viernes, 7 de noviembre de 2008

Algunas notas ( a manera de confesión)

Acerca de mi experiencia en el Seminario: Teoría y crítica del cuento fantástico en la obra de Julio Cortázar, dictado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en el segundo cuatrimestre de 2008.
A los alumnos del seminario

I.

Pensé este seminario centrando mi atención en los alumnos, creo conocer íntimamente sus intereses, la variedad de opciones que plantean para armar sus carreras, sus demandas, las formas habituales en las que se formulan de sus proyectos.
Esta problemática siempre la he articulado con mi experiencia en relación con la formación y las exigencias actuales para configurar una carrera académica. Uno de los presupuestos que ha guiado y fundamenta mi tarea de profesor universitario ha sido platearme, insistentemente, qué es una buena enseñanza; creo que, en el sentido epistemológico, una buena enseñanza consiste en preguntarse si lo que uno enseña es racionalmente justificable y, en última instancia, digno de que el estudiante, lo crea, lo entienda, y además, sea productivo para el desarrollo de su formaciónEnseñar literatura implica abrir el objeto de estudio a la pluralidad, la movilidad y la flexibilidad del conocimiento, recurriendo a la transdiciplinariedad como vector experimental y creativo de reconfiguración de nuevos instrumentos teóricos para el análisis crítico de la cultura.
Pensé este seminario desde una concepción acerca de lo deseable y lo posible. Para mí, enseñar literatura es fundamentalmente trasmitir un entusiasmo.
Esto supone descolocar una falsa disyunción que opone placer a conocimiento, lo puntualizo, por que me parece importante y decisivo no menoscabar la emoción para preguntarse, entonces, por lo que actúa en ella para producirla. De allí que la propuesta del seminario debía considerar el placer de internarse en los textos para indagar sus condiciones de funcionamiento. La actitud crítica antianalítica, finalmente, oculta el proceso de producción constructiva de los textos.
Mi propuesta apuntaba a enseñar el asombro, pero correlativamente también a mostrar el objeto que puede provocarlo.Entusiasmo y asombro provocados por la reflexión teórica son los parámetros de un placer difícil: instalando la lectura como centro de atención y de ese modo oponer a la literatura pensada como objeto de consumo, a su integración a la cultura de la mercancía.Considero que en el estudio de la literatura es imposible establecer una distinción quirúrgica entre lectura y escritura; concebir la lectura como un placer difícil exige llevar a pensar a los alumnos en la importancia de la función epistémica de la escritura, es decir una instancia para descubrir lo que es posible decir acerca de los textos y desarrollar su conocimiento.Esto se opone de manera absoluta a la idea de que existe un texto original que no necesita se descubierto o trabajado, sino simplemente comunicado.
Me propuse, entonces, que el seminario era una escena propicia para hacer una enconada defensa de la densidad del texto literario, frente a cualquier intento de disolución de la especificidad estético-literaria en torno del cual se desarrollan los estudios literarios.La enseñanza de la literatura, como yo la concibo, está íntimamente ligada a la lectura como placer difícil y a la escritura como dimensión epistémico insoslayable. Este es un punto clave en la formación de los alumnos de la carrera de letras.Pensar y escribir, hacer que, por medio del pensamiento y la escritura, llegue algo que hasta ahora se ha anunciado quizás, pero aun no se ha mostrado como tal.

II.

Estos presupuestos implicaban que para llevarlos a cabo la elección del objeto de estudio era decisiva. Estaba convencido de que la obra de Julio Cortázar nos iba a permitir un tipo de experiencia diferente; en general, los alumnos tienen un tipo de relación con los textos que van a trabajar en los cursos universitarios en la que prevalece la experiencia de un primer abordaje o un conocimiento previo muy elemental antes que un saber crítico más acabado. La obra de Julio Cortázar me entregaba una posibilidad diferente, estaba convencido que la mayoría de los alumnos inscriptos conocía intensamente una parte sustancial de la misma. Por lo tanto, se abría la posibilidad de otro tipo de reflexión, a lo que se sumaba, que esos lectores tenían un fuerte compromiso con los textos del programa.Mi primera sorpresa fue el número de inscriptos, durante el curso del seminario participaron regularmente un promedio de noventa asistentes, lo que para un seminario de grado es excepcional. Sumado a ello, cursaron el seminario alumnos de universidades de EEUU, Alemania, Brasil, México, Uruguay, Polonia, y Suiza. No tengo dudas que esa convocatoria está íntimamente vinculada con el interés que despierta la obra de Julio Cortázar.En los primeros encuentros se puso de manifiesto, algo así como los usos de Cortázar (menciono aquí los que fueron relevantes en nuestro trabajo), es frecuente que algunos figuras mediáticas que participan asiduamente de las columnas de la prensa cultural como Gonzalo Garcés o Daniel Guebel, manifiesten a menudo un marcado desprecio por la obra de Cortázar, expresiones de ninguneo que, dado el eximio manejo que tienen del efecto escandaloso de sus afirmaciones, parecen tener como objetivo llamar la atención sobre sí mismos, a despecho de que revelen un conocimiento precario y una ignorancia manifiesta de lo que critican con tanto encono. Por otro lado, sigue habiendo un gran producción de ensayos sobre las múltiples cuestiones que plantea la escritura cortazariana , que hace casi imposible estar al día con el universo de publicaciones que siguen apareciendo. También están los lectores que mantienen una relación apasionada con Julio Cortázar, y que se proponen, como es el caso de los participantes del seminario, profundizar sobre esas emociones centrando sus búsquedas en el rastreo de las marcas literarias que en los textos les producen ese exceso significativo que los conmueve.
III

Las primeras clases estuvieron a mi cargo para hacer explícita la propuesta y exponer los lineamientos del trabajo. El proyecto se centraba en la lectura crítica de los cuentos de Cortázar desde la biblioteca que cada uno aportaba al momento de comenzar el seminario.A medida que avanzaron los encuentros se fueron sucediendo las exposiciones de los alumnos.
Desde mi perspectiva, el proyecto fue un acontecimiento excepcional, las intervenciones fueron sorprendentes, variadas, inteligentes, con un nivel de excelencia notable por parte de los expositores y con un grado de atención y participación que no decayó en ningún momento en el conjunto de los asistentes.
Las ideas que expuse más arriba sobre las que se fundé este proyecto de seminario, se fueron enriqueciendo, algunos de los trabajos presentados en el seminario ya están publicados en http://www.metaliteratura.com.ar/ , a los que se irán sumando los que vayan enviando en las próximas semanas. Todo trabajo de investigación que no es publicado es como si no existiera, de ahí que esa difusión tiene por objetivo exhibir el nivel de especulación que tanto nos atrajo durante estos meses.
En el último encuentro del seminario, el lunes 10 de noviembre, estará destinado a una revisión de cuestiones teóricas sobre el género fantástico sobre el conocimiento de un corpus que ha recibido durante los encuentros una profunda inquisición crítica.
Finalmente, y sin retórica, les he escrito estas líneas como una confesión dirigida a los participantes del seminario, a los que quiero agradecerles sinceramente la experiencia intelectual y afectiva que me han hecho compartir.

Dejo abierto este espacio para que sigamos dialogando sobre el seminario.







2 comentarios:

fedejuega dijo...

Hola Roberto: comparto una gran cantidad de conceptos de esta "carta". Creo que la figura de Cortázar fue un "gancho" importante para que el seminario funcione. Creo también que eso estuvo ligado a una diversidad entre los asistentes. Estaban aquellos lectores apasionados de Cortázar, y estaban aquellos como yo, que lo habían leído mucho pero que no habían tenido una experiencia tan intensa con sus textos. El tipo de acercamiento que tuvimos durante la cursada, y el nivel de exposiciones de mis compañeros, fueron incentivos para empezar a interrogar los textos desde otro lado. Eso es lo que yo rescato de positivo, más allá de los gustos personales de cada uno, más allá del tipo de literatura y de los autores que uno prefiera sobre otros. Cortázar no está entre mis preferidos, pero logré captar mejor la comlejidad intelectual de su literatura.
Gracias.
Federico

Emma Funes dijo...

Lamento no haber estado, muchas veces lamento haber terminado a carrera ya que me pierdo estas perlas.Como a la persona que dejó el cometario anterior, Córtazar no forma parte de mi biblioteca íntima. No lo elijo. Con todo y a despecho de mi voluntad, reconozco todos sus méritos. No puedo opinar sobre el seminario (no estuve) pero sí en otros y rescato de su "confesión" este modo sagrado de pensar el aprendizaje. De consagrar a la búsqueda de sentido todas las herrramientas que un docente posee.Rescato también su coherencia ideológica: ningún texto existe encerrado en un ordenador. El texto de crítica, de investigación, de ensayo, reclama a gritos un lector.Y esas palabras que por primera vez llegaron a mí en 1997, se repiten hoy en nuevas generaciones, instándolas a publicar, a mejorar, a producir. ¿Qué otra cosa es la UBA sino la mayor productora de investigación y conocimiento?
A nadie le interesa escuchar lo que 'otro' leyó en un texto. Sujeto de deseo, abismado en él, el lector corre detrás del sentido como los desgraciados del Limbo, con deseo pero sin esperanza y después de todo, sólo estamos vivos cuando existe el deseo.Auqnue sea imposible suturar la herida entre letra y sentido.
Mis respetos querido profesor.

Artículos

Heterónimos, por Roberto Ferro, revista Metaliteratura

Seminario 2008, Julio Cortázar