sin sacrificar, sino antes bien alentar el deseo de goce y de asombro.
En cambio esta vez, asediado tanto por miradas tan cómplices como inquisitivas, preferí dejarme llevar por el movimiento que fueron suscitando en mí las sucesivas lecturas de los cuentos de Cortázar con que se iniciaba el curso. Más que un guía práctico, me situé en el lugar de aquel que elije compartir experiencias y pensamientos, sin imponerlos como sugerencias o instrucciones anticipadas de uso. Ante todo, busqué exponer mi experiencia de lector como aquel que ha sido trasformado por el camino emprendido. Que la lectura hubiera sido para mí una experiencia en el sentido de camino recorrido pretendía exponer nítidamente que privilegiaba ante todo la idea de búsqueda más que cualquier forma de respuesta cerrada. Indagación de la escritura leída, en primer lugar, puesto que esa escritura nunca aparece como un presente por anticipado y sin embargo nos llama desde un más allá de su materialidad significante.
El resultado fue magnífico. Ese grupo, que con cautela no exenta de tensa atención, a medida que trascurría ese primer encuentro fue soltando las amarras y las intervenciones se hicieron más frecuentes, se reveló de modo magnífico a medida que pasaban las clases: en los días siguientes a cada clase mi e mail comenzó a ser visitado cada vez con mayor asiduidad, me llegaba con inquietudes, preguntas, dudas, deseos de continuar, confesiones, textos escritos, señales de ayuda, y básicamente agradecimientos.
Leer Cortázar. Ahora en el MALBA, ha renovado mis preocupaciones acerca de los modos de leer su escritura, el curso que estoy terminando más que despejar dudas me ha impuesto en la exigencia de una búsqueda que supere los condicionamientos de los lugares comunes con que la crítica cree tanto haber canonizado como ajustado cuentas con la obra de Julio Cortázar.
Buenos Aires, Coghlan, 3 de abril de 2010
Roberto Ferro
rferro@filo.uba.ar
miércoles, 24 de marzo de 2010
SEGUNDA EDICIÓN. Curso. Julio Cortázar. Todos los cuentos el cuento. Por Roberto Ferro
MALBA FUNDACION COSTANTINI
SEGUNDA EDICIÓN. Curso. Julio Cortázar. Todos los cuentos el cuento. Por Roberto Ferro.
Miércoles 21, 28 de abril y 5 y 12 de mayo de 10:30 a 12:00. Biblioteca. Costo: $180. Jubilados y estudiantes con credencial: 10% de descuento*. Inscripción en recepción de lunes a domingos (exceptos los martes) de 12:00 a 19:30. Foto: Gentileza Archivo Alfaguara.
Los cuentos de Julio Cortázar aparecen a la mirada lectora como un inquietante e inabarcable territorio en el que lo fantástico se entrecruza con la realidad y el absurdo. Este curso propone un recorrido a través de un conjunto de sus relatos. La propuesta supone proyectar una cartografía posible que tome a la figura del pasaje como punto de partida, con el objetivo de abrir la interpretación crítica de su obra a una multiplicidad de líneas abiertas a innumerables puntos de fuga.
“Julio Cortázar. Todos los cuentos el cuento” no está pensado como un repertorio de lecturas cristalizadas ni de reiteraciones celebratorias; antes bien apunta a modos de lectura crítica que transgredan el sistema de periodizaciones y de bloques consolidados que tienden a confinar la obra cortazariana en clasificaciones cerradas. El curso pretende ser una tentativa de búsqueda de otras formas de significación que contribuyan a revisar el lugar de Julio Cortázar en la literatura del siglo XXI.
Clase 1. Límites y rupturas. Las simetrías y los desajustes del espacio y de los dobles. “Casa Tomada” “Lejana” y “Bestiario” de Bestiario. “Continuidad de los parques”, “Axolotl” y “La noche boca arriba” de Final del juego.
Clase 2. Violencia y representación. Pensar y soñar como certezas inexactas. “Cartas de mamá”, “Las babas del diablo” y “Los buenos servicios” de Las armas secretas. “Reunión”, “El otro cielo” y “La isla a mediodía” de Todos los fuegos el fuego.
Clase 3. El horror del lado de acá y el horror del lado de allá. Lo fantástico y lo real atravesados de lado a lado. “Manuscrito hallado en un bolsillo”, “Las fases de Severo” y “Cuello de gatito negro” de Octaedro.
“Apocalipsis de Solentiname”, “Alguien que anda por ahí” y “La noche de Mantequilla” de Alguien que anda por ahí.
Clase 4. Más allá de los géneros. La imposible traducción de la otredad. “Orientación de los gatos”, “Texto en una libreta” y “Anillo de Moebius” de Queremos tanto a Glenda. “Botella al mar”, “La escuela de noche” y “Diario para un cuento” de Deshoras.
Roberto Ferro. Escritor y crítico literario. Es Doctor en Letras por la UBA, profesor e investigador de la Facultad de Filosofía y Letras. Ha dictado cursos de posgrado en Venezuela, México, Francia e Italia. Forma parte del Consejo Editorial de numerosas revistas académicas y literarias. Entre sus libros publicados se encuentran Lectura (h)errada con Jacques Derrida. Escritura y desconstrucción (1995), La ficción. Un caso de sonambulismo teórico (1998), El lector apócrifo (1998), Sostiene Tabucchi (1999), Línea de Flotación (2002), Onetti/La fundación imaginada (2003), Derrida. El largo trazo del último adiós (2009), De la literatura y los restos (2009), Fusilados al amanecer. Walsh y el crimen de Suárez (2010); también ha dirigido el volumen dedicado a Macedonio Fernández en La Historia Crítica de la Literatura Argentina (2007), y la edición crítica de Operación Masacre seguida de La campaña periodística (2009).
*Descuento no combinable con otros descuentos.
Informes
literatura@malba.org.ar
4808 6545/ 6560
Miércoles 21 de abril a las 10:30
Miércoles 28 de abril a las 10:30
Miércoles 5 de mayo a las 10:30
Miércoles 12 de mayo a las 10:30
Roberto Ferro
rferro@filo.uba.ar
SEGUNDA EDICIÓN. Curso. Julio Cortázar. Todos los cuentos el cuento. Por Roberto Ferro.
Miércoles 21, 28 de abril y 5 y 12 de mayo de 10:30 a 12:00. Biblioteca. Costo: $180. Jubilados y estudiantes con credencial: 10% de descuento*. Inscripción en recepción de lunes a domingos (exceptos los martes) de 12:00 a 19:30. Foto: Gentileza Archivo Alfaguara.
Los cuentos de Julio Cortázar aparecen a la mirada lectora como un inquietante e inabarcable territorio en el que lo fantástico se entrecruza con la realidad y el absurdo. Este curso propone un recorrido a través de un conjunto de sus relatos. La propuesta supone proyectar una cartografía posible que tome a la figura del pasaje como punto de partida, con el objetivo de abrir la interpretación crítica de su obra a una multiplicidad de líneas abiertas a innumerables puntos de fuga.
“Julio Cortázar. Todos los cuentos el cuento” no está pensado como un repertorio de lecturas cristalizadas ni de reiteraciones celebratorias; antes bien apunta a modos de lectura crítica que transgredan el sistema de periodizaciones y de bloques consolidados que tienden a confinar la obra cortazariana en clasificaciones cerradas. El curso pretende ser una tentativa de búsqueda de otras formas de significación que contribuyan a revisar el lugar de Julio Cortázar en la literatura del siglo XXI.
Clase 1. Límites y rupturas. Las simetrías y los desajustes del espacio y de los dobles. “Casa Tomada” “Lejana” y “Bestiario” de Bestiario. “Continuidad de los parques”, “Axolotl” y “La noche boca arriba” de Final del juego.
Clase 2. Violencia y representación. Pensar y soñar como certezas inexactas. “Cartas de mamá”, “Las babas del diablo” y “Los buenos servicios” de Las armas secretas. “Reunión”, “El otro cielo” y “La isla a mediodía” de Todos los fuegos el fuego.
Clase 3. El horror del lado de acá y el horror del lado de allá. Lo fantástico y lo real atravesados de lado a lado. “Manuscrito hallado en un bolsillo”, “Las fases de Severo” y “Cuello de gatito negro” de Octaedro.
“Apocalipsis de Solentiname”, “Alguien que anda por ahí” y “La noche de Mantequilla” de Alguien que anda por ahí.
Clase 4. Más allá de los géneros. La imposible traducción de la otredad. “Orientación de los gatos”, “Texto en una libreta” y “Anillo de Moebius” de Queremos tanto a Glenda. “Botella al mar”, “La escuela de noche” y “Diario para un cuento” de Deshoras.
Roberto Ferro. Escritor y crítico literario. Es Doctor en Letras por la UBA, profesor e investigador de la Facultad de Filosofía y Letras. Ha dictado cursos de posgrado en Venezuela, México, Francia e Italia. Forma parte del Consejo Editorial de numerosas revistas académicas y literarias. Entre sus libros publicados se encuentran Lectura (h)errada con Jacques Derrida. Escritura y desconstrucción (1995), La ficción. Un caso de sonambulismo teórico (1998), El lector apócrifo (1998), Sostiene Tabucchi (1999), Línea de Flotación (2002), Onetti/La fundación imaginada (2003), Derrida. El largo trazo del último adiós (2009), De la literatura y los restos (2009), Fusilados al amanecer. Walsh y el crimen de Suárez (2010); también ha dirigido el volumen dedicado a Macedonio Fernández en La Historia Crítica de la Literatura Argentina (2007), y la edición crítica de Operación Masacre seguida de La campaña periodística (2009).
*Descuento no combinable con otros descuentos.
Informes
literatura@malba.org.ar
4808 6545/ 6560
Miércoles 21 de abril a las 10:30
Miércoles 28 de abril a las 10:30
Miércoles 5 de mayo a las 10:30
Miércoles 12 de mayo a las 10:30
Roberto Ferro
rferro@filo.uba.ar
sábado, 20 de febrero de 2010
Curso de Cortazar en el Malba
MALBA FUNDACION COSTANTINI
Museo de Arte latinoamericano de Buenos Aires.
Literatura
Programación actual
Curso. Julio Cortázar. Todos los cuentos el cuento. Por Roberto Ferro.
Viernes 12, 19, 26 de marzo y 9 de abril de 18:30 a 20:00. Biblioteca. Costo: $180. Jubilados y estudiantes con credencial: 10% de descuento*. Inscripción en recepción de lunes a domingos (exceptos los martes) de 12:00 a 19:30.
Los cuentos de Julio Cortázar aparecen a la mirada lectora como un inquietante e inabarcable territorio en el que lo fantástico se entrecruza con la realidad y el absurdo. Este curso propone un recorrido a través de un conjunto de sus relatos. La propuesta supone proyectar una cartografía posible que tome a la figura del pasaje como punto de partida, con el objetivo de abrir la interpretación crítica de su obra a una multiplicidad de líneas abiertas a innumerables puntos de fuga.
“Julio Cortázar. Todos los cuentos el cuento” no está pensado como un repertorio de lecturas cristalizadas ni de reiteraciones celebratorias; antes bien apunta a modos de lectura crítica que transgredan el sistema de periodizaciones y de bloques consolidados que tienden a confinar la obra cortazariana en clasificaciones cerradas. El curso pretende ser una tentativa de búsqueda de otras formas de significación que contribuyan a revisar el lugar de Julio Cortázar en la literatura del siglo XXI.
Clase 1. Límites y rupturas. Las simetrías y los desajustes del espacio y de los dobles. “Casa Tomada” “Lejana” y “Bestiario” de Bestiario. “Continuidad de los parques”, “Axolotl” y “La noche boca arriba” de Final del juego.
Clase 2. Violencia y representación. Pensar y soñar como certezas inexactas. “Cartas de mamá”, “Las babas del diablo” y “Los buenos servicios” de Las armas secretas. “Reunión”, “El otro cielo” y “La isla a mediodía” de Todos los fuegos el fuego.
Clase 3. El horror del lado de acá y el horror del lado de allá. Lo fantástico y lo real atravesados de lado a lado. “Manuscrito hallado en un bolsillo”, “Las fases de Severo” y “Cuello de gatito negro” de Octaedro.
“Apocalipsis de Solentiname”, “Alguien que anda por ahí” y “La noche de Mantequilla” de Alguien que anda por ahí.
Clase 4. Más allá de los géneros. La imposible traducción de la otredad. “Orientación de los gatos”, “Texto en una libreta” y “Anillo de Moebius” de Queremos tanto a Glenda. “Botella al mar”, “La escuela de noche” y “Diario para un cuento” de Deshoras.
Roberto Ferro. Escritor y crítico literario. Es Doctor en Letras por la UBA, profesor e investigador de la Facultad de Filosofía y Letras. Ha dictado cursos de posgrado en Venezuela, México, Francia e Italia. Forma parte del Consejo Editorial de numerosas revistas académicas y literarias. Entre sus libros publicados se encuentran Lectura (h)errada con Jacques Derrida. Escritura y desconstrucción (1995), La ficción. Un caso de sonambulismo teórico (1998), El lector apócrifo (1998), Sostiene Tabucchi (1999), Línea de Flotación (2002), Onetti/La fundación imaginada (2003), Derrida. El largo trazo del último adiós (2009), De la literatura y los restos (2009), Fusilados al amanecer. Walsh y el crimen de Suárez (2010); también ha dirigido el volumen dedicado a Macedonio Fernández en La Historia Crítica de la Literatura Argentina (2007), y la edición crítica de Operación Masacre seguida de La campaña periodística (2009).
*Descuento no combinable con otros descuentos.
Informes
literatura@malba.org.ar
4808 6545/ 6560
Viernes 12 de marzo a las 18:30
Viernes 19 de marzo a las 18:30
Viernes 26 de marzo a las 18:30
Viernes 9 de abril a las 18:30
Roberto Ferro
lunes, 15 de febrero de 2010
Literatura latinoamericana | Roberto Ferro | Crítica de literatura latinoamericana
Literatura latinoamericana Roberto Ferro Crítica de literatura latinoamericana
Sitio oficial del escritor Roberto Ferro, biografía, publicaciones, artículos, apuntes, artículos.
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miércoles, 23 de diciembre de 2009
Derrida

¿Qué es lo que está “dentro” y qué es lo que está “fuera” de un texto, de ese texto, y dentro y fuera de esos libros de los que no se sabe si están abiertos o cerrados?
No selles, es decir no cierres; pero también no firmes.
Jacques Derrida
Debo comenzar con una precaución. Intentar "un acercamiento" al pensamiento de Jacques Derrida mediante esquemas y categorías deudores de lo que él mismo cuestiona se complica si la pretensión asume la retórica de una "introducción", es decir, la presentación didáctica y resumida de la problemática del autor en los términos de un resumen sistemático. Menciono al comienzo esa posibilidad como modo explícito de conjurarla.
Una introducción que siguiera esos lineamientos supondría desconocer o tergiversar un principio activo en torno del cual se ha ido desplegando el trabajo intelectual de Derrida: deliberar y confrontar críticamente con una constelación de ideas, conceptos y discursos, establecidos por una larga tradición a partir de una rejilla especulativa en la que emerge, una y otra vez, la figura clásica de la oposición antagónica, presupuesto insoslayable para la instauración de una jerarquía violenta que subsume, diluye y funcionaliza la oposición. En torno de ese diseño de contradicciones dicotómicas, la historia del pensamiento ha ido sedimentando, con innumerables variantes y modulaciones, debates funcionales y consecuentes con ese aliniamiento subyacente; por lo tanto, una aproximación al pensamiento de Jacques Derrida para ser solidaria con su gesto desconstructivo debe disponerse a promover una inquisición que se instale más acá y más allá de las generalidades y que apunte a dar cuenta de la diversidad de la problemática planteada tanto en los sentidos como en las operaciones discursivas y retóricas puestas en juego en sus textos.
La obra derridiana expone y tematiza que la configuración de los conceptos no puede ser escindida del tratamiento textual; es por esa razón que los conceptos no aparecen libres ante la mirada crítica que los asedia de las entonaciones propias de la retórica discursiva; es decir, no poseen unidad cerrada ni claridad específica y mucho menos una idealidad distintiva.
Un Derrida legible y compactado en un resumen didáctico, supone no sólo desistir de un desafío, sino, sobre todo, convalidar una asimilación sedante.
Una argumentación lineal que haga homogéneo su discurso, que alise los injertos y cubra las grietas, que explique al Derrida segundo, más literario y político, por el Derrida primero, más filosófico, sólo es posible en una lectura represiva.
Con el objeto de sortear los riesgos de una normalización consoladora y reduccionista, mi exposición se despliega en un doble eje asimétrico, muchas veces en pugna: una cierta fidelidad cronológica, exigida por las redes de solidaridad, genealogía y debate, y una cierta fidelidad temática, exigida por el diseño expositivo de mi escritura.
Estas palabras de aproximación aluden a la rugosidad de esta anunciación, para exhibirse desaforadamente como una imposición interpretativa que no reniega ni finge las dificultades del proyecto: hay un encuadre, pero el marco no existe; el objetivo es asumir la condición de prótesis, tratando de establecer deslizamientos de encuentro entre mi lectura y los textos de Derrida.
Roberto Ferro
rferro@filo.uba.ar
De la literatura y los restos

Noé Jitrik
“Nada literario me (le) es ajeno”, podría decir (y decirse) acerca de un libro como el que viene a continuación. Declaración audaz, pero verdadera: desfilan en esas desbordantes páginas textos, referencias, sobreentendidos, alusiones, reflexiones, el universo de la literatura en fin, una constelación de palabras, que son también conceptos, mediante los cuales Roberto Ferro trama una relación pasional (e intelectual) con la literatura de su tiempo y en la que resuenan ecos de la gran literatura de todos los tiempos.
Se diría (yo diría) que internarse en ese libro es tan apasionante y tan peligroso como internarse en un océano refugiado tímidamente en un indeciso barquichuelo, o sea, metáfora mediante, en nuestra prudencia lectora, recaudo indispensable para salir con bien de una tormentosa travesía. Y lo es, o sea peligroso, porque tras la aparente certeza de lo que se llama “crítica literaria”, o sea determinado desmonte de un texto por unas manos competentes y presuntamente autorizadas, está la turbulencia de un pensamiento insatisfecho, que vuelve sobre sí en un movimiento espiralado, tan incesante como lo exige la imagen rectora de todas sus aproximaciones.
Lo que Ferro intenta capturar, entrando de frente y de costado, de arriba y de abajo, es precisamente la incesancia de los textos que lo motivan y que, como textos, intentan escapar en, precisamente, lo inacabado de lo que son. Y, en la medida en que se trata de textos –novelas en particular, predominantemente, de diferente origen, Conti, Roa Bastos, Tabucchi, Mallea, Somoza, Baccino, Vila-Matas, y otras especies, Cortázar, Walsh, Lemebel, Jitrik, Borges, Dorra, Zambrano Colmenares-, o, mejor dicho, en que se “ocupa” de textos con el inocultable propósito de entrar en ellos y sacarlos de su reposo –siendo que esos textos son todos intranquilos-, se podría reconocer el resultado de su ocupación, como quien ganó una batalla y un territorio, y compartirlo, o sea comprenderlo en lo que ilumina y nos ilumina.
Se podría, antes lo señalé, llamar “crítica” a ese gesto pero (diría), como crítica, no se parece a lo que suele presentarse con ese ropaje. Más bien parece una extroversión, un deseo de comunicar mediante la verbalización de una lectura, actividad que, como se sabe, se ejecuta en la sombra, en la intimidad, lugar en el que opera como un turbulento laboratorio, confluencia de saberes e intuiciones, memoria e ideología y, si no media una voluntad, lo que un texto le pide a una mirada queda ahí, en su hervor o en sus cenizas.
Pero puede la lectura salir de ese encierro y convertirse en discurso, como es el caso de este libro. Y ese discurso, en este libro, se rehúsa a las convenciones y a los reglamentos y aun a los objetivos y, en cambio, asume el aspecto de una continuada conversación. La puedo calificar: es fluida y su acercamiento a los textos es tembloroso, es como si la mano que dirige la escritura se fusionara con la lectura y quisiera no perder nada de lo que aconteció en ese laboratorio; la mano vacila ante lo que los textos tienen de indecible, pero no se arredra ante lo que tienen de ilegible, eso que Ferro mismo llama “el resto”, que sería, en otras palabras, la incandescencia de la escritura.
Y, a la vez, si es lectura deja ver en los resquicios lecturas previas de las que ésta sería la capa superior; lecturas numerosas, una masa que permite que la que apreciamos se establezca. Uno las percibe o adivina su respiración, no es que lea tan sólo un previsible o buscado respaldo a afirmaciones imponentes y que, precisamente, quitan la respiración. Restos, a su turno, de estructuralismo, desconstruccionismo, incluso de encendidas filologías, líneas que se intersectan y se encaminan hacia un destino semiótico, hacia el lugar de la semiosis que confiere identidad a cada texto objeto de la mirada, la lectura y la escritura que le sigue.
Esa conversación renuncia a la argumentación, se recuesta sobre la afectividad y, por consecuencia, no parece querer convencer; más bien parece querer aspirar a un lugar en una conversación probable con un otro que podría compartir la materia en que se basa, esa sutil configuración imaginaria que reproduce, como un símil, la trama de nuestro tiempo.
Por detrás las otras lecturas, un hervor teórico que Ferro asume como haciéndose cargo de una ausencia puesto que, se sabe, la teoría va y viene en estas tierras y en ocasiones su persistencia es sentida como arrogante, como inapropiada para la sencillez que nos sería propia; a veces, por eso, la literatura como práctica la rechaza, otras la cultura la solicita y a veces, en uno u otro caos, una suerte de timidez la recluye y remite sus disposiciones –en el sentido de “lo que se dispone”- a un lugar lejano en el que la teoría no necesita excusarse para ligarse a la literatura y, eventualmente, iluminarla.
Así, en estos cruces, transcurre un libro “que da cuenta”, en otras palabras que muestra aquello que puede hacerse con y en un texto y, al mismo tiempo, la red instrumental que lo permite. Deseable conjunción, no sólo Ferro la propone, en un deber ser intelectual, sino que la ejecuta y produce un libro contundente en el que se adivina igualmente una larga maduración, un tiempo decantado, experiencia y pensamiento juntos, literatura, pues, en el mejor sentido de la palabra.
Índice
Pasajes liminares
De la escritura y los restos
Escritura y vida en los textos de Julio Cortázar. Un modelo para desarmar
De perlas y cicatrices de Pedro Lemebel. Otra crónica de Indias
Fiesta en noviembre de Eduardo Mallea. Una reflexión sobre la identidad americana
Sudeste de Haroldo Conti. La búsqueda de una utopía perdida
Hijo de Hombre de Augusto Roa Bastos. Una reescritura del texto ausente
El legado de Macedonio
De los restos y la lectura
Un chino perdido en la Biblioteca de Babel
La escritura de Noe Jitrik. La incesancia, la fisura y/o el resplandor en la palabra literaria
En torno a ese entonces en La casa y el caracol (Para una semiótica del cuerpo) de Rául Dorra
Aproximaciones a la obra de Antonio Tabucchi
El mal de Montano de Enrique Vila-Matas. ¿Homenaje a Emilio Renzi?
Una maquinita estrafalaria de lectura
De la lectura y los géneros como restos
La narrativa policial latinoamericana. Una encrucijada de senderos que se bifurcan y se intersectan
La literatura infantil como macrogénero
La caverna de las ideas de José Carlos Somoza. Un lugar no tan claro
Notas al margen de la desconstrucción
La palabra arrinconada. A ras de todo de Eduardo Zambrano Colmenares
Maluco. La novela de los descubridores de Napoleón Baccino. Una invención literaria de la historia
Roberto Ferro
rferro@filo.uba.ar
miércoles, 7 de octubre de 2009
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